
El comité de ética del hospital católico St. John's Mercy Medical Center, de la ciudad de St. Louis, en el Estado de Missouri, ha decidido apoyar la eutanasia, a pesar de las protestas del Arzobispo de la Arquidiócesis de St. Louis.
En febrero del 2000, Steven Becker, de 29 años y padre de tres hijos, fue sometido a una operación cuyo propósito era drenar fluido de su cerebro. Sin embargo, el Sr. Becker no ha recuperado la plena conciencia desde la operación. El hospital ahora sostiene que el paciente se encuentra en un "estado vegetativo permanente" y desea retirarle el tubo que le suministra el alimento. Sin embargo, antes de ser admitido en el hospital, Becker se negó a firmar un "testamento en vida" ("living will") que hubiera permitido, desde el punto de vista legal, este tipo de acción criminal.
A las pocas semanas de la cirugía, el hospital convenció a la Sra. Becker de que se le redujera el tratamiento a su esposo a sólo analgésicos y a la alimentación por medio de un tubo. El hospital llamó a este tratamiento "cuidado para el confort". Pocos días después, la esposa de Becker se reunió con el comité de ética del hospital y el hospital señaló "que, en un momento dado, ella deseó que se le retirase la alimentación y el suministro de agua [a su esposo] para que no se continuase proporcionándole intervenciones extraordinarias".
La madre del Sr. Becker y otros familiares suyos se oponen a la decisión del hospital St. John. La madre de Becker recurrió a un abogado luego de que el neurocirujano dijera que le sorprendió la decisión de retirarle la alimentación por tubo a Becker. El facultativo expresó que era "demasiado pronto" porque apenas habían transcurrido unas semanas desde la cirugía. Sin embargo, al día siguiente de su declaración, el médico le dijo a la madre de Becker que había cambiado de opinión luego de haber hablado con el comité de ética del hospital.
La madre de Becker se vió entonces en la obligación de recurrir al tribunal, donde le fue otorgado un interdicto para continuar la alimentación de su hijo. El tribunal también designó a un guardián público para evaluar la situación. En estos momentos, se ha detenido el suministro de antibióticos, medicinas, terapia física, etc., a pesar de que la alimentación por tubo ha continuado debido a la orden judicial. Cuando el Sr. Becker se empezó a deteriorar, su guardián instruyó al hospital de sólo comenzar de nuevo el suministro de antibióticos. Aún cuando la higiene del paciente también sufrió el deterioro, el hospital les negó a sus familiares sus repetidas súplicas de que se le dieran paños para limpiarlo ellos mismos y éstos se vieron obligados a traer los suyos propios para efectuar la labor de higiene.
El 11 de agosto del 2000, el guardián designado por el tribunal recomendó que se interrumpiera la alimentación por tubo y dijo que, a pesar de la ausencia de un "testamento en vida" o de cualquier otro documento legal, hubo personas que declararon que Becker no hubiese querido vivir en lo que ellos llamaron un "estado vegetativo". Sin embargo, por lo menos un neurólogo ha impugnado este diagnóstico.
En estos momentos, parece que el pasaje artificial que le insertaron al Sr. Becker en su cerebro se ha infectado y el paciente está sufriendo de neumonía sin recibir los beneficios de los antibióticos. No es probable que sobreviva hasta la próxima audiencia en el tribunal, que tendrá lugar en septiembre del 2000.
En julio, Mons. Justin Rigali, Arzobispo de St. Louis, emitió una declaración en la que afirmó que el agua y los alimentos --aunque sean suministrados por medios médicos-- deben ser proporcionados a todos los pacientes que los necesiten y que puedan beneficiarse de los mismos. El 11 de agosto del 2000, un editorial del periódico de la arquidiócesis dijo que "en una situación donde la salud del paciente depende no sólo del agua y de los alimentos, sino también de otros cuidados y tratamientos, el propósito por el cual se suministra agua y alimento no debe ser subestimado por medio del abandono de otras formas de cuidado. La vida de un paciente depende no sólo de los medios fundamentales de tratamiento médico, como los antibióticos, sino también de los cuidados simples que tienen por objeto minimizar la infección y reforzar el funcionamiento físico, mental y fisiológico" y los profesionales de la salud deben evitar "cualquier acción que haga que el paciente quede susceptible de morir a causa de la falta de cuidados, no importa que voces se opongan [a dichos cuidados]".
El Catecismo de la Iglesia Católica prohibe aquellas acciones u omisiones que resultan directamente en la muerte del paciente. No es necesario aplicar medios extraordinarios, es decir, aquellos que no tendrán un efecto proporcionado de mantener al paciente con vida. La alimentación, sin embargo, es un derecho humano básico que nunca debe ser interrumpido (cf. 2277-2279). Y a la luz de esta enseñanza, en el caso de Becker y en cualquier otro similar, medicamentos como los antibióticos no son medios extraordinarios o desproporcionados, sino por el contrario, son medios que se deben emplear, por cuanto mantienen al paciente con vida.
La enfermera Nancy Valko considera que el caso de Becker es de vital importancia, no sólo para su propia vida, sino también por el precedente que constituirá para otros hospitales católicos. Valko está recopilando declaraciones sobre este caso, instrucciones de amigos de la corte y cartas a la Arquidiócesis de St. Louis, al diario local y al propio hospital St. Louis, de personas que han sobrevivido a situaciones como la de Becker, así como de sus familiares y de expertos en la medicina. Su dirección electrónica es nv333@inlink.com.
Fuente: "Catholic Hospital Promotes Euthanasia," Zenit, 14 de agosto del 2000, www.zenit.org.
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