
Una veintena de activistas proaborto irrumpió en la Catedral María Reina del Mundo en Montreal, Canadá, el 7 de marzo del 2000 y quemó cruces, roció pintura sobre el altar y las paredes, blasfemando, arrojando preservativos e intentando derribar el tabernáculo, al mismo tiempo que exigían el mal llamado "derecho" al aborto.
La policía arrestó a tres mujeres jóvenes de poco más de 20 años de edad cada una, a otra más joven de menos de 18 y a tres hombres jóvenes de poco más de 20 años cada uno. Los cargos imputados fueron de reunión ilícita. Más tarde los soltaron bajo la promesa de que comparecerían ante los tribunales. A dos de las personas arrestadas también les formularon cargos de agredir a un oficial de la policía y a otra de obstrucción.
Un testigo dijo al diario National Post que el ataque fue organizado por activistas en pro del feminismo extremista que estaban celebrando el Día Internacional de la Mujer. La manifestación comenzó en la Plaza Phillips (Phillips Square) con unos 50 participantes que gritaban consignas a favor del aborto y contra el sexismo.
Es indudable que la mentalidad antivida poco a poco va generando una mentalidad intolerante hasta el punto de llegar a la violencia. Es probable que la causa de ello esté en la incomodidad que progresivamente se va sintiendo en la conciencia ante el reproche que ésta hace por el mal que se está promoviendo y que entidades como la Iglesia Católica han denunciado valientemente a través de los siglos. La respuesta de los cristianos ante estos fenómenos, por supuesto, no debe ser el rencor ni mucho menos el odio, sino el amor, la firme defensa de los sitios sagrados de manera conforme a la moral y el ejemplo de amor de Jesús por estas personas tan necesitadas de Dios.
FUENTE: "Pro-Abortion Mob Vandalizes Catholic Church," johnlach95@msn.com, 11 de marzo del 2000.
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