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Tuesday, 11 July 2017 20:24

Teología del cuerpo: Catequesis 6: El primer hombre, imagen de Dios Featured

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(Impartida el 24 de octubre de 1979)

 

1. Continuamos ahondando en el concepto del hombre (antropología) que se deduce de un análisis profundo de Génesis 2. Observamos en este capítulo que, cuando Dios crea al hombre y le da dominio sobre todos los árboles, incluyendo el del conocimiento del bien y del mal, aparece otra característica del ser humano: su libre voluntad o autodeterminación. Esto a su vez implica que el hombre ha sido dotado por Dios de una subjetividad propia.

 

El significado de la soledad original del hombre incluye su subjetividad, la cual, a su vez, incluye su autoconsciencia y su autodeterminación. Sin estas características, no podemos entender correctamente las palabras de Dios de “voy a hacerle una ayuda” ni tampoco la creación de la mujer. Pero, sobre todo, no podemos entender al ser humano como ser creado a imagen de Dios.

 

2. En este relato, el hombre se manifiesta como sujeto de la primera Alianza con Dios. Es decir, el ser humano aparece como “compañero” de Dios en una relación interpersonal con Él. Ello implica que el hombre puede y debe discernir y elegir conscientemente entre el bien y el mal. En Génesis 2:16-17, Dios le da un mandamiento al hombre: el de poder comer de los frutos de todos los árboles del jardín, menos del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Este mandamiento simboliza la primera Alianza que Dios establece con el hombre. Al mismo tiempo que revela la sumisión y la dependencia del hombre en Dios, revela la subjetividad y humanidad del hombre.

 

Aquí se nos revela otra dimensión del significado de la soledad original del hombre. Sólo él tiene una relación única e irrepetible con Dios mismo. Esta definición antropológica de Génesis 2, del hombre como compañero del Absoluto, corresponde a la definición teológica del ser humano en Génesis 1:26, de que el hombre y la mujer han sido creados a imagen y semejanza de Dios.

 

3. Esta reconstrucción que estamos haciendo del ser humano en su inocencia original abarca la totalidad de la persona humana: incluye su alma y su cuerpo. Aunque no lo diga explícitamente, todo el contexto nos sugiere que Génesis 2 presenta al ser humano como un cuerpo entre otros cuerpos (los de los animales). Es a través del cuerpo que la persona humana participa en el resto del mundo visible.

 

Más aún, este ser humano primitivo, que no es capaz todavía de conocerse a sí mismo como resultado de una reflexión filosófica profunda, se va auto-descubriendo en comparación con otros seres vivientes y no vivientes a través de su propio cuerpo. Es a través de su cuerpo que se distingue y “se separa” del resto de los seres vivientes de la creación material. Ello a su vez conduce al ser humano a conocer y a tener consciencia del significado de su propio cuerpo. Es una especie de autoconsciencia “primitiva”, pero real y válida.

 

4. Génesis 2:5-6 dice que “no había todavía hombre que labrase la tierra ni rueda que subiese el agua con qué regarla”. Este pasaje corresponde al de Génesis 1:28 que dice que Dios manda al hombre y a la mujer, inmediatamente después de crearlos a Su imagen, a “henchir la tierra y a someterla y dominarla”. Todo ello implica que el primer medio fundamental para dominar la tierra se encuentra en el ser humano mismo. Sólo el ser humano puede “cultivar la tierra y regarla”. Y esa labor la realiza con su inteligencia y con su cuerpo humano. Por consiguiente, a través de su soledad original y del carácter único de su cuerpo, la persona humana, creada a imagen de Dios, comienza a descubrir el significado de su propia corporeidad y, por tanto, de sí misma.

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