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ELIGE SUB-SECCIONES en "El aborto y otros males"

Jueves, 29 de Septiembre de 2011 16:43

¿Por qué debe oponerse a la anticoncepción el movimiento provida?

Los anticonceptivos no son el remedio para la plaga del aborto; son parte del problema y no la solución. Los anticonceptivos y el aborto se alimentan el uno al otro. Ningún país utiliza "limpiamente" los anticonceptivos sin recurrir al aborto o sin sufrir los abusos sexuales que les acompañan.

Por el Padre Paul Marx, O.S.B., Ph.D.,
Fundador de Human Life International
(Vida Humana Internacional)

Dificultad para admitirlo

Realmente, resulta una empresa delicada abordar éste tema. Es como enfrentarse con una concepción muy generalizada, la de aquellas usuarias de anticonceptivos, que insisten sinceramente que si quedan embarazadas, jamás recurrirán al aborto. O las de las que dicen conocer personas que usan anticonceptivos y que al mismo tiempo combaten activamente el aborto. Desde luego, para una persona provida que esté usando anticonceptivos le resultará muy difícil admitir cualquier tipo de conexión entre los anticonceptivos y el aborto, y todavía más, para una mujer que ya usa la píldora o el dispositivo intrauterino (DIU o T de cobre), admitir que estos son abortivos.

En todos los sitios donde los anticonceptivos y los métodos abortivos (DIU...) han sido incorporados al estilo de vida, se ha legalizado después el aborto quirúrgico. En todos los países en que está legalizado el aborto, el 75% de estas operaciones se efectúan en mujeres solteras, muchas de las cuales utilizaban anticonceptivos que fallaron, quienes tienen cada vez mayores índices de enfermedades venéreas y embarazos ilegítimos. Estos hechos, que se repiten incesantemente, debían hacer reflexionar a todas aquellas personas provida que usan anticonceptivos.

La anticoncepción desata los instintos sexuales

Los anticonceptivos no son el remedio para la plaga del aborto; son parte del problema y no la solución. Los anticonceptivos y el aborto se alimentan el uno al otro. Ningún país utiliza "limpiamente" los anticonceptivos sin recurrir al aborto o sin sufrir los abusos sexuales que les acompañan. La anticoncepción desata los instintos sexuales, coloca la sexualidad en un plano superficial, rebaja el amor y cede la responsabilidad a los artefactos y a la química, imposibilitando el ejercicio de la voluntad humana, la cual debe poner el instinto sexual al servicio del verdadero amor y de la vida. La persona así está supeditada a la tecnología, tal como ocurre en los servicios sanitarios alemanes, donde máquinas automáticas ofrecen preservativos antibebés.

Antes de continuar, deberíamos precisar la diferencia entre anticoncepción y aborto. La anticoncepción mantiene separado al óvulo del espermatozoide, mientras que el aborto (ya sea mediante fármacos, artefactos o cirugía), mata a una vida humana que se esta desarrollando dentro del útero. Por tanto, cuando hablamos de anticonceptivos nos referimos al preservativo, al diafragma (capuchón cervical con jalea), a la esponja, a las diversas jaleas, espumas y tabletas vaginales, y al método más antiguo, el coito interrumpido (coitus interruptus). Todos los demás métodos de control de la natalidad, exceptuando la abstinencia periódica durante la planificación natural de la familia (PNF) o la abstinencia absoluta del celibato, son esterilizadores o abortivos, por lo menos parte del tiempo. Y ninguno es infalible, excepto el celibato (método que personalmente uso).

Los anticonceptivos muchas veces también son abortivos

Las investigaciones demuestran que la píldora no siempre suprime la ovulación (lo cual es un efecto esterilizador). Y a pesar de seguir produciéndose la ovulación, la mujer no se queda embarazada. Ello se debe a que actúa a otros dos niveles. Se sabe que la píldora hace hostil la membrana uterina a la implantación del embrión humano (efecto abortivo). Y por último, la píldora altera el moco del cuello del útero para que actúe como una especie de diafragma y dificultar así la llegada del espermatozoide a las trompas de Falopio (efecto anticonceptivo).

La píldora "del día siguiente", la Depo-Provera (y otras inyectables) y los DIU que se insertan después del coito, son claramente abortivos, tanto en la acción como en la intención, si la usuaria ha concebido o está por concebir. La "mini-píldora" (que sólo contiene progesterona), es probablemente siempre abortiva. El último descubrimiento francés,"la píldora de cuatro días" que actúa en el útero, claramente induce el aborto. En la actualidad, el DIU se conoce como un abortivo. Por otra parte, la meta de las compañías farmacéuticas que producen los contraceptivos es desarrollar nuevos abortivos.

Durante más de veinte años he combatido el aborto. Esta lucha me ha llevado a cincuenta países del mundo donde he conocido a muchísimos líderes provida. He hablado con más personas provida que nadie y la gran mayoría --definitivamente más del 90%-- comparten mi convicción de que la amplia distribución de anticonceptivos lleva al aborto a petición. Estos males son el producto evidente de la misma mentalidad antivida (o antiamor).

Los anticonceptivos tienen una tasa de error alta, incluso con la píldora y el DIU, su tasa de fallo es más alta de lo que se suponía. De aquí que el ex-presidente de Paternidad Planificada (organización promotora del aborto), el Doctor Alan Guttmacher, motivara la "necesidad" del aborto "como una segunda línea de defensa contra los nacimientos no deseados".

Proceden de la misma mentalidad

Tanto los anticonceptivos como los abortivos proceden de la misma mentalidad antivida y antifamilia. Debido a esto, los participantes de las reuniones nacionales de la Paternidad Planificada usan el eufemismo de llamar al aborto "planificación familiar post-concepción". Nadie ha colaborado más en esto que el Profesor Irving Cushner de la Universidad de California en Los Angeles:

"La planificación familiar es la prevención de los nacimientos y puesto que el nacimiento es el final de una secuencia que comienza con el deseo sexual, entonces la planificación familiar es la anticoncepción (mediante los contraceptivos), la antianidación (mediante la píldora, el DIU, inyecciones y otros abortivos) y la terminación del conceptus si éste se implantara. Está será la función social del aborto en el futuro". (The Death Peddlers del Padre Paul Marx, página 122.)

De esta forma, las organizaciones provida que se oponen solamente al aborto, únicamente están combatiendo uno de los síntomas del relajamiento de la moral sexual, "un remedio cuando falla el anticonceptivo y la planificación familiar post-concepción."

Muchas personas comprenden que la esterilización sea una consecuencia de la anticoncepción, pero el movimiento antivida no se detiene ahí. En todos los países donde se imparte una educación sexual reducida al plano físico, biológico y simplemente humano, tal como se da en las escuelas públicas, nunca se consiguen las metas prometidas, nunca se promueve la práctica de la castidad y siempre se produce un aumento de las enfermedades venéreas, de los embarazos ilegítimos y del aborto. Además, toda esa educación sexual es realmente un adoctrinamiento anticonceptivo y abortivo, por lo que es natural que estemos tan familiarizados con el aborto en nuestro mundo occidental, tan decadente y subdesarrollado desde el punto de vista moral, un mundo que agoniza por falta de niños.

Las investigaciones históricas demuestran claramente que Margaret Sanger (fundadora de Paternidad Planificada) era partidaria del aborto desde el comienzo de su campaña antivida. Lo mismo podemos decir de cualquier líder del movimiento en favor de la anticoncepción. Como ha explicado el Dr. Bernard Nathanson en su libro Aborting America, los promotores del aborto utilizaron a los obispos de la Iglesia Católica como chivos expiatorios para su campaña, no sólo porque la Iglesia se opone al aborto sino también porque condena la anticoncepción. Estos promotores presumieron correctamente que sería fácil neutralizar la oposición a la legalización del aborto, si lograban convencer a los norteamericanos de que los obispos de la Iglesia Católica Romana estaban empeñados en negarles, tanto la práctica del aborto, como la de los anticonceptivos.

Desde luego, la disidencia de ciertos teólogos católicos contra la Humanae Vitae y el hecho de que no se haya promovido lo suficiente la PNF (cuando hay motivos serios para espaciar los nacimientos), no han ayudado a resolver el problema. Muchos católicos, que carecían de convicciones religiosas sólidas respecto a este asunto, creyeron ingenuamente que se podía practicar la anticoncepción sin que la sociedad cayera en el aborto legalizado y no se dieron cuenta de que además conducía hacia la esterilización, hacia el total descontrol de las enfermedades venéreas y hacia la fornicación desenfrenada y el adulterio. La promoción del egoísmo en la búsqueda exclusiva del placer sexual, tanto dentro como fuera del matrimonio, es parte de la mentalidad anticonceptiva y abortiva.

El ex-director médico de la Federación Internacional de Planificación de la Familia (IPPF), la mayor organización proabortista, manifestó abiertamente que mientras más se distribuyeran los anticonceptivos más necesario sería el aborto. Se pueden seguir citando afirmaciones similares pero ayudarían muy poco para convencer a aquellos que no desean ser convencidos; que practican la anticoncepción, que la justificado teológicamente, y que --lamentablemente-- no entienden casi nada sobre los últimos y más modernos métodos de PNF.

Este es el momento para hacer un llamamiento a las personas provida, para que reflexionen sobre las causas reales del aborto y para que contemplen de cerca el panorama familiar antivida y antiamor. Es muy preocupante que el Comité Nacional para el Derecho a la Vida proclame casi frenéticamente que sólo se preocupa por el problema del aborto y no por el de la anticoncepción. Recordemos que si matamos a alguien en sus primeros diez o quince días de vida con la píldora, el DIU, los artefactos y drogas post-coito, o con la píldora francesa de cuatro días, se trata del mismo asesinato que cuando se realiza un aborto quirúrgico.

En 1982, durante la Convención Nacional sobre el Derecho a la Vida, se concedió a cualquier grupo religioso que se opusiera al aborto un espacio para su exposición, excepto al grupo Católico Romano de California, "Católicos Unidos por la Vida", de cuyo fervor y efectividad en la oposición al aborto no existe la menor duda. Los Católicos Unidos por la Vida fueron excluidos debido a su oposición abierta, no sólo al aborto, sino también a los anticonceptivos, a pesar de que este grupo ejerció presión sobre el Comite Nacional provida para presentar su causa. Este hecho nos hace reflexionar sobre la función de los grupos provida y la necesidad de ampliar su perspectiva en favor de un apostolado realmente consecuente con la vida y la familia.

La guerra internacional contra el niño por nacer es sólo un síntoma del libertinaje sexual, del total fracaso en la enseñanza de la virtud humana y cristiana más importante, la castidad, y del fracaso en la preparación de los jóvenes para el matrimonio. El matrimonio y la paternidad todavía constituyen la única vocación o profesión en que los aficionados se introducen sin el entrenamiento debido, resultando lo que tan dolorosamente conocemos.

Luchar sólo contra el aborto no es efectivo

Del total de todos los abortos quirúrgicos que se practicaron en los EE.UU. en 1982, un 72 % se hicieron en mujeres solteras, adolescentes, adultas, divorciadas o viudas. Si en el futuro nuestra nación --o cualquier otra occidental-- llegase a aprobar leyes contra el aborto, estas leyes, lamentablemente, no se podrían poner en vigor. Debido a que el aborto se ha convertido en un estilo de vida que forma parte ya de nuestra cultura, la eliminación de uno de los métodos que más se usan para "controlar la natalidad" provocaría una enorme desobediencia civil, violencia generalizada y hasta un estado de anarquía. Los ciudadanos de Nueva Zelandia se enfrentaron con esa dura realidad, tras formular una ley estricta sobre el aborto que no pudo ser puesta en vigor, porque la fibra moral de la nación estaba ya muy debilitada. Como dijo Dostoyevski: "Si Dios no existe, nada será moralmente malo".

No estamos diciendo que no se deban promover leyes que respeten la vida del bebé por nacer, al contrario. Pero en realidad, la única manera de que el mundo moderno se libere de la aberración del aborto y de que no se considere como un medio aceptable de control de natalidad, es educar en la castidad. Sólo viviendo la castidad, se está preparado para ser fiel dentro del matrimonio y para poder ejercer una verdadera paternidad responsable, utilizando la PNF cuando hay motivos graves para espaciar los nacimientos. Sólo así se restablecerá un amoroso autorespeto y un respeto a la ley de Dios, y se restaura la vocación cristiana del amor en el matrimonio como un modo de vida práctico y cotidiano.

Los católicos provida que no desean tener "una mente tan cerrada" como para oponerse a la anticoncepción deberían recordar, que hasta 1930, ninguna de las iglesias cristianas había roto con la tradición cristiana que data de siglos en contra de la anticoncepción. En ese año, los líderes de la Iglesia Anglicana en la Conferencia Lambeth, celebrada en Londres, rompieron con esa tradición, permitiendo la anticoncepción dentro del matrimonio en caso de circunstancias difíciles (que tampoco justifican la anticoncepción), preferiblemente por un breve período de tiempo, y a la vez, recomendando la castidad.

La anticoncepción: el peor error cometido

Cuando mencioné este hecho histórico al dirigente provida más famoso de Europa, el médico luterano Siegfried Ernst, me respondió que este acto de permitir el uso de anticonceptivos, aún en los casos difíciles, fue el error más grande que los protestantes hayan cometido jamás. Le pregunté por qué. Respondió que los anticonceptivos desatan el poderoso deseo sexual, destruyen la castidad dentro y fuera del matrimonio, son causa de muchos divorcios, arruinan a los adolescentes y frecuentemente destruyen a la familia misma. El uso indebido de la sexualidad no sólo es destructivo sino infinitamente decepcionante, me dijo, de ahí que la tasa de divorcios vaya en aumento. Los anticonceptivos y los abortivos disminuyen la tasa de nacimientos, favorecen el contagio de enfermedades venéreas y causan infertilidad en la mujer. La disponibilidad de los anticonceptivos crea muchachos cada vez más irresponsables en lugar de hombres fuertes, que posean un control de sí mismos, responsables y capacitados para amar.

Nadie puede negar que la anticoncepción siempre ha sido el preludio para el aborto y la esterilización en todos los países donde se ha promovido. Esta última constituye el método de control de natalidad cada día más utilizado.

Al tratar el problema del aborto con obispos católicos de diferentes partes del mundo, noté que aquellos que consideran la anticoncepción como lo que realmente es, saben cómo combatir con efectividad el aborto. Por ello, desearía que todos los obispos del mundo miraran realmente los temas de la sexualidad, de la castidad, de la PNF (cuando hay motivos graves para espaciar los nacimientos), de la anticoncepción y del aborto, con la misma perspectiva como lo hace nuestro Papa, quien ha llegado a decir en Roma a un grupo de promotores de la PNF que "nadie se debe engañar a sí mismo: la anticoncepción claramente conduce al aborto".

Recuerdo al obispo Thomas Stewart de la Diócesis de Chun Cheon, de Corea del Sur, en la cual el 90% de las parejas que tenían graves motivos para espaciar sus nacimientos usaban la PNF. Este obispo me aseguró que la anticoncepción, la esterilización y el aborto no son problemas en su diócesis. "Ahora estamos enseñando la PNF a los budistas". También él está convencido totalmente de que la anticoncepción conduce al aborto. Según él la Iglesia tiene en verdad un arma poderosa en la PNF, ahora que sabemos que la anticoncepción y la esterilización han fracasado, una vez que el aborto ha desencadenado en el mundo la batalla más grande de todos los tiempos, ahora que ya se practica la eutanasia y el infanticidio. Hoy en día, más de treinta sociedades nacionales en pro de la eutanasia están representadas en reuniones internacionales.

Es consolador ver que los protestantes están redescubriendo la PNF, a veces después de muchos años de practicar la anticoncepción. Ellos están regresando a su antigua tradición. Después de haber vivido la mayor parte de mi vida en Minnesota y haber colaborado en el trabajo ecuménico, con frecuencia mis amigos protestantes me han hablado de lo inhumana y antiestética que es la anticoncepción. Y en este tema, las mujeres son mucho más elocuentes.

Desde luego, la práctica apropiada de la PNF requiere valorar de nuevo y con profundidad la sexualidad humana en su mayor esplendor. Nunca he conocido a una pareja, en treinta años de haber promovido la PNF, que después de haber aprendido y usado este método, haya practicado la anticoncepción, recurrido al aborto o se haya divorciado. Ellos valoran su fecundidad.

El aborto es el abuso más terrible contra el regalo más grande que Dios nos hizo: la sexualidad humana; es el peor golpe a la femineidad y la destrucción del futuro de la nación. Recordemos también, como han afirmado importantes psicólogos, que el abuso de la sexualidad siempre conduce a la violencia, al aumento continuo del abuso infantil, a la homosexualidad y al maltrato del cónyuge.

Necesitamos redescubir el papel de la sexualidad

Toda persona provida debe analizar abiertamente la situación. Sólo así encontrará las razones por las cuales durante veinte siglos el cristianismo ha condenado la anticoncepción, y comprenderá por qué una vez que la anticoncepción se convierte en un estilo de vida, aparecen las consecuencias desastrosas que tanto censuramos.

El aborto es la terminación de una vida humana que no se repetirá, y que fue excluida intencionalmente por la pareja que decidió no concebir. La anticoncepción también es la exclusión intencional de una vida por concebir. Gandhi llegó a decir que la anticoncepción es "una mutua masturbación".

Cualquier persona verdaderamente provida, familiarizada con la psicología humana y marital, con la historia, el cristianismo y la situación social actual, puede predecir correctamente que una vez que se implementa la anticoncepción en una nación como medio corriente, el aborto y la esterilización serán la consecuencia inmediata. Seguirán a éstas el homosexualismo (dada la confusión acerca de la finalidad del sexo) y finalmente la eutanasia y el infanticidio. Del mismo modo, igual que al día le sigue la noche, una vez que la anticoncepción se convierte en patrón de vida, se puede esperar el aumento de la fornicación, del adulterio, del divorcio, de las enfermedades venéreas, de la esterilidad en la mujer, de la horrible experimentación fetal, y desde hace poco, de los bebés de probeta.

¿Por qué deben tomar las personas provida una postura en contra de la anticoncepción? Porque es el inicio de otros muchos males, de los cuales el cristianismo nos resguardó por mucho tiempo en el pasado. Los católicos que discreparon de la Humanae vitae y que ahora ven los resultados del abuso de la sexualidad y de la destrucción de la familia occidental, tendrán que admitir su error. Las personas verdaderamente provida deben enfrentarse a los hechos relacionados con el instinto sexual humano: la anticoncepción desata e inflama un proceso de degeneración moral, que conlleva la lógica aceptación de la esterilización, el aborto y la eutanasia.

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