
El 19 de diciembre del 2000, y por primera vez en el mundo, el Parlamento británico aprobó la clonación de embriones humanos (hasta el día 14 desde la concepción), para que sus células madres se usen como "repuesto" de las dañadas por enfermedades como el mal de Parkinson, el Alzheimer, la diabetes o la cirrosis hepática.
Las células madres son las células que tienen la capacidad de desarrollarse y originar las células que forman los distintos tejidos del cuerpo: la piel, el corazón, el tejido nervioso, etc. Es decir, estas células son pluripotentes, ya que tienen el potencial de especializarse en distintos tejidos específicos.
La clonación consiste en la obtención, por medios tecnológicos, de uno o varias seres (en este caso humanos) a partir de una única célula, de modo tal que los clones sean genéticamente idénticos al original.
En este caso los legisladores británicos aprobaron los siguientes procedimientos:
1. La obtención de células sanas del cuerpo del paciente.
2. La unión del material genético de dichas células con un óvulo, lo cual da como resultado un embrión humano, al cual llaman "sintético", "clon" o "donante".
3. Antes de que cumpla 14 días de vida, a ese embrión humano "sintético", "clon" o "donante" le extraen las células madres.
4. Se inyectan las células madres obtenidas de ese embrión en el paciente y se dirige su especialización para que se conviertan en lo que ese paciente necesita para curar su enfermedad. Por ejemplo, si el paciente padece del mal de Parkinson, los científicos dirigen la especialización de las células madres inyectadas para que se conviertan en una neurona; si el paciente sufre de diabetes, la especialización de dichas células es dirigida para que se conviertan en la célula beta del páncreas; y si el paciente padece de cirrosis hepática, se dirige la especialización para que se produzca hepatocito.
El problema con todo ello es que se está utilizando a una persona humana (el embrión "clon"), como si fuese una pieza de repuesto o un instrumento, para curar a otra persona. Y dicho uso conlleva la destrucción de esa persona humana, que es pequeñita e indefensa. Esta instrumentalización de la persona es totalmente aberrante. Se trata de un canibalismo de embriones humanos, de una degeneración de la medicina. Nunca se debe tratar a la persona humana como mero medio para otro fin, por bueno que dicho fin sea. A la persona humana hay que tratarla siempre como lo que es: un fin en sí misma. Eso se llama amor.
Además, la producción de embriones humanos fuera del contexto del acto conyugal va en contra del aspecto unitivo de la sexualidad humana y de su único ámbito moralmente aceptable: el matrimonio entre un hombre y una mujer. Por ello mismo, dicha producción no corresponde tampoco a la dignidad intrínseca del ser humano, ya que su gestación es producida por una tecnología y no co-creada por medio de un acto matrimonial de amor y de apertura a la vida. Por supuesto, una vez en existencia, ese ser humano debe ser respetado en todo sentido y su gestación debe continuar.
Además, hay otras maneras de conseguir células madres sin dañar a ningún embrión. Los expertos científicos que respetan la dignidad y la vida humanas aseguran que se pueden obtener los mismos resultados terapéuticos con células madres extraídas de adultos, sin, por supuesto, causarles ningún daño.
Monseñor Elio Sgreccia, Obispo, Vicepresidente de la Academia para la Vida, del Vaticano, y Director del Insituto de Bioética de la Universidad Católica de Roma, calificó la decisión del Parlamento británico de ser "un acto criminal y catastrófico para el futuro de la humanidad" e insistió en que "legitimar la destrucción de seres humanos, nuestros propios hijos, con el objeto de experimentar con ellos, constituye un trauma para la humanidad nunca visto antes". Refiriéndose al concepto de que los embriones antes del día 14 no son seres humanos, el pastor espiritual y eminente académico dijo: "Además de ser un crimen contra la vida, es un crimen contra la verdad". Y concluyó diciendo: "Es necesario abolir esta decisión de la historia de Europa. Si no cambiamos de dirección, estaremos creando un remolino que se tragará a más seres humanos".
La reacción de Alemania, en cuya memoria histórica todavía reside el recuerdo de la barbarie nazi, no se hizo esperar. El gobierno germano repudió la decisión británica, calificándola precisamente de "canibalismo" de embriones humanos.
Oremos por los líderes de Gran Bretaña, para que se den cuenta del grave error en que han caído.
Fuentes: Marcelo y Elcira Shortrede, "Clonación en Inglaterra," CL 20.12.2000 Archivos de noticias [ Publicaciones
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