(Impartida el 2 de abril de 1980)

 

1-2. La referencia de Cristo al “principio” en su discusión con los fariseos sobre el matrimonio es válida también para nuestros tiempos. La gente sigue preguntando acerca del matrimonio y los problemas que han surgido cuando el mundo de hoy ha intentado dar respuestas que se apartan de ese “principio”. Recordemos que el “principio” se refiere a la época de la inocencia original, cuando el hombre y la mujer percibían con toda claridad el plan original y amoroso de Dios para el matrimonio y la procreación. Cristo, a través de Su Iglesia, continúa refiriéndose a ese “principio” como el estándar que debemos seguir.

 

3. El Papa Pablo VI, en su Encíclica Humanae vitae (1968), da respuesta a los problemas que plantea el mundo moderno acerca del matrimonio y la procreación. Pablo VI dijo que no se podía dar una respuesta adecuada si no se tomaba en cuenta la visión integral del ser humano (Humanae vitae, no. 7). No se pueden responder a los problemas planteados con ideas parciales acerca del ser humano. Al decir eso, el Papa estaba siguiendo la doctrina de Cristo, quien remitió a sus oyentes al “principio”, donde se encuentra una visión integral correcta del hombre y la mujer. En los análisis que hemos hecho, y que haremos, estamos intentando reconstruir esa visión original del ser humano. Hemos intentado desarrollar una antropología teológica para poder construir una teología del cuerpo.

 

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Gladys Buitrago de Amaya
Presidenta
Fundación Cultura de la Vida Humana
Filial y Representante de VHI en Colombia

 

¿De dónde somos?

 

El repique de las campanas de la Catedral Primada de Colombia, al medio día del 29 de mayo de 2017, anunció el surgimiento de Vida Por Colombia, que tiene como propósito, promover y defender ante el Congreso de la República y demás autoridades, la vida humana, la niñez, el matrimonio, la familia y la libertad religiosa.

 

Nos encontrábamos reunidos en ese momento en el salón de la Presidencia de la Cámara de Representantes en el Capitolio Nacional, varias de las múltiples vertientes que desde mediados del pasado siglo han confluido en la defensa del país contra el colonialismo demográfico, con el fin de apelar la decisión del Congreso de la República que impedía a todo un pueblo, manifestarse democráticamente sobre la adopción de niños por parejas del mismo sexo. Una batalla más que libramos en favor de la protección de la familia monogámica, vulnerada por una sentencia de la Corte Constitucional, proferida en contra del artículo 42 de la Constitución.

 

Estas vertientes han salvado a Colombia de tres catástrofes en el último año impulsadas mediante estratagemas parlamentarias y siguiendo una agenda oculta pero muy eficaz, que se ha instaurado para desvertebrar las estructuras de la sociedad civil en el campo de la vida, la familia y la libertad religiosa:

 

La primera pretendía imponer a través de la reglamentación del artículo 130 de la Ley 1753 de 2015 (Plan Nacional de Desarrollo), una política pública mediante la cual en Colombia se cambiaría el concepto de varón y mujer por las “opciones” que presenta la Ideología de Género: lesbiana, gay, bisexual, transexual, e intersexual. Este proyecto de decreto pretendía imponer la enseñanza de la ideología de género desde el preescolar, para que cada niño, escogiese su “opción de género”. Cuando se informó, gran parte de la ciudadanía colombiana se manifestó, inundó las calles en el histórico 10 de agosto de 2016, reclamó protección y respeto para sus niños y el derecho de los padres a ser los primeros en decidir la educación de sus hijos.

En la segunda, el proyecto de ley N° 56 de 2016, autorizaba la creación de empresas comerciales que tuvieran por objeto la reproducción humana extracorpórea para lo cual podrían establecer centros de acopio de gametos humanos (espermatozoides y óvulos) adquiridos por compra encubierta denominada de forma engañosa como una “donación”. Estos gametos que se ofrecerían en venta a parejas, uno de cuyos miembros fuera estéril o a mujeres mayores de dieciocho años, cerrando el negocio por un precio convenido. De esta manera se convertiría al ser humano en objeto de comercio, susceptible de ser traficado. La empresa se encargaría de la fertilización in vitro para producir el embrión, gestarlo en vientre alquilado hasta que naciera, y enviarlo al comprador. Por último, el comprador debía registrar al niño, sin informar sobre su origen. Vida por Colombia hizo la denuncia ante la Comisión Primera del Senado, en donde se estaba tramitando este proyecto de ley, manifestando que era una “forma de esclavitud” peor a la que se empleó contra la raza negra. A pesar de que este proyecto inhumano fue aprobado casi por unanimidad en la comisión primera del senado, logramos hundirlo en el pasado 20 de junio de 2017.

 

La tercera catástrofe se evitó al impedir que se aprobara el Proyecto de Ley No 218 de 2016, que establecía el Código de Ética Médica, para reemplazar al vigente. Este

Proyecto legalizaba el aborto, la eutanasia, el “cambio” de sexo y la manipulación genética. Pretendía sustituir el juramento hipocrático, principio universal del ejercicio médico y sometía a los médicos y facultades de medicina a las directrices de la Asociación Médica Mundial, entidad extranjera que se ocupa de tales aspectos de la cultura de la muerte, cuyo origen y composición no es clara.

 

Los acontecimientos mencionados, no son iniciativas aisladas. Corresponden a un proceso impulsado por organizaciones que, aun cuando dicen oponerse a la religión, en realidad constituyen a escala mundial una nueva religión, denominada religión atea. Su dogma de fe está fundado en la eternidad de la materia y en la evolución que la conduce hasta llevar al individuo a considerarse un dios sobre la tierra, definidor de lo que es el bien y el mal, lo que constituye el relativismo ético, que conduce ineluctablemente a la imposición del más fuerte ante la carencia de una verdad objetiva, que hoy en Colombia se ha constituido en la dictadura de las minorías.

 

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Padre Shenan J. Boquet
Presidente de HLI


Me entristece informar que recientemente la Iglesia Católica ha perdido a un valiente defensor de la vida y la familia: el Cardenal Carlo Caffarra.


Su Eminencia fue un exitoso teólogo moral a quien el Papa San Juan Pablo II pidió que fundara lo que llegó a llamarse Instituto Juan Pablo II para Estudios sobre el Matrimonio y la Familia. El Cardenal Caffarra también fue miembro del Pontificio Consejo para la Familia y la Pontificia Academia para la Vida. Todo ello lo convirtió en un connotado defensor de la doctrina de la Iglesia sobre la vida humana y la familia.


Tuve el inmerecido privilegio de trabajar junto a Su Eminencia en varias ocasiones, y compartí con él durante el Foro sobre la Familia y la Marcha por la Vida en Roma en mayo del presente año (2017). El Cardenal apoyó fielmente ambos eventos.


Durante sus últimos meses de vida, el Cardenal Caffarra desempeñó un significativo rol como uno de los cuatro cardenales de las “dubia” (“dudas” en latín). Los cuatro prelados enviaron una carta al Papa Francisco pidiéndole que clarificara varios puntos que ellos creían no estaban claros en la exhortación apostólica Amoris laetitia.


El Cardenal Caffarra estaba muy preocupado por la confusión que él sentía plagaba a la Iglesia en relación con temas morales fundamentales. Sin embargo, nunca vaciló ni por un momento en su lealtad hacia la Iglesia y el Santo Padre. Al contrario, nos dio a todos un gran ejemplo de cómo expresar nuestras preocupaciones con un espíritu de caridad fraterna. También nos dio un gran ejemplo mostrando una gran paz y esperanza hasta el final.


El periodista italiano Antonio Socci relata una anécdota muy emotiva de un sacerdote que visitó a este buen Cardenal durante sus últimos días de vida. El sacerdote le expresó su propia tristeza ante algunos de los males que afectaban a la Iglesia. Según Socci, el Cardenal Caffarra rompió a llorar, pero luego dijo lo siguiente:


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