
La Cumbre del Milenio terminó el pasado 8 de septiembre del 2000 en la sede la Organización de Naciones Unidas (ONU), en Nueva York. Al cabo de tres días y de más de 150 discursos, prácticamente la única noticia de la Cumbre fue la pesadilla de embotellamientos que las limosinas y los cortejos de los distintos mandatarios causaron en Manhattan. La reunión terminó sin sorpresas y con el escenario político internacional sin cambio alguno.
La labor principal de la Cumbre terminó aún antes de haber comenzado, con la redacción de una declaración política que los negociadores acordaron el lunes 4 de septiembre. La Declaración de la ONU para el Milenio reafirmó la actitud favorable de la mayoría de los líderes mundiales hacia las aspiraciones de la ONU: "Reafirmamos nuestra fe en la Organización y su Carta como los fundamentos indispensables de un mundo más pacífico, próspero y justo".
La Declaración afirma seis principios generales: libertad, igualdad, solidaridad, tolerancia, respeto a la naturaleza y responsabilidad compartida. A los que defienden la vida y la familia les preocupa la sección sobre el "respeto a la naturaleza", porque en ella se pide el establecimiento de "preceptos para un desarrollo sostenible". Este eufemismo se refiere a un conjunto de temas que incluyen el control demográfico (por medio de la anticoncepción, la esterilización y el aborto) y el control centralizado de la actividad económica.
La sección sobre la "responsabilidad compartida" también preocupa a muchos, porque en ella se pide que la ONU desempeñe un papel central en "la administración del desarrollo económico y social del mundo". Anteriormente, durante esa misma semana de la Cumbre, el ex-líder soviético Mikhail Gorbachev y el multimillonario George Soros pidieron que se estableciera una autoridad central para que administrara la economía mundial, una idea que ha sido desacreditada en todas partes al finalizar la Guerra Fría y producirse el colapso de la Unión Soviética.
En lo que podría constituirse en un manotazo al creciente poder de las agencias de la ONU, la Declaración también reafirmó la centralidad en cuanto a "la elaboración de políticas" de la Asamblea General dentro de la estructura de la ONU. También pidió "una reforma completa del Consejo de Seguridad en todos sus aspectos". Muchos quieren que el Consejo de Seguridad se extienda y que los cinco vetos permanentes sean eliminados.
La Declaración reiteró la importancia de la soberanía nacional. "Nos volvemos a comprometer con el apoyo a todos los esfuerzos encaminados a mantener la igualdad soberana de todos los Estados; con el respeto hacia su integridad territorial y su independencia política..." Sin embargo, el hecho de que la soberanía no se encontraba en el primer borrador de la Declaración demuestra la tensión dentro de la ONU con respecto a este tema.
Kofi Annan, Secretario General de la ONU, ha sugerido que el respeto a los derechos humanos estén por encima de la soberanía nacional a la hora de tomar la decisión de realizar una intervención por la fuerza. Anteriormente durante la semana, Bill Clinton, Presidente de Estados Unidos, sugirió lo mismo. El problema es que usualmente los que abogan por una disminución del respeto hacia la soberanía nacional en pro de los derechos humanos en general surgen de organizaciones no gubernamentales (ONGs), ciertas agencias de la ONU y algunos Estados occidentales, que sostienen una falsa ideología sobre dichos derechos. Se trata de una ideología que, entre otras cosas, está a favor del aborto y de un concepto de familia que acepta el homosexualismo. Con esta ideología pretenden reinterpretar los derechos humanos e imponer su propia versión de ellos a los países cuyas leyes protegen la vida y la familia. Sin embargo, los Estados Miembro defienden celosamente la noción de soberanía nacional y por ello dicha noción casi siempre aparece en la versión final de los documentos, y así ocurrió en esta Cumbre.
Fuente: Austin Ruse, "World Leaders Issue Declaration on Future of the United Nations," Friday Fax, 8 de septiembre del 2000. Vol. 3. No. 41.
Austin Ruse es el Presidente del Instituto Católico para la Familia y los Derechos Humanos o C-Fam (Catholic Family & Human Rights Institute), una entidad no lucrativa que se dedica a observar y a informar sobre las actividades de la ONU en los asuntos que tienen que ver con la vida humana, la familia y el control demográfico. Diríjase (en inglés) al Catholic Family & Human Rights Institute, 866 United Nations Plaza, Suite 4038, New York, New York 10017, USA. Tel.: (212) 754-5948. Fax: (212) 754-9291. E-mail: c-fam@c-fam.org. Página web: www.c-fam.org. C-Fam publica un boletín semanal electrónico o por fax, titulado Friday Fax ("Fax del viernes").
Archivos de noticias [ Publicaciones
]
[ Noticias
mundiales por tema ] [ Comunicados a la prensa ][ Biblioteca ]
