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Boletín No. 69, Diciembre 1997

Los bebés nos pueden curar el alma
Por el Padre Matthew Habiger, O.S.B., Ph.D.

Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Isaias 9:5

¿Ha pensado Ud. alguna vez en qué pasa por la mente de un bebé? Hace tiempo los bebés me dejaban confundido. No sabía cómo relacionarme con ellos. Me preguntaba cómo sus mamás sabían lo que necesitaban o cómo se daban cuenta dónde les dolía.

Nunca pensé, cuando fui ordenado sacerdote en 1968, que un día me dedicaría a proteger a los bebés y que llegaría a conocerlos bastante bien. En efecto, he aprendido que los bebés tienen su propia voluntad y su propia personalidad, y que debemos comunicarnos con ellos a través del corazón, más que con la mente o con la boca.

En realidad es fácil agradar a los bebés. Todo lo que se necesita es estar con ellos, amarlos, cuidarlos y apreciarlos por el insustituible regalo que son. Los bebés dan más de sí mismos que lo que reciben de nosotros. Observe cómo captan la atención de la muchedumbre en un congestionado autobús, en una iglesia o en la calle. La ausencia de los bebés crea un sentimiento de vacío y esterilidad.

Permítame compartir con Ud. una anécdota que nos habla de la extraordinaria capacidad que tienen los bebés para transformar y curar. Años atrás, durante la guerra de Vietnam, un cierto número de soldados heridos fueron llevados a un hospital en la ciudad de San Diego, en California. Todos habían perdido sus brazos y sus piernas. Yacían en sus lechos en tan profunda depresión que no podían hablar. La enfermera a cargo de ellos hizo todo lo posible por aliviarles su estado de ánimo, pero no lo logró.

Finalmente, en un acto de frustración, y al mismo tiempo de creatividad, hizo que trajeran a todos los bebés mortalmente enfermos del hospital y pidió que los sostuvieran frente a cada uno de los soldados lesionados. Luego les dijo a los veteranos: "Caballeros, estos bebés se están muriendo, la mayoría de ellos no tienen quien los visite ni quien los ame. Ustedes no tienen nada que hacer. ¡VUESTRA LABOR AHORA ES AMAR A ESTOS BEBES!"

Las enfermeras hicieron esto todos los días. En menos de una semana, los soldados había salido de su depresión y estaban planeando cómo cuidar a los bebés. Al principio, cada militar tenía que luchar para abrir los ojos cada mañana, pero cuando lo hacía, tenía frente a él un par de ojitos que con su mirada penetraban su alma.

Piense en lo trágico que debe ser el rechazo que sienten estos inocentes e indefensos pequeñuelos cuando perciben que no se les quiere y que alguien pretende disponer de ellos.

Si Ud. quiere defender la vida con más efectividad, aprenda entonces de los bebés cómo ser más cariñoso, más abierto al misterio de la vida y más plenamente humano. La bondad natural de los bebés nos ayudará a entender lo malo que son todos los métodos que los hombres han inventado para destruir la fertilidad humana y la vida por nacer.

El Padre Habiger es el Presidente de Human Life International.

Se autoriza la reproducción parcial o total de este boletín con fines no comerciales y citando la fuente.

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