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Aprueban el crimen de la eutanasia en Holanda

El martes 10 de abril del 2001 el Senado holandés aprobó la ley que permite la eutanasia en Holanda. Aunque este crimen contra la humanidad ya se venía practicando en ese país desde hace muchos años, en realidad no era legal. Lamentablemente, ahora sí lo es.

La reacción internacional no se hizo esperar, con Alemania a la cabeza de las protestas. El Cardenal Karl Lehmann, presidente de la conferencia Católica de Obispos Alemanes, acusó al país bajo de adoptar la "cultura de la muerte", al convertirse en la primera nación en legalizar la eutanasia y el suicidio asistido. El Cardenal añadió que era inconcebible que los médicos holandeses matarían a sus pacientes en vez de ayudarlos en una situación difícil.

Pero la Iglesia Católica no fue la única en condenar la infame decisión holandesa. Las críticas surgieron también de parte de ministros y médicos y fueron publicadas en primera plana en varios diarios alemanes.

En el país germano todavía está fresco en la memoria el recuerdo de los horrores perpetrados por algunos médicos alemanes que practicaron la eutanasia en miles de pacientes con limitaciones físicas y mentales. Estos asesinatos comenzaron antes de la venida de Hitler al poder. Ello se debió a la mentalidad antivida creada por la publicación, en 1920, del libro "La eliminación de la vida carente de valor", de dos intelectuales alemanes. Durante el período nazi la matanza por medio de la eutanasia aumentó considerablemente. Entre 1939 y 1941, los nazis mataron clandestinamente a alrededor de 10,000 hombres, mujeres y niños que tenían limitaciones físicas y mentales. El objetivo de esta siniestra actividad era "mejorar" la raza aria.

Los defensores de la ley holandesa dicen que su legislación es diferente a la práctica alemana del pasado. Explican que la ley estipula que la eutanasia sólo se practicará cuando el paciente, que padece un "sufrimiento prolongado e inaguantable", se lo pida a su médico y éste decida, luego de consultarlo con otro facultativo y de recibir su aprobación, que el ayudarlo a que se mate es la mejor "solución".

Pero ese argumento está absolutamente equivocado. Para empezar, los que se oponen a esa ley señalan con toda razón el potencial para el abuso inherente a estos reglamentos. De hecho, en años recientes, miles de pacientes han muerto en Holanda a manos de sus propios médicos, aún sin su consentimiento. Algunos de ellos no padecían ninguna enfermedad, sólo estaban deprimidos. La eutanasia y el suicidio asistido son actos intríseca y gravemente malos, con o sin consentimiento, pero el hecho de que se realicen sin que el paciente lo sepa constituye un agravante aún mayor.

Inconcebiblemente, en Holanda la ley también permite que los adolescentes de 12 años de edad en adelante pidan que se les mate, previa aprobación de sus padres. Cuando alcanzan la edad de los 16 y los 17 años, los padres pueden ser informados de la decisión de su hijo o hija de quitarse la vida, pero no pueden impedir que la lleve a cabo bajo la ley.

Pero hay más todavía. No es de sorprenderse que en ese país tan decadente, donde hasta la droga es legal, la medicina paliativa esté tan atrasada. Los médicos expertos en el control del dolor afirman que se puede perfectamente aliviar el dolor de los pacientes, tanto físico como mental. Las medicinas modernas y el entrenamiento especializado permiten que el paciente se sienta confortable y desista de sus impulsos irracionales de quitarse la vida o de pedir que se la quiten. Es precisamente en una situación tan vulnerable que los enfermos y los ancianos necesitan lo mejor de la medicina y de la solidaridad humana, no que se les mate.

La enseñanza de la Iglesia Católica al respecto, que se basa en la fe, en la razón y en la ciencia, es bien clara. "Es necesario reafirmar con toda firmeza que nada ni nadie puede autorizar la muerte de un ser humano inocente, sea feto o embrión, niño o adulto, anciano, enfermo incurable o agonizante. Nadie además puede pedir este gesto homicida para sí mismo o para otros confiados a su responsabilidad, ni puede consentirlo explícita o implícitamente. Ninguna autoridad puede legítimamente imponerlo ni permitirlo. Se trata en efecto de una violación de la ley divina, de una ofensa a la dignidad de la persona humana, de un crimen contra la vida, de un atentado contra la humanidad."

Fuentes: Roger Cohen, "Horror Expressed in Germany Over Dutch Euthanasia," The New York Times, 12 de abril del 2001 http://www.nytimes.com/2001/04/12/world/12EUTH.htm. Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración sobre la eutanasia, 5 de mayo de 1980, Parte II.





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