
El Presidente de Nicaragua, Arnoldo Alemán ordenó a la policía proteger al Cardenal Obando y Bravo, así como a los demás obispos nicaragüenses. La orden se produjo al saberse que la vidas de los prelados corrían peligro debido a su oposición al aborto. Las elecciones en el país centroamericano están próximas. Es posible que los proabortistas, cuya ideología es incompatible con la democracia, quieran impedir que la labor educativa de los obispos influya en los comicios.
En meses recientes, el movimiento provida de Nicaragua, con el valiente apoyo de los obispos católicos de ese país, realizó una multitudinaria marcha a favor de la vida y en contra del mal llamado aborto "terapéutico", estrategia que utilizan los proabortistas para introducir la aceptación legal del aborto. La Asociación Nicaragüense por la Vida (ANPROVIDA), que representa a Vida Humana Internacional en ese país, desempeñó un clave papel en la realización de la mencionada marcha y en impedir la aprobación del aborto "terapéutico".
La Iglesia Católica y la ley natural distinguen entre el aborto "terapéutico" y el aborto indirecto. El aborto "terapéutico" es un aborto directo porque mata directamente al bebé no nacido como medio para presuntamente salvar a la madre, cuando en realidad hay otras alternativas para salvarla a ella y a su bebé no nacido. Por consiguiente, el aborto "terapéutico", como todo aborto directo o provocado, es un acto intrínseca y gravemente inmoral, por cuanto constituye la destrucción directa de un ser humano inocente, y por ello no está justificado en ningún caso. En realidad la frase aborto "terapéutico" es una contradicción en términos, porque ningún aborto salva o cura a nadie (que es lo que la palabra "terapéutico" quiere decir).
Distinto es el caso del "aborto indirecto", que en realidad no es un aborto en el sentido verdadero de la palabra: no es un aborto directamente provocado. Se trata del caso en el que la vida de la madre embarazada corre un peligro inminente, y la situación es tal, que si el médico esperara a que el bebito fuera viable (momento a partir del cual puede vivir fuera del útero con la tecnología disponible), morirían tanto la madre como él, ya que antes de que llegase el momento de la viabilidad, se produciría la muerte de la madre y el bebito moriría también. La situación también es tal que el médico tampoco tiene otra alternativa para salvar a los dos, si la hubiera, tendría que recurrir a ella. Entonces el médico no tiene más remedio que intervenir, tratando siempre de salvar a ambos (al bebé no nacido y a su madre). Si en ese proceso el bebé muere como un efecto no directamente causado ni querido por el médico, entonces no hay por qué culpar a nadie. Se trata de un "aborto indirecto", y aunque ciertamente es una tragedia, no es algo moralmente imputable.
Obsérvese que no estamos hablando de una excepción a la prohibición del aborto directo o provocado. El aborto directo o provocado no tiene excepción alguna. El caso del que estamos hablando aquí es, como ya hemos señalado, un "aborto indirecto", tanto en la causa como en la intención. Por consiguiente, se trata de un caso completamente distinto y que por tanto cae fuera de la norma que prohíbe, de forma absoluta, la destrucción directa de un ser humano inocente.
Finalmente, hay que observar también que, en el caso del "aborto indirecto", no se trata de que el médico escoja entre salvar al bebé no nacido o a su madre, se trata de escoger entre salvar a quien se pueda salvar o de que se mueran los dos. Evidentemente la única opción moral y médicamente lícita es la primera, la de intentar salvar a ambos, madre e hijo.
Fuentes: Arquidiócesis de Miami, Estados Unidos, Radio Paz, 830 AM, noticiero de las 8:00 AM, 1 de mayo del 2001. Papa Juan Pablo II, Encíclica El Evangelio de la Vida, 25 de marzo de 1995.
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