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Boletín No. 72, Mayo - Agosto, 1998

Un mal sobre el cual es difícil hablar
Por Magaly Llaguno

En este artículo trataré un tema que muchas personas prefieren eludir. Se trata de la violencia doméstica, algo que desde hace sólo poco tiempo ha salido a relucir públicamente.

Aunque por muchos años las víctimas han sufrido calladamente y no han recibido la ayuda que necesitaban, actualmente la sociedad reconoce la violencia doméstica como un horrible mal, que es necesario denunciar y combatir. Incluso, aunque las víctimas en su mayoría son mujeres, niños y ancianos, aunque parezca increíble también hay casos de hombres golpeados por sus mujeres.

Pero, ¿qué constituye violencia? ¿Es simplemente darle golpes a una persona? Hasta ahora habíamos creído que esta era la única forma de violencia. Sin embargo, la psicología moderna nos ha dado una nueva visión del ser humano y de sus necesidades psicológicas. Ahora sabemos que hay otro tipo de violencia que también hace daño a las personas: la violencia psicológica o verbal.

El destruir la autoestima de una persona sistemática-mente mediante críticas, desprecios, abandono o insultos; también constituye violencia. No cabe duda de que a veces los golpes al espíritu son mucho más dañinos que los golpes al cuerpo. Las víctimas de este tipo de violencia por lo general continúan sufriendo calladamente y por eso casi nadie se entera.

El motivo por el cual es mucho más difícil identificar la violencia psicológica, es que una persona golpeada en su cuerpo puede mostrar las heridas y recibir ayuda. Sin embargo, la que es golpeada sistemáticamente en su psiquis, en su espíritu, no tiene heridas físicas que mostrar al mundo para poder pedir ayuda. Como este tipo de abuso o violencia doméstica ocurre mayormente en la privacidad del hogar, generalmente pasa desapercibido, a veces por muchos años.

También hay otro tipo de violencia: presionar a la mujer para que utilice dañinos anticonceptivos y abortivos, se haga esterilizar, o aborte a su hijo por nacer. En muchos casos a las mujeres se les obliga, aún en contra de su voluntad, a cometer estos y otros actos immorales en sí mismos.

¿Por qué permanecen muchas mujeres en una relación abusiva? Muchas veces piensan que el maltrato psicológico no es lo suficientemente grave como para tratar de hacer lo que sea necesario para impedirlo. Algunas temen que no les creerán si denuncian al abusador, pues a menudo éste goza de una buena imagen pública. Otras inconscientemente creen que se lo merecen porque se sienten culpables por algo y lo aceptan como un castigo; tienen miedo a las represalias por parte del victimario; o temen enfrentar la vida solas. Todas ellas tienen en común una muy baja autoestima.

La violencia doméstica es contagiosa y puede manifestarse también en los niños de familias disfuncionales. Constituye violencia no sólo el darles fuertes golpes, sino también gritarles, menospreciarlos, castigarlos excesivamente o negarles la atención, la aceptación y el amor que son tan imprescindibles para su desarrollo emocional y social. También es un acto de violencia en el caso de los padres divorciados, el hablar mal del ex-cónyuge delante de los hijos o utilizarlos para hacerle daño al otro.

Lamentablemente, cuando una mujer está siendo víctima de cualquier tipo de violencia doméstica por parte de su esposo o "compañero", está tan enfrascada en defenderse, que a menudo no puede darse cuenta del daño que también están sufriendo sus hijos. A veces permite hasta los maltratos físicos o verbales a éstos por parte del padre o padrastro, porque se siente incapaz de detenerlos ni siquiera en lo que respecta a sí misma.

Lo triste es que tanto las víctimas como su victimario están enfermos y necesitan ayuda. Hasta que no se conozcan los hechos, ninguno de los dos la recibirá. No se les hace ningún favor ayudándoles a mantener este horrible secreto, sino tratando de que lo compartan con personas que verdaderamente les puedan ayudar, tales como un sacerdote y/o un psicólogo.

El continuar permitiendo este tipo de abuso tiene graves consecuencias sobre todo para los niños, muchas de las cuales sólo se manifestarán pasados muchos años. Incluso, puesto que no hay respeto mutuo, el amor llega a morir en la pareja que continúa en esta relación mucho tiempo. Por último, la violencia verbal casi siempre precede a la violencia física.

Quizás entre las personas que conocemos o hasta en nuestra propia familia, existan casos de violencia doméstica y probablemente nosotros no estemos conscientes de ello. Esto es algo que puede sucederle y en verdad a veces le sucede, a cualquier persona por religiosa que sea. Debemos de estar alertas para ayudar a las víctimas a salir de ese círculo vicioso del maltrato físico o psicológico, para que así puedan todas recuperar su autoestima y el sentido de su propia dignidad como hijas e hijos de Dios.

Si desea información adicional sobre este tema, consulte la sección "Vida y familia"del sitio en Internet de Vida Humana Internacional: www.vidahumana.org. O solicite nuestro informe completo ($5 US) sobre la violencia doméstica.

Se autoriza la reproducción parcial o total de este boletín con fines no comerciales y citando la fuente.

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