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Boletín No. 80, Mayo - Junio, 2000

El segundo sí de María
Por Magaly Llaguno

Nuestra Señora del Perpetuo Socorro

Según el Evangelio de San Juan, el primer milagro de Jesús tuvo lugar en las bodas de Caná (2:1-11). Se había acabado el vino y María le pidió a Jesús que ayudara a la joven pareja. Jesús le respondió: "Mujer, ¿por qué me dices esto? Mi hora no ha llegado todavía". En el Evangelio de San Juan el término "mi hora" designa la hora de la muerte de Jesús, de su glorificación definitiva. Jesús sabía que al realizar su primer milagro comenzaría su vida pública, que le llevaría pocos años después al Calvario y a la muerte.

Por tanto, quizás su respuesta a la petición de su madre fue cuestionarla para que ella se diera cuenta de lo que verdaderamente significaría llevar a cabo el milagro que le había solicitado, y las consecuencias que éste les acarrearía tanto a ella como a él. ¿O sería para que María recordara lo que habría de suceder, en caso de que ella hubiese recibido ya la revelación de Dios sobre la muerte de su hijo? ¿Acaso quería darle más tiempo para disfrutar de su presencia?

El contemplar por primera vez la imagen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y meditar sobre el sufrimiento de Nuestra Santísima Madre ante la pasión y muerte de su hijo, me inspiró a pensar que María sabía muy bien lo que le esperaba a Jesús. En la iglesia en Miami de ese mismo nombre y a través de una imagen cuyo verdadero significado muchos no conocen, sentí que Dios me estaba mostrando cuánto nos ama la Santísima Virgen María.

El cuadro data como mínimo del siglo XV, pero nadie sabe con exactitud cuándo fue pintado ni quién es su autor. Fueron los sacerdotes redentoristas los que pidieron que la imagen fuera llevada de nuevo a Roma (después de 75 años de espera), a la Iglesia de San Alfonso, donde todavía permanece. Durante la procesión del 26 de abril de 1886 para la instauración de la imagen en dicha iglesia, hubo varios milagros, incluyendo la curación de un niño de cuatro años que sufría de una enfermedad del cerebro. Este es sólo uno de muchos milagros que se conocen de personas que han invocado a Nuestra Señora bajo ese nombre.

El Papa Pío IX dio el cuadro a la Congregación de los Sacerdotes Redentoristas, no como un regalo sino como una misión. Les dijo: "Hagan que Nuestra Señora del Perpetuo Socorro sea conocida alrededor del mundo", lo cual ellos han estado haciendo al fervorasamente distribuir esa imagen y al hablar de ella en sus misiones y sermones. El Papa Juan Pablo II le tiene una gran devoción, pues ha declarado: "...Tengo que dar gracias a la Madonna del Perpetuo Socorro, quien ha sido para mí una ayuda perpetua en situaciones difíciles."

La imagen fue pintada al estilo bizantino. El propósito de este tipo de arte no es mostrarnos una bella escena, sino darnos un mensaje espiritual. Veamos primeramente los detalles del cuadro que nos traen importantes enseñanzas.

María mira directamente al frente, como si quisiera darnos un mensaje a los que estamos mirando el cuadro. Su túnica es roja, el color que vestían las vírgenes en la época de Cristo. Su manto es azul, el color que vestían las mujeres que eran madres en Palestina. Ella es virgen y madre. A petición de la Santa Sede, le fue colocada una corona en su cabeza en el cuadro original, por los muchos favores que obtuvieron, a través de su intercesión, los que la invocaron bajo el título de "Nuestra Señora del Perpetuo Socorro". Su boca es pequeña, símbolo de su silencio y de la profundidad de su contemplación. Sus ojos son grandes, ven todas nuestras necesidades y nos invitan a pedirle. Sin embargo, reflejan la tristeza que parece embargar su alma. Pienso que esa tristeza nos muestra que ella sabía o al menos intuía lo que le esperaba a su hijo. Las letras en griego que aparecen sobre su cabeza señalan que es la Madre de Dios. En sus brazos tiene al Niño Jesús, cuyo rostro refleja el temor, pues está asustado por la visión de los dos ángeles que también aparecen en el cuadro y que llevan en las manos los instrumentos de su futura pasión y muerte. A la derecha aparece el Arcángel San Gabriel sosteniendo la cruz y cuatro puntillas. A la izquierda, el Arcangel San Miguel tiene en sus manos una urna llena del brevaje que los soldados ofrecieron a Jesús en la cruz, la lanza con que le traspasaron el costado y la estaca que sostenía la esponja para darle de beber una bebida que se dice era un calmante y que Jesús rechazó. El pequeñito Jesús que aparece en el cuadro ha corrido a los brazos de su madre y en su apuro se le ha caído una sandalia. Quizás ha visto ya a tan tierna edad parte de lo que será su destino: los sufrimientos y la muerte que tendrá que soportar. Aunque es Dios, también es un ser humano y le aterroriza su futuro. Su madre lo sostiene en sus brazos muy cerca de ella en este momento de pánico. Aunque ella no puede evitarle ese horrible sufrimiento, sí puede amarlo y consolarlo. Las manitas de Jesús están en las de su madre para recordarnos que, al igual que él se puso totalmente en sus manos pidiendo su protección, ahora desde el cielo nos pone bajo esa misma tierna y amorosa protección a cada uno de nosotros los mortales.

Como vimos en el pasaje bíblico sobre las bodas de Caná, María no dudó ni un instante en entregar a su amado Hijo Jesús a la vida pública al pedirle que hiciera su primer milagro, aún sabiendo lo que esto significaría. Ya Simeón le había advertido cuando Jesús fue presentado en el templo, que él "será una señal que muchos rechazarán" y que "todo esto va a ser para tí como una espada que atraviese tu propia alma" (Lucas 2:33). O sea, que le profetizó el sufrimiento que tendría que pasar, que al final sería el mayor que puede tener una madre: ver a su amado hijo humillado, torturado y asesinado. ¿Hay acaso un simple ser humano que pueda tener mayor amor a Dios y a los hombres que aquella que no sólo aceptó ser la Madre del Hijo de Dios, aún sabiendo que se arriesgaba, incluso a la muerte, sino que además permitió que su Hijo amado fuese llevado a una horrible y dolorosa muerte para la salvación del mundo?

El segundo sí de María tiene que haber sido mucho más doloroso y difícil que el primero. ¡Cuánto nos ama nuestra queridísima Madre Celestial! No hay ser humano alguno, aparte de Jesús, que es Dios hecho hombre, que le pueda ganar en amor, bondad y generosidad. Por algo es la Reina del Universo, de los santos, de los mártires, de los apóstoles y de todos los que la conocemos espiritualmente y la amamos.

NOTA: La Sra. Magaly Llaguno es directora ejecutiva de Vida Humana Internacional. La información sobre el cuadro que la autora utilizó para este artículo aparece publicada en el folleto "Icon of Our Mother of Perpetual Help", publicado por Perpetual Help Confraternity, de Chicago, Illinois y en el librito "The Mother of Millions", de Terry Matz, publicado por Liguori Publications. Ambos son distribuídos por los Padres Redentoristas. Para obtener más información, fotos, novenas o un boletín bimensual gratis sobre la imagen, diríjase a: The Director, Our Mother of Perpetual Help, Liguori Publications, One Liguori Drive, Liguori, MO, 63057-9999.

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