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MENSAJE PARA EL DÍA DEL NIÑO POR NACER
Mensaje del arzobispo
de La Plata, monseñor Héctor Aguer con motivo de la celebración del
Día del Niño por Nacer
Nuestro calendario ha
multiplicado los aniversarios, las conmemoraciones y los “días”:
oficios, profesiones, situaciones y estados de vida, realidades
espirituales y materiales cuentan con el suyo, con un día destinado
a reconocer y enaltecer su significado y valor. La celebración de
cada uno de ellos queda, por lo general, limitada al gremio, grupo,
sector de la sociedad o ámbito de interés
correspondiente.
El 25 de marzo, Día
del niño por nacer, incumbe con propiedad a toda mujer y a todo
hombre, porque ha sido instituido para recordar y afirmar el derecho
a la vida de aquellos, los más pequeños e indefensos, que van siendo
plasmados en el seno de sus madres. Se los suele llamar, por lo
tanto, “nascituros” (latinismo que significa “los que van a
nacer”).
Resulta asombroso que en
nombre de otros derechos, de presuntos nuevos derechos, se pretenda
desconocer el derecho fundamental a la vida del niño por nacer. Éste
es el primero de los derechos humanos, cuya negación conlleva la
caída de todos los otros.
En la Argentina de hoy se
lo desconoce en nombre de los derechos sexuales y reproductivos de
la mujer, uno de los “nuevos derechos” promovidos por las
organizaciones feministas. Se dice, por ejemplo, que “la mujer tiene
la necesidad y el derecho de decidir sobre su propio cuerpo”,
olvidando que el feto o embrión que lleva en su seno no es una
porción de su organismo, sino un nuevo ser humano, con un patrimonio
genético propio que define su identidad personal. En el caso del
aborto la mujer no dispone de su cuerpo, sino que ejerce un dominio
arbitrario sobre una vida ajena.
También se esgrime un
supuesto “derecho a no nacer” como respuesta ante una eventual
colisión de valores, entre la vida del embrión o del feto y la
libertad y autodeterminación de la madre. ¿Quién sería el titular de
semejante derecho? En una nueva aplicación del principio eugenésico,
se piensa que los padres podrían ejercer ese derecho (¿en nombre de
su hijo?) si, informados por el diagnóstico prenatal, consideran un
daño que el niño nazca en condiciones desfavorables.
El derecho argentino
protege la vida del niño por nacer desde el momento de la
concepción; sin embargo, crecen continuamente las presiones para
obtener un cambio en nuestro ordenamiento jurídico que permita
legitimar el aborto, siquiera en algunas circunstancias. Se afirma,
además, que el programa de “salud reproductiva” que se intenta
aplicar contribuye a la defensa de la vida y es el remedio más
eficaz contra el aborto. Lo contrario es la verdad: existe una
estrecha conexión entre la mentalidad abortista y la práctica de la
anticoncepción, y es sabido que se distribuyen y usan
anticonceptivos que, en realidad, actúan como abortivos en las
primerísimas fases de desarrollo de la vida del nuevo ser humano
(cf. Juan Pablo II, Encíclica Evangelium vitae, número
13).
La Argentina necesita que
nazcan muchos niños, hijos de esta tierra, y que puedan ser criados
y educados dignamente por sus familias. En esto se juega el futuro
de la Nación.
Mons.
Héctor Aguer, arzobispo de La Plata
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