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Boletín No. 59, Noviembre/Diciembre, 1995

Mensaje de la IV Conferencia de Obispos Latinoamericanos a las Naciones Unidas, defendiendo la vida y denunciando la campaña contra la natalidad

(27 de octubre de 1992)

1. Al finalizar la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano sentimos el deber de enviar este mensaje a la Organización de Naciones Unidas (ONU) y a sus diferentes organismos. Lo hacemos con sentimientos de cordial respeto y esperanza.

2. Es preciso vigorizar la cultura de la vida contra la cultura de la muerte, que cobra tantas víctimas en nuestros pueblos. Jamás habría un progreso real, digno del hombre, por el camino del atropello al ser humano.

3. Es urgente decirle a la humanidad, como un clamor sin equívocos: ¡Respetemos el don sagrado de la vida! Este clamor surge, como nueva fuerza, desde el corazón de nuestros pueblos, que hace 500 años recibieron el Evangelio de Jesucristo.

4. El Santo Padre Pablo VI, en su discurso a la ONU, recordaba que la Iglesia "es experta en humanidad". Sin otro interés que el servicio de nuestros pueblos, en los cuales estamos insertos, queremos reflejar sus sentimientos, sus dolores y angustias, en actitud de diálogo en la verdad, en el reconocimiento de la dignidad del hombre, imagen de Dios. Es este el fundamento de su grandeza y la clave misma del futuro de la familia humana.

5. Es indispensable tener clara la conciencia de la urgencia de la dimensión ética para un auténtico progreso humano, salvaguardando "las condiciones morales de una auténtica ecología humana" (Encíclica Centesimus Annus, n. 38).

Resulta doloroso que se busque un desarrollo económico que termine secando las fuentes de la vida, convirtiéndose en cultura de la muerte.

6. Somos conscientes del problema demográfico que existe en algunos de nuestros países, pero no es lícito transitar por caminos reñidos con la ética para enfrentarlo. No se pueden aceptar las campañas sistemáticas contra la natalidad, organizadas por instituciones internacionales y gobiernos, muchas veces presionados, contra la identidad cultural y religiosa de nuestras naciones.

7. El Santo Padre ha recogido el sentir de nuestra gente, ultrajadas en su dignidad y libertad, con estas palabras que hacemos nuestras: "En la Encíclica Sollicitudo Rei Socialis han sido denunciadas las campañas sistemáticas contra la natalidad, que, sobre la base de una concepción deformada del problema demográfico y en un clima de 'absoluta falta de respeto por la libertad de decisión de las personas interesadas', las someten frecuentemente a 'intolerables presiones...para plegarlas a esta forma de nueva opresión'. Se trata de políticas que con técnicas nuevas extienden su radio de acción hasta llegar, como en una 'guerra química', a envenenar la vida de millones de seres humanos indefensos" (Encíclica Centesimus Annus, n. 39).

8. Finalmente, en este mensaje que pretende llamar a la defensa de la vida, nos parece necesario pedir con toda fuerza que se fomenten políticas en defensa de la familia.

Este es el verdadero santuario de la vida. Ella es sagrada: "Es el ámbito donde la vida, don de Dios, puede ser acogida y protegida de manera adecuada contra los múltiples ataques a que está expuesta, y puede desarrollarse según las exigencias de un auténtico crecimiento humano. Contra la llamada cultura de la muerte, la familia constituye la sede de la cultura de la vida" (Encíclia Centesimus Annus, n. 39).

9. No puede haber paz ni desarrollo verdadero si se construyen con menoscabo de la vida.

10. Todos, especialmente los países ricos, deben convertirse a una actitud de solidaridad, de responsabilidad, que evite tantos dolores. Resuena todavía la voz del Santo Padre en el Discurso Inaugural de esta IV Conferencia, como una llamada apremiante que compartimos totalmente: "Hay que hacer valer el nuevo ideal de solidaridad frente a la caduca voluntad de dominio. Por otra parte, es falaz e inaceptable la solución que propugna la reducción del crecimiento demográfico sin importarle la moralidad de los medios empleados para conseguirlo. No se trata de reducir a toda costa el número de los invitados al banquete de la vida; lo que hace falta es aumentarles los medios y distribuir con mayor justicia la riqueza para que todos puedan participar equitativamente de los bienes de la creación".

"Es necesario que la Organización de las Naciones Unidas se eleve cada vez más de la fría condición de institución de tipo administrativo a la de centro moral en el que todas las naciones del mundo se sientan como en su casa, desarrollando la conciencia común de ser, por así decir, una 'familia de naciones'. El concepto de 'familia' evoca inmediatamente algo que va más allá de las simples relaciones funcionales o de la mera convergencia de intereses. La familia es, por su naturaleza, una comunidad fundada en la confianza recíproca, en el apoyo mutuo y en el respeto sincero. En una auténtica familia no existe el dominio de los fuertes; al contrario, los miembros más débiles son, precisamente por su debilidad, doblemente acogidos y ayudados" (Tomado del Discurso a la Asamblea General de la ONU, de Su Santidad, Juan Pablo II, en ocasión de su aniversario, 5 de octubre de 1995.)

Oración a la Sagrada Familia

Sagrada Familia de Nazaret, comunión de amor de Jesús, María y José, modelo e ideal de toda familia cristiana, a ti confiamos nuestras familias.

Haz de cada familia un santuario en el que se acoja y se respete la vida: una comunidad de amor abierta a la fe y a la esperanza, un hogar en el que reinen la comprensión, la solidaridad; y en el que se viva la alegría de la reconciliación y de la paz.

Concédenos que todas nuestras familias tengan una vivienda digna en la que nunca falten el pan suficiente y lo necesario para una vida verdaderamente humana.

Abre el corazón de nuestros hogares a la oración, a la acogida de la Palabra de Dios y al testimonio cristiano; que cada una de nuestras familias sea una auténtica Iglesia doméstica en la que se viva y se anuncie el Evangelio de Jesucristo. Amén.

Se autoriza la reproducción parcial o total de este boletín con fines no comerciales y citando la fuente.

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