En su discurso ante la conferencia mundial de Human Life International en
Houston en 1998, el Dr. Bernard Nathanson dio al público razones que justifican
la esperanza de ganar la batalla contra el aborto. Habló sobre un cambio
específico y lento hacia la vida y los valores humanos que se está obrando en
la cultura en estos momentos. Para describir la velocidad de este cambio
utilizó el término “glacial”. No obstante, habló del despertar de las
conciencias y de un retorno a la cordura que está teniendo lugar en EEUU ahora,
y nos recordó a todos que al final seremos victoriosos. Este sentir se repite
entre los muchos líderes del movimiento provida que señalan la disminución
estadística en el número de abortos, la reducción a la mitad del número de centros
de aborto y el descenso en el número de personas dispuestas a practicar el
aborto y trabajar en los centros de matanza. Todo esto es muestra real de algún
progreso, ¿pero indica necesariamente que estemos ganando la batalla?
Confío, al igual que otros, que los cambios positivos en la cultura tomarán
impulso y se pondrán de moda, pero no toda la evidencia que observo en la
cultura resulta positiva. Me pregunto hasta qué punto consideran la cultura
enemiga virulenta los que predicen la victoria al evaluar la situación. Mi
visión de la batalla cultural se puede expresar mejor en un término que fluye
del Corazón de Dios: esperanza. Con esperanza, puedo observar directamente el
“peligro claro y presente” de la amenazante “cultura” de la muerte y aún así
creer en su redención. Lo mío es un creer sin ver. Es un firme acto de la
voluntad que cree en lo que dijo el Dr. Nathanson sobre la victoria final, pero
que aquilata con realismo los estragos del mundo, la carne y Satanás. Como dijo
el Padre Paul Mankowski en su reciente análisis del escándalo del abuso sexual
por el clero, “hay poca razón para el optimismo pero toda razón para la
esperanza”.
Momentáneamente, evaluemos la degradación constante de nuestra cultura. Me
enfocaré brevemente en tres realidades que tomarían cada una toda una
biblioteca, para describir su espanto detalladamente. No obstante, es necesario
presentarlas como evidencia de que la “clavada” de la “cultura” de la muerte no
llegará en el futuro cercano.
Primero, en nuestra cultura, la sed por el aborto no se sacia. ¿Podríamos
decir que un descenso de 1,5 millones a 1,3 millones de bebés muertos por año
es una señal creíble de victoria? ¿Es esto a lo que llamamos victoria? ¿Es esto
a los que llamamos progreso? Un bebé muerto por año es una abominación, y esta
atrocidad continúa efectuándose con insistencia demoníaca día tras día en
hospitales, centros de abortos y consultorios de los así llamados médicos
respetables en nuestros barrios. Mientras nos encontramos en las conferencias
provida pronosticando la victoria, unos pasos más allá los abortistas continúan
haciéndose fabulosamente ricos con el negocio del infanticidio legalizado. Nada
les importa lo que decimos en nuestras conferencias si ellos controlan de facto
la cultura. Podemos desenmascarar la matanza por medio de imágenes gráficas,
distribuir folletos y material educativo, y establecer nuestra red de centros
de ayuda a mujeres embarazadas en crisis, pero por último son ellos los que
controlan la cultura, y lo saben.
El dinero que cada año genera el negocio del aborto compra el apoyo social
y político para sus prácticas espantosas. Los americanos quieren libertad por
encima de todas las cosas, y hasta los que de otro modo no participarían en el
aborto quieren, sin embargo, que sea legal porque hacerlo ilegal de alguna
forma compromete la libertad. Nunca preguntan “¿libertad para quién?” Sólo
quieren libertad, punto, y los cómplices del aborto en los medios de
comunicación, en la educación y en la política cosquillean los oídos del
público con millones de sonidos al día con el fin de controlar la cultura.
Adelante, mañana mismo cambien las leyes, hagan ilegal el aborto. No importará.
Los corazones seguirán sin convertirse mientras continuamos insistiendo en
nuestras mal entendidas libertades, y por lo tanto la sed por el aborto no
amainará.
Una segunda razón por la cual la lucha contra el aborto no se ganará muy
pronto es que el movimiento provida no ha querido confrontar la causa
fundamental del aborto: la contracepción. Repito, adelante mañana mismo con el
cambio de las leyes del aborto, pero no se erradicará el aborto en la cultura,
porque no se ha desmantelado el sistema que lo alimenta. La propia industria
del aborto informa que el 60% de las mujeres que buscan abortar lo hacen porque
les falló la contracepción. Se usa el aborto como respaldo a la contracepción,
y por odioso que esto pueda parecer hasta a algunas de las feministas más rabiosas,
es una realidad con la que hay que lidear. Hasta hay evidencia de que algunos
centros de ayuda a mujeres embarazadas en crisis, al convertirse en clínicas
médicas, distribuyen información sobre contraceptivos a mujeres embarazadas que
se encuentran en crisis. Su lógica se puede sacar de cualquier manual de
capacitación de la organización abortista en EEUU que se llama Planned
Parenthood (Paternidad Planificada): si desea menos abortos, distribuya contraceptivos.
¿Ha funcionado esta lógica en los últimos 40 años? Analicemos el daño. Si
el aborto debía disminuir en proporción directa al aumento de la contracepción
en la cultura, entonces en una cultura en la que prevalece la contracepción
casi en el 100% no debería haber abortos. Este no es precisamente el caso en
nuestra sociedad, ya se trate de mujeres casadas o solteras. De hecho, lo
opuesto es la realidad. Según entran en la cultura los contraceptivos, se
distorsionan los valores y cambia la mentalidad de los usuarios. Si usamos un
término bíblico, los contraceptivos “endurecen los corazones” y los predisponen
contra los niños y las familias grandes, así como aumentan la promiscuidad y el
egoísmo. Si alguna ves ha visto una fotografía del interior de un útero
expuesto por años a la contracepción química, en lugar de una densa, rica y
nutritiva espesura de las paredes uterinas listas para recibir el óvulo
fertilizado, observará un órgano endurecido y devastado, allanado por los
efectos de años de guerra química contra él. Esto es simbólico del endurecimiento
de los corazones que acompaña a la contracepción.
La mayoría de las personas no saben que la contracepción fue ilegal en este
país, pero nadie habla de que se vuelva a hacer ilegal, ¿no es así? Hay una
razón muy valedera para ello. El movimiento provida no ha querido encarar el
asunto de la contracepción porque muchos de sus miembros la están practicando.
No se puede echar a Satanás del negocio del aborto mientras antes no se arroje al
demonio del propio útero. Es tan simple como eso.
Podemos hacer represas en el río del aborto todo lo que queramos pero la
corriente correrá sobre, alrededor y finalmente a través de ellas y quedaremos
con leyes contra el aborto que nadie haga cumplir, lo que nos llevará de vuelta
atrás. Sólo tenemos que observar lugares como Alemania y Australia, donde el
aborto es mayormente ilegal, y vemos una cultura desenfrenadamente abortiva. En
América Latina, donde el aborto es completamente ilegal, se practica el aborto
más de lo que nadie quiere admitir. Es fácil predecir que estas culturas, al
igual que casi todas en el mundo, están ahora saturadas de contraceptivos.
La Paternidad Planificada se complace en decir a las culturas en todo el
mundo que rechazan el aborto que su propósito no es promover el aborto; que
están ahí para prevenir los embarazos no deseados que llevan al aborto. ¡Qué “generosos”
son! Mediante este artificio, bombean su veneno a 184 de los 193 países del
mundo conocido. Son malvados pero no estúpidos. Conocen la conexión entre la
contracepción y el aborto, lo que parece no comprender todavía ni siquiera el
movimiento provida.
No erradicaremos el aborto mientras no desarraiguemos la contracepción. Ya
es hora de que el movimiento provida encare este hecho.
La tercera y más alarmante razón por la que alegamos que estamos ganando la
batalla del aborto, pero realmente no es así, es que tenemos una manera de
pensar demasiado estrecha. ¿Conocen la mayoría de los americanos que se cometen
cada año 60 millones de abortos quirúrgicos en el mundo? Este estimado es sin
lugar a dudas bajo, pues es imposible llevar la cuenta de los abortos
practicados en las culturas donde todavía es ilegal. Esta cifra ni siquiera
toma en cuenta el número de abortos químicos que tienen lugar en proporción
alarmante con la RU-486, la píldora de la mañana siguiente, y la contracepción
que causa el aborto. En esta perspectiva, el genocidio en el mundo es
desconcertante.
Se nos olvida que lo que sucede en EEUU se convierte en el estándar del
mundo, aunque no inmediatamente. Queremos echar atrás a Roe y entonces esperar
que todos los demás nos sigan. No funciona así. El resto del mundo todavía está
en la implementación de Roe y lo estará haciendo por muchas décadas más. La
victoria que consiguieron los revolucionarios del aborto en 1973 llegó más allá
de sus más sensacionales sueños: el aborto durante los nueve meses de embarazo
certificado como un derecho fundamental por el más alto tribunal de la nación.
No se puede llegar a nada tan completo como eso, especialmente si se suman varios
cientos de millones de dólares por concepto de impuestos cada año que van
directamente a los cofres de la Paternidad Planificada. Desde entonces, estos
mismos revolucionarios del aborto han estado exportando la cultura de la muerte
al resto del mundo, y con ganas. El Tercer Mundo es territorio de conquista
para el reino de la muerte, y 60 millones de abortos al año no es suficiente
pare ellos.
Inclusive si EEUU se practicara una cirugía radical y sacara el aborto
fuera de las instancias políticas, el cáncer ya ha hecho metástasis y se está
regando por todos los rincones de nuestro mundo. Las demás naciones del mundo
pudieran seguir nuestro “buen” ejemplo, quizás cincuenta años más adelante. Me
pregunto si quedará alguien en esos países para dar marcha atrás a esas leyes
violentas. El aborto y la contracepción habrán causado grandes estragos en los
países más pobres de manera más precipitada de lo que ya ha sucedido en el
mundo desarrollado, y, si es que no han estado prestando atención, la
catástrofe en nuestro rincón del mundo es enorme. Un tercio de las naciones del
mundo cuentan con una tasa de fertilidad por debajo de la de reemplazo, lo que
significa que el “invierno demográfico” se nos acerca, y que la única manera
que nosotros o cualquier otra nación puede evitar esa catástrofe es comenzando
a tener más hijos. Dada la mentalidad contraceptiva reinante, no es probable
que esto suceda en un futuro cercano.
Frente a toda esta matanza y destrucción, ¿qué razón tengo para la
esperanza?
Nuestra Señora, simplemente.
Como Madre de la Vida, ella es “Vida, Dulzura y Esperanza nuestra” Desde hace mucho tiempo ha anunciado el
Triunfo de su Corazón Inmaculado, y tengo confianza en que esa victoria está efectuándose
en nuestro mundo mientras hablo. El de ella no será un triunfo de la educación,
aunque debemos continuar educando al mundo sobre la inviolabilidad de la vida.
No será un triunfo político, aunque debemos continuar luchando en el ámbito de
los derechos humanos fundamentales. ¿Y es que alguien de veras cree que el
sistema de tribunales corruptos se puede reformar en esta etapa del partido?
Ahí no es donde tendrá lugar Su victoria.
El Inmaculado Corazón de Nuestra Señora triunfará decididamente en los
corazones. Ese es el Reino en el que desea reinar con Su Rey. Por eso, en casi
todas sus apariciones Nuestra Señora ha pedido oraciones por la conversión de
los pecadores, y tenemos que hacerlo todos los días, comenzando con nosotros
mismos. El aborto es el crimen perfecto contra la humanidad; se ha hecho poderoso
debido a su éxito irrestricto en el mundo durante los últimos cuarenta años, y
en su arrogancia no pretende muy pronto dejar de matar, ¿pero será demasiado
poderoso para Nuestra Señora? Nunca. Ella es la Reina del Cielo y de la Tierra.
No hay pecado que pueda sobrepasar su poder de convertir corazones.
Termino con un
mensaje para el movimiento provida en general y para toda alma en particular:
Pongámonos de nuevo de rodillas para suplicar a Nuestra Señora la conversión de
nuestro mundo. Entonces, levantémonos con esperanza y manos a la obra.
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