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En la Festividad de la Natividad de la Virgen Maria

Nota: Este escrito es un extracto de la homilía pronunciada por el Presidente Interino de HLI, Monseñor Ignacio Barreiro-Carámbula, el miércoles, 8 de septiembre, en la festividad de la Natividad de la Virgen María. Durante la Misa, la misión de HLI fue consagrada al Inmaculado Corazón de María.

En esta época de transición, acudimos con humildad y confianza a Nuestra Madre Santísima, para consagrarnos nosotros mismos y la misión de Vida Humana Internacional de defender la vida, la familia y la fe, de acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia Católica, al Corazón Inmaculado de María. El Señor, en Su infinita sabiduría, ha determinado que debemos aprovechar esta oportunidad en la festividad de la Natividad de Su Madre. Una fiesta marcada por dos milagros precedentes, el primero, la Inmaculada Concepción de María, y el segundo que fue concebida por Joaquín y Ana, que eran considerados estériles. Esta fiesta nos brinda una señal de esperanza, porque señala el amanecer de nuestra salvación. Este es el comienzo, y esta consagración marcará tambien para nosotros un nuevo comienzo en nuestro apostolado. Esta consagración nos ayudará a fortalecer nuestra determinación de seguir en el servicio delSeñor, a pesar de los numerosos obstáculos. Nunca debemos olvidar que no hay nada imposible para Dios, como el Arcángel Gabriel lerecordó a María en la Anunciación.

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San León Magno afirma que a través de la fe y el amor María concibió a su hijo espiritualmente, incluso antes de recibirle en su seno. San Agustín nos dice queElla fue más feliz de llevar a Cristo en su corazón que en su carne,. La Virgen lo concibió primero en su corazón porque desde el momento de suconcepción, Dios Padre la estuvo preparado para ser la madre de su Hijo. Después de la Encarnación, podemos meditar en la afirmación dos veces repetida en San Lucas, de que María guardaba todos los palabras y los hechos de Jesús en su corazón y es ahi dondelos meditaba y vivia de ellos.

El dia 13 de junio de 1917, festividad de San Antonio, en Fátima, Nuestra Señora mostró a los tres niños sucorazón coronado de espinas y dijo: "Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón." Tenemos que recordar que los sufrimientos de la Virgenfueron profetizados por Simeón durante la presentación de Niño Jesús en el Templo, quien le predijo que una espada de dolor le atravesaría el corazón. En primer lugar, ésta devoción implica actos de reparación. Las espinas que rodean el corazón de María representan no sólo nuestros pecados y nuestro rechazo al amor de Nuestra Madre sino también las gracias que no nos atrevemos a pedir porque tenemos miedo de asumir nuevas y difíciles responsabilidades.

La mejor manera de reparar nuestros pecados y los pecados del mundo es a través de una cuidadosa fidelidad a nuestros deberes. No podemos progresar en virtud si primero no cumplimos nuestras obligaciones con fidelidad. Despué, a travésde la frecuente y devota recepciónde los sacramentos, nos serán dadas las gracias necesarias para cumplir con nuestros deberes. Debemos dar una importancia particular al rezo del Rosario; sedebe rezar con atención y devoción al misterio particularque uno está meditando. Un católico siempre debe intentar ir a misa con frecuencia, pero como reparación a Nuestra Madre, debe realizar un esfuerzo sincero para participar en el Santo Sacrificio del Altar cada primer sábado del mes.

En segundo lugar, el acto de consagración. Tenemos que recordar lo que San Luis María Grignon de Montfort nos enseña: "Cuanto más un alma esté consagrada a María, tanto más lo estará a Cristo". Es Ella la que nos lleva a Su hijo y esto se nos muestra en el magnífico icono de Nuestra Señora de Hodegitria. La historia que evoca este icono es la de Nuestra Señora guiando de su mano a dos personas ciegas a su iglesia donde las devolvio la vista.En estos tiempos de confusión y de problemas, tenemos queconfiarnos a la guia de Nuestra Señora yElla nos llevaráal conocimiento y amor de Su Hijo. Ella nos confirmará en nuestra misión de defender la vida, la familia y la fe. Ella nos llevará a su Hijo misericordioso que nos consolará y nos fortalecerá en todas nuestras tribulaciones.

El acto de consagración requiere un constante esfuerzo en imitar las virtudes de Nuestra Señora. Su espíritu de recogimiento en la oración que conduce a la apertura a todas las gracias que el Señor ha predestinado para nuestra alma. Su constante humildad es una sobria realización de nuestra condición de criaturas. Esta es una virtud que Nuestra Señora practicó toda su vida, pero que brilla especialmente en la Visitación, cuando entonó el Magnificat.

Junto a la virtud de la humildad, la pureza fué en nuestra Santisima Madre una constante en su vida, de tal manera que su corazón, su mente y su alma fueron siempre inmaculados. La pureza es una virtud especialmente importante para nosotros, dedicados al apostolado provida, porque una gran parte de los pecados contra la vida tienen su origen en pecados contra esta virtud. Nuestra Señora fue paciente, ella sabía como esperar a los tiempos señalados por Dios. En nuestro apostolado, nosotros tambien necesitamos de esta virtud, porque es posible que no veamos el resultado de nuestros esfuerzo en nuestra vida, pero nuestros hijos y nuestros nietos disfrutaran de la bendición de una sociedad libre del flagelo del aborto. Sin embargo, nosotros gozaremos sin duda de la corona que el Señor nos ha preparado en el Cielo si nos mantenemos fieles a nuestro apostolado.

Puede que los tiempos sean difíciles y que los cambios nos parezcan insuperables, pero siempre debemos de mantener nuestra esperanza en Nuestra Señora, que nos prometió en Fatima “ Al final, mi corazón triunfará”. Asi pues, nos confiamos a ella, rezando para manternos siempre fieles a su Hijo y a la misión que El nos ha encomendado. Tambien rezamos para que ella dispense al comité de Vida Humana Internacional superabundancia de gracias en la elección de un nuevo presidente.






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