La conversión del corazón
El Niño Dios vino al mundo para salvarlo y para transformarlo completamente. Decidió presentarse ante nosotros como un ser humano. El Señor hubiera podido efectuar nuestra salvación con un chasquido de Sus dedos, sin embargo, escogió personalizar su obra. Eligió ser uno de nosotros y nos incluyó en su proyecto de salvación. En otras palabras, Su plan de salvación nos involucra a cada uno de nosotros, no se lleva a cabo sin nuestra cooperación.
Para anunciar la venida de nuestra redención, Dios envió a Juan el Bautista a predicar un fiero mensaje de conversión personal. A Juan no le preocupaba que algunos rechazaran el mensaje, ni que sólo un número relativamente pequeño de personas escuchara su anuncio. Sabía que la transformación del mundo se lleva a cabo de uno en uno. Juan no les permitió a sus oyentes transferir la culpa de sus propios pecados a los demás. Exigió de ellos la responsabilidad personal antes de que el bieldo comenzara su labor. Pero su mensaje sigue siendo verdad para toda la gente de cualquier época. "¡Preparen el camino del Señor! ¡Enderecen las sendas torcidas de sus vidas, rellenen los valles de debilidad y nivelen las montañas de soberbia!" Así es como nos preparamos para nuestra redención.
El Niño Dios vino en pobreza, humildad y simplicidad, para de esa manera motivarnos a aceptar su oferta de redención. Todo lo que hemos de hacer es cambiar nuestro corazón para la venida de nuestro Salvador.
Padre Thomas Euteneuer.
