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Clinton deja a su sucesor con la manos atadas al firmar el tratado de la ICC

Faltando sólo ocho horas para la medianoche de la víspera de Año Nuevo, la hora límite, los representantes del Presidente Clinton, se reunieron con funcionarios de la Organización de Naciones Unidas (ONU) y firmaron el tratado para establecer la Corte Criminal Internacional (ICC, por sus siglas en inglés). Estados Unidos se convirtió así en el país número 39 que firma un documento que tiene por objeto establecer un tribunal criminal permanente a nivel internacional.

La ICC se distingue de la actual Corte Internacional de Justicia, que solamente juzga casos de litigio entre naciones. La ICC solamente juzgará a aquellas personas de lo que sus proponentes describen como "los crímenes más serios que preocupan a la comunidad internacional", específicamente los crímenes de guerra, los crímenes contra la humanidad y el genocidio.

La ICC fue establecida el 17 de julio de 1998 en Roma por votación de 66 países que son Estados Miembros de la ONU. Actualmente ese número ha aumentado a 92. Sin embargo, sólo cinco naciones, además de Italia, han ratificado el documento, todavía inconcluso, que describe la forma en que la ICC debe operar. Se necesita que 60 naciones ratifiquen el documento para que la ICC pueda existir.

Los que defienden la vida y la familia albergan un profundo escepticismo con respecto a que la nueva corte de verdad vaya a salvaguardar las libertades individuales y la soberanía de las naciones. Richard Wilkins, de la facultad de derecho de la Universidad Brigham Young, en el Estado de Utah, Estados Unidos, ha dicho que "esta corte se abroga la jurisdicción sobre todo habitante del planeta, ello la convierte en un organismo de un gobierno internacional, lo cual es una peligrosa novedad". Otros observadores creen que los elementos más radicales están intentando introducir ideas peligrosas en la ICC, como la de eliminar el sigilo sacramental de la Confesión exigido por la Iglesia Católica.

A pesar de haber firmado el tratado, el Presidente Clinton dijo que no iba a pasárselo al Senado de Estados Unidos para que lo ratificara y en cambio urgió a su sucesor, George W. Bush, a que retuviera el documento para su aprobación. Clinton dijo que había firmado el tratado para que Estados Unidos mantuviera su postura de negociación mientras se finaliza el documento en las próximas semanas, y también para que Estados Unidos pudiese participar en las futuras deliberaciones de la Asamblea de los Estados Miembros que surgirán debido a este tratado.

Sin embargo, ciertas fuentes del Departamento de Estado de Estados Unidos, que hablaron bajo condición de anonimidad, no están de acuerdo con los alegatos de Clinton. Estas fuentes insisten en que Estados Unidos podrá participar, ahora y en el futuro, en una acción judicial internacional. Además, la negociación en torno al documento de la ICC se está realizando en una serie de reuniones preparatorias de los comités de la ONU dentro de la Asamblea General de los Estados Miembros. Por consiguiente, cualquier miembro de la Asamblea General puede participar en dichas reuniones, aun aquellos que nunca han firmado el tratado. Estas fuentes también señalan que Estados Unidos tiene garantizado un puesto en el tribunal como observador, aunque nunca ratifique el tratado, debido a que firmó la conferencia de Roma de 1998, que puso en marcha el proceso para la creación de la ICC.

Las fuentes ya mencionadas también señalan que el verdadero efecto de la firma del Presidente Clinton es atar las manos de su sucesor, George W. Bush, y de todos los futuros presidentes de Estados Unidos. Bajo la Convención de las Leyes de los Tratados, de Viena, de 1969, un signatario de un tratado no debe hacer nada que sea inconsistente con el "objeto y propósito del tratado". Si el nuevo Presidente Bush, o cualquier futuro presidente de Estados Unidos, intenta impedir que la controversial corte exista, Estados Unidos estaría violando la Convención de Viena.

Es cosa bien sabida que un gran número de miembros del Senado de Estados Unidos se opone al tratado, especialmente el Senador Jesse Helms, el poderoso presidente del Comité del Senado para las Relaciones Exteriores. También hay oposición en las fuerzas armadas de Estados Unidos. Como Clinton no estaba dispuesto a entrar en conflicto con el Pentágono, desde temprano le cedió las negociaciones en torno al tratado a miembros de alto nivel de las fuerzas armadas que trabajan en el Pentágono. Su estrategia desde el comienzo era negociar el mejor tratado posible y luego urgir al Senado a que lo rechazara.

Los promotores del tratado están tratando de que el mismo sea implementado a toda velocidad. Una fuerte campaña de organizaciones no gubernamentales (ONGs) ha logrado ya 27 ratificaciones, faltando sólo 33 para que la ICC sea oficialmente establecida.

Fuentes: Austin Ruse, "Clinton Signs ICC Treaty, Handcuffing His Presidential Successors," Friday Fax, 5 de enero del 2001, vol. 4, no. 3. Véanse también Austin Ruse, "New International Court Nears Reality/Pro-Lifers Claim Small Victories," Friday Fax, 7 de julio del 2000. Vol. 3. No. 33 y Austin Ruse, "Pressure Groups Threaten NATO with Kosovo War Crimes Investigation," Friday Fax, 4 de febrero del 2000, vol. 3, no. 12.

Austin Ruse es Presidente del Instituto Católico para la Familia y los Derechos Humanos o C-Fam (Catholic Family & Human Rights Institute), una entidad no lucrativa que se dedica a observar y a informar sobre las actividades de la ONU en los asuntos que tienen que ver con la vida humana, la familia y el control demográfico. Diríjase (en inglés) al Catholic Family & Human Rights Institute, 866 United Nations Plaza, Suite 4038, New York, New York 10017, USA. Tel.: (212) 754-5948. Fax: (212) 754-9291. E-mail: c-fam@c-fam.org. Página web: www.c-fam.org. C-Fam publica un boletín semanal electrónico o por fax, titulado Friday Fax ("Fax del viernes").





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