
Boletín No. 74, Noviembre - Diciembre, 1998
Como católico que tiene una orientación homosexual, le estoy profundamente agradecido a la Iglesia Católica por su doctrina acerca de la homosexualidad. La Iglesia Católica es casi la única que rehúsa tener una actitud paternalista, por medio de un "evangelio" acomodado, hacia las personas como yo; y tampoco acepta una actitud brutal, por medio de un mensaje hostil, hacia estas personas. La Iglesia Católica me ama a mí y a todos los demás que como yo experimentan sentimientos homosexuales. La Iglesia nos mira como adultos que somos, y nos dice que nosotros también podemos cooperar con el Espíritu Santo y vivir en castidad, ya que todos estamos llamados a la santidad.
No me fue fácil reconocer el valor de esta doctrina. Desde que tenía 21 años hasta los 28, fui un activista homosexual. Creía que la enseñanza de la Biblia y cualquier otra enseñanza moral que dijera que la actividad homosexual era un pecado grave estaba "fuera de moda" o que probablemente provenía de autores "homofóbicos".
Acumulé con rapidez las cosas que constituyen una vida homosexual exitosa. Adquirí un amante con el propósito de tener una relación duradera, trabajaba mucho y pasaba las vacaciones en lugares turísticos para homosexuales. Mis amigos eran homosexuales, mi lugar de trabajo era favorable a los homosexuales y mi vida parecía estar llena de placer y juventud.
Pero no era feliz. Mi corazón andaba inquieto y sin descanso, como también lo estuvo el de San Agustín antes de convertirse al cristianismo. Cada nuevo placer que buscaba sólo me causaba remordimientos más agudos. Después de poseer todo lo que la vida homosexual tenía que ofrecer, no era suficiente.
Por ello, a principios de la primavera del año en que cumplí los 28 le entregué mi vida a Cristo y comencé una búsqueda que gradualmente me llevó a la fe católica y desde entonces he estado muy agradecido con Dios y con la Iglesia Católica.
La enseñanza de la Iglesia Católica sobre la homosexualidad y la castidad ha sido una gran fuente de liberación espiritual para mí. La Iglesia Católica enseña que las personas con inclinaciones homosexuales no son ni candidatos para ser alabados (en base a ser consideradas personas oprimidas), ni para ser condenados (como si la inclinación homosexual en sí misma fuese un pecado, cuando es la actividad homosexual la que es pecado). Como el resto de la gente, estas personas tienen la capacidad de elegir el bien o el mal. Esta doctrina de la Iglesia está caracterizada por el respeto, ya que nos reconoce como hijos de Dios y no como bestias dominadas por el instinto.
La Iglesia Católica también enseña que las personas con inclinaciones homosexuales están llamadas a ser castas. Esta enseñanza está basada en la gracia de Dios y en el verdadero amor. La cultura contemporánea está llena de falsos sustitutos del amor. Decimos, por ejemplo, que "amamos" a nuestros cónyuges. Pero muchas veces no los amamos por ellos mismos, sino por lo que pueden hacer por nosotros. Es un amor que está condicionado por el interés propio. Ese falso "amor" es lo que experimentaba en mi vida antes de comprometerme con la castidad y con la defensa de la vida. Todos necesitamos ser aceptados profundamente por nosotros mismos y no ser usados por otros. Esa aceptación verdadera no ocurre en el homosexualismo, sino en la vida en castidad.
Doy gracias a Dios que la Iglesia Católica enseña esto y que apoya a una organización como Courage ("Valor"), que existe para ayudar a las personas homosexuales para que vivan esta enseñanza. A través de los años de pertenecer a Courage, he hecho más amistades verdaderas que durante todo el tiempo que viví en el homosexualismo. Estoy convencido de que este tipo de testimonio ayudará a la cultura actual a darse cuenta, no sólo de que la actividad homosexual es grave en sí misma, sino también de cuál es el verdadero amor.
David Morrison pertenece al Population Research Institute (Instituto de Investigación sobre la Población) y escribe para defender la vida y denunciar al movimiento en pro del control demográfico. Population Research Institute, Tel.: (540) 622-5240. Fax: (540) 622-2728. E-mail: popri@ix.netcom.com. Página web: http://www.pop.org.
Se autoriza la reproducción parcial o total de este boletín con fines no comerciales y citando la fuente.
Vida Humana Internacional
45 S.W. 71 Ave,
Miami, Fl, 33l44, U.S.A.
Teléfono: (305) 260-0525 Fax: (305) 260-0595
http://www.vidahumana.org
