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Friday, 22 April 2011 16:26

AMOR SIN LÍMITES

WRITTEN_BY_MALE  HLI
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Soy Jaime Arturo Pallares Crespo. Fui adoptado.

Para muchos la palabra adopción produce temor o ternura, rechazo o pena, para otros es algo desconocido o que, simplemente, no les interesa. Para unos pocos es un regalo y una bendición. Para mí significa una decisión de amor sin límites.

No juzgo a mi madre biológica por las circunstancias que debió pasar. No la conocí. Sin embargo, mi corazón siempre ha sentido que debió ser una mujer buena, que sintió amor por el ser que estaba creciendo en sus entrañas y que tuvo ilusión por su nacimiento. Bien pude ser el resultado de una violación, de un adulterio o de un gran amor; eso no importa. Lo importante es que estoy vivo por la generosa decisión de mi madre, aún en todo lo difíciles que pudieron haber sido sus circunstancias.

Mi madre, en su acto de respeto por mi vida, me dio la oportunidad de vivir, de llegar a amar y ser amado, cuando otras madres en el mismo caso ceden a la terrible tentación del aborto como alternativa ante su situación. No existe ningún aborto "seguro". En el aborto "legal", lo único seguro es que el hijo muere. “Si un ser humano ya no está seguro en el seno de su madre, ¿dónde podrá entonces estar seguro en este mundo?” (Phil Bosmans, sacerdote y escritor belga). Seguramente ella debió sufrir y llorar mucho. Quizás se sintió débil y asustada. Lo más probable es que haya estado confundida y no supo qué hacer. ¡Cuánto dolor, angustia y profunda soledad debió sentir! Sin embargo, a pesar de todo esto, fue valiente, luchó por mí y así permitió que haya otros brazos que me acunaran y corazones que me dieran todo el amor y la ternura del mundo.

Por circunstancias especiales, supe que mi progenitora sufrió persecución y que debía ser abortado. Supe que mi madre vivía en la provincia de Loja y mi adopción se dio en la ciudad de Cuenca, en el mes de mayo de 1972, cuando tenía apenas quince días de nacido.

Gracias a esa mujer anónima que optó por darme la posibilidad de vivir, veo la vida con otra óptica y entiendo la profundidad de su decisión. Fue una decisión de amor, puesto que solo el amor logra una coherencia de pensamientos, sentimientos y acciones, capaces de prevalecer sobre los prejuicios y presiones de la sociedad. El amor verdadero no es una debilidad, es por el contrario, la mayor fortaleza que un ser humano puede tener y que lo lleva a dar la vida por el ser amado.

Hoy, comprendo que solo una capacidad tan grande de amar como esa, hizo posible que mi madre biológica me permitiera nacer, a pesar de esos momentos de horrible confusión que debió vivir; más aún, he llegado a entender que solamente el amor verdadero puede engendrar amor verdadero.

Por otro lado, en la ciudad de Quito, Jaime y María Eugenia, mis amados padres adoptivos, llevaban cuatro años sin concebir hijos. Luego de numerosos exámenes, los médicos concluyeron que mi mamá adoptiva nunca podría concebir. Mis papás aceptaron la noticia con absoluta paz, empezaron a soñar con ese hijo que, aunque no fuera procreado por ellos, sería el niño amado que tanto anhelaban.

Para mis papás adoptarme representó un proceso de amor, esperanza y felicidad. Seguramente también sintieron nervios y temores; sin embargo, mi papá no tuvo dudas y comprendió que la decisión libre y total de adoptar un hijo era el camino pleno para realizarse. Estoy convencido que mis papis entendieron plenamente el significado de la totalidad de una decisión basada en el amor, ya que me lo han demostrado con el corazón, con las decisiones y con los hechos del día a día, a lo largo de toda una vida, sin engreimientos ni sentimentalismos.

La opción total de mis padres por mí, me enseñó lo que significa el Amor. Creo firmemente que hoy en día, se confunde el amor con el sentimiento. El amor es una decisión. Es una elección libre, que

transforma la vida del que ama y del que es amado. Aprendí que si amo a una persona me importará tanto su vida, deseos y necesidades que haré todo cuanto esté a mi alcance para que esa persona sea feliz, sin importar mis sentimientos del momento, ya que los sentimientos son cambiantes y no permanentes.

Con los actos de amor de cada día, en que ví a mis padres hacer frente a los desafíos de la vida y la crianza mía y de mi hermana Andrea (también adoptada), pude ver cada día con más claridad que amar es una decisión radical y libre, una certeza que exige y moviliza; es un acto de voluntad que consiste en preferir de manera constante el bien del otro sobre el bien propio.

Amar de verdad es amar al otro por lo que es y aún, a pesar de lo que es; y no por lo que me guste de él o ella, admire, me satisfaga o me haga feliz a “mi”.

Los hermanos Pallares Crespo somos tres, los dos primeros somos adoptados. María José, la menor de los tres, estoy convencido, es un milagro de Amor concedido a mis papás, por la generosidad de ellos al dar acogida no solo a una, sino a dos vidas como si ellos las hubieran engendrado. Finalmente pudieron tener su hija biológica. A mis hermanas y a mí, nuestros padres con su oración y ejemplo nos han amado, educado y enseñado a tomar decisiones libres.

Soy el hijo primogénito, ese niño con quien tanto soñaron. Soy el hijo que vino a llenar el vacío y a colmar de ilusión sus vidas, cumpliendo plenamente el deseo de formar una familia. Se pudiera decir que mi “nacimiento” fue planificado, fui deseado y, a pesar de que no crecí en el vientre de mi mamá, anidé en su corazón.

Mis papás me dieron la seguridad en el amor que todo niño merece y así, aprendí el valor de la vida. Mi pequeño corazón, que sintió la ausencia de mi madre biológica, fue llenado con el amor de mis papás - ¡Cuánto amor y generosidad hubo y existe todavía en ellos! Admiro la calidad de su amor: un amor sin condiciones, un amor totalmente comprometido y auténtico, que genera una comunión permanente entre nosotros, ya que cada uno considera el bien del otro como propio.

Este amor de familia, después de haber vivido una profunda conversión a Jesús, la cual se dio de la mano de nuestra Madre del Cielo, María Santísima, ha ido haciéndose más libre y comprometido.

Mis padres, en el tiempo justo, me dijeron la verdad de mi adopción. Desde que tuve uso de conciencia supe que fui adoptado, y supe también de la adopción de mi amada hermana Andrea. Recuerdo un acontecimiento, tal vez tendría seis años, un primo muy querido en una reunión familiar me pregunto si era adoptado, me quede en silencio. Mi mamá, contestó que sí, con tanta naturalidad que entendí que los niños venían al mundo a través de la adopción.

A pesar de las palabras de amor con las que me hablaron del tema mis papás, en mi corazón de niño sentí vergüenza de que mi familia íntima y otras personas supieran de mi condición. Esa vergüenza fue pasando mientras fui creciendo en edad y madurando en el amor a Dios.

Desde aquel entonces y hasta el día de hoy, reafirmo que soy feliz, que me conozco y que acepto ser quien soy. Me reconozco como un hombre capaz de amar, me siento amado y bendecido por Dios. Siento que tenía que nacer para ser Su hijo, crecer para conocerlo y, postrado, amarlo. La adopción cambió mi vida, la decisión de amor sin límites de mis padres me dio un destino. Mi vida es un testimonio de gratitud permanente a Dios por crearme y darme la posibilidad de cumplir una misión en esta vida, a mis progenitores por permitirme nacer y a mis padres adoptivos por acogerme y amarme.

He vivido una vida plena. Hoy he formado mi propia familia; tengo una esposa maravillosa que es mi impulso y mi mejor amiga, a quien amo incondicionalmente y con todo mi ser; busco renovar día a día mi compromiso de hacerla feliz de una manera “libre, fiel, total y fructífera”. Tengo cuatro hijos que han llenado mi vida, que me han permitido conocer esta perspectiva del amor que tienen los padres, y que no tiene límites para con los hijos.

Tengo unos hermosos sobrinos y ahijados nacidos del corazón, del alma y del espíritu, que se han convertido en hijos adoptivos por el amor y debido a la oración permanente por ellos en mi corazón.

Disfruto enormemente de mis amigos, con quienes comparto ideales y aficiones. Junto a ellos he crecido en la fé y la experiencia de Dios, y hemos construido una profunda unidad en el amor y la amistad.

Last modified on Tuesday, 14 January 2014 20:48
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