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Miércoles, 09 de Agosto de 2017 18:25

Catequesis 11: Las experiencias primordiales del hombre

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(Impartida el 2 de enero de 1980)

1. Génesis 2:25 nos enseña que la desnudez original significa el bien original de la visión de Dios. “Y vio Dios ser muy bueno cuanto había hecho” (Génesis 1:31). Significa toda la sencillez y plenitud de la visión que percibe el valor puro del ser humano como varón y mujer, y el valor puro del cuerpo y del sexo. Esta visión no conoce ruptura interior ni contraposición entre lo que es espiritual y lo que es sensible, ni entre lo masculino y lo femenino.

 

El hombre y la mujer tienen en su interior una participación en la visión pura que Dios tiene de todo lo creado. El hombre y la mujer se ven a sí mismos más plena y claramente con esa visión interior que Dios les ha dado que con los ojos del cuerpo. Se ven y se conocen a sí mismos con toda la paz que da esa mirada interior. Y esa mirada interior es la que crea la plenitud de intimidad entre las personas. Esa tranquilidad que da el ver al otro y el sentirse visto por el otro con la misma pureza y sencillez, es lo que hace posible la plenitud de entrega y comunicación recíprocas. Esa mutua comunicación se manifiesta en la complementariedad propia y única entre el hombre y la mujer. El hombre y la mujer se convierten en don el uno para el otro. Cada uno busca enriquecer al otro con el don de su propia persona y cada uno acoge al otro como lo que es: un don precioso de Dios.


Gracias a esa mutua auto-donación y a la comunidad-comunión que surge de ella, el hombre y la mujer alcanzan una comprensión más profunda del significado del cuerpo. A esa comunidad-comunión la llamamos esponsalconyugal. Esto merece un profundo análisis.

 

2. Génesis 1 y 2 nos ofrecen una antropología adecuada. Este término se refiere a una compresión e interpretación del ser humano en lo que es esencialmente humano. Esta antropología se opone a reducir al ser humano a una perspectiva naturalista, que ya explicamos antes. Este reduccionismo naturalista casi siempre va acompañado de la teoría evolucionista acerca de los orígenes del ser humano.

 

El elemento esencial de la antropología adecuada es el hecho de que el hombre y la mujer han sido creados a imagen de Dios. Este concepto es la raíz de la verdad sobre el ser humano. El hombre y la mujer llevan impresa en su cuerpo desde el “principio” la imagen de Dios.

 

Introducimos ahora una nueva dimensión, un nuevo criterio de comprensión e interpretación, que llamamos hermenéutica del don. [La palabra “hermenéutica” viene del griego y significa “la ciencia de la interpretación”. Aquí “hermenéutica del don” significa comprender la realidad, y, en este caso, al ser humano como hombre y mujer, desde la perspectiva del don. Para simplificar las cosas, podemos definir la “hermenéutica del don” sencillamente como la “dimensión del don”, como la “perspectiva del don” o la “dinámica del don”, dependiendo del contexto.]

 

La dimensión del don está en el corazón mismo de la creación. Esa dimensión determina la verdad esencial y la profundidad del significado de la soledad, la unidad y la desnudez originales. También nos permite y nos exige construir la teología del cuerpo desde el “principio”, al que Cristo se refirió en su discusión con los fariseos.

 

3. La palabra “creó” (bará, en hebreo) es usada en Génesis 1 exclusivamente para referirse a la acción de Dios. Aparece solamente en el versículo 1 (creación de los cielos y la tierra), en el 21 (creación de los animales) y en el 27 (creación del hombre y la mujer). Pero en este último caso aparece tres veces. Ello significa que con el ser humano, la creación material ha alcanzado su plenitud y perfección.

 

Dios se revela sobre todo como Creador. Cristo se remite a esa revelación fundamental. En Cristo el concepto de creación tiene toda su profundidad metafísica (en el ser mismo de todo lo creado) y teológica (en cuanto a la dependencia y relación de todo lo creado con Dios). Creador es el que llama a la existencia al mundo y al ser humano de la nada, y lo hace por amor, porque “Dios es amor” (1 Juan 4:8 y 16).

 

Génesis 1 no dice que Dios es amor. Sin embargo, sí dice que Dios llamó muy bueno a todo lo había creado (v. 31). Eso significa que el amor fue el motivo por el cual lo creó todo. Sólo el amor da comienzo al bien y se complace en el bien (véase 1 Corintios 13). Por consiguiente, la creación consiste en una donación fundamental y radical, porque en esa donación el don surge de la nada. [Es una donación totalmente gratuita porque Dios no necesita la creación. La creó libremente para compartir Su amor con ella, es decir, para darse a ella totalmente (véase el Catecismo, no. 293). Por lo tanto, toda la creación está impregnada por la dimensión del don.]

 

4. El concepto del don indica al que da, al que recibe el don y a la relación entre los dos. Ahora bien, esa relación surge cuando Dios crea al ser humano, el único ser material capaz de establecer, por iniciativa de Dios, una relación y comunión interpersonal con su Creador. Ése es el significado esencial del haber sido creado a imagen de Dios. Sólo la persona humana es capaz de comprender el significado del don. El ser humano aparece en la creación como el que ha recibido el mundo como don y, viceversa, el mundo ha recibido al ser humano como don.

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