Jueves, 30 de Noviembre de 2017 11:52

Catequesis 47: “Eros” y “ethos” en el corazón humano Featured

Rate this item
(0 votes)

(Impartida el 5 de noviembre de 1980)

 

1. Hemos intentado acercar nuestras reflexiones a los hombres de hoy. Al respecto ya hemos aludido en el ciclo anterior a la palabra “eros”. Se trata de un término griego que pasó de la filosofía a la teología, luego a la literatura y finalmente al lenguaje corriente. Al contrario del término “ethos”, la palabra “eros” resulta desconocida en la Biblia. En nuestros análisis de los pasajes bíblicos, hemos empleado el término “ethos”, que por ser una palabra griega aparece en el Nuevo Testamento [y también en la traducción antigua del Antiguo Testamento del hebreo al griego, que se realizó unos 200 años antes de Cristo por especialistas, para sus compatriotas de la diáspora judía (los que vivían fuera de Israel). Esta traducción se llama Septuaginta o LXX.] Hemos empleado este término, porque, en general, en la filosofía y la teología el término “ethos” se refiere al complejo mundo del bien (experimentado en término de valores) en pugna con el mal (experimentado en término de anti-valores) en el interior de la persona, es decir, en su voluntad, en su consciencia y en su corazón.

 

Por otro lado, el término “eros” es el nombre propio de un personaje de la mitología griega. Pero también tiene un significado filosófico en Platón (siglo IV AC). Según este filósofo, el hombre vive entre el mundo de los sentidos y las cosas, por un lado, y el mundo de las ideas puras, por el otro. Su propósito es llegar al mundo de las ideas. Para lograrlo, necesita al eros. El eros es como un impulso, aspiración o deseo permanente en el hombre de las ideas puras. Este deseo surge en él al contemplar las cosas materiales. Es decir, el eros es una orientación sensual o sensible en el hombre hacia lo que trasciende el mundo de las cosas, la fuerza que lo dirige al mundo de las ideas. Por ejemplo, el hombre contempla la belleza de un cuerpo humano y el eros impulsa su espíritu a la idea o concepto puro del cuerpo humano. De ahí, el eros lo dirige a la belleza de la ciencia y finalmente a la belleza en sí misma. Es un paso de la ciencia o conocimiento simple (conocimiento de cosas particulares), a la ciencia o conocimiento supremo de las ideas eternas. 


En Platón, el eros no es ni puramente humano ni puramente divino, es un intermediario. Aunque el eros es un deseo permanente de poseer, se diferencia, sin embargo, del amor puramente sensual, porque es el amor o deseo de la unión del alma humana con lo sublime, con la belleza trascendente.

 

Para Platón, los dioses no aman, porque no sienten deseos porque sus deseos ya están saciados. Por ello no pueden ser sujetos de amor, sino solo objetos de amor. Por lo tanto, no tienen una relación directa con el hombre, a excepción del lazo que une al hombre con ellos por mediación del eros. El eros es el camino que conduce al hombre a la divinidad, pero no viceversa.

 

El eros es, pues, una forma que el hombre tiene de huir del mundo material para llegar al mundo trascendente. El alma tiene que renunciar al mundo sensible, al mundo que en realidad “no es”, para poder ir más allá, al mundo espiritual, que de verdad “es”. La belleza de las cosas materiales sólo tiene valor tanto en cuanto sirve como de escalón para que el hombre pueda ascender más alto.

 

En realidad, este amor del eros es un amor egoísta, porque es un amor de conquista y posesión (no de auto-donación), de poseer para siempre el bien o belleza suprema y espiritual.

 

Este significado que le da Platón al “eros” es diferente a los que ordinariamente se le dan en la literatura y en la vida común. En ambas, se le dan varios significados con algunos matices diferentes, que se refieren al cuerpo y a la sexualidad. Conviene valorar estos significados que definen al “eros” como lo “erótico”.

 

2. En la literatura y en el uso común, el eros, en vez de ser la intensidad de un acto interior de la persona hacia lo espiritual, como lo es en Platón, se refiere a la atracción sexual. El eros suscita la tendencia mutua, en el hombre y la mujer, a la unión de sus cuerpos. La pregunta es, entonces, si esta interpretación del eros tiene el mismo significado que la de la “unión en una sola carne”, que es al mismo tiempo la unión-comunión de las personas, de la que habla Génesis 2:23-25. En relación con esto, también tendrá importancia fundamental la manera en que entendamos el término “concupiscencia”, al que se refiere Cristo en Mateo 5:27-28.

 

3. La interpretación sexual (y también psicológica) que la literatura y el uso común le dan al término “eros” repercuten también en una interpretación del término “concupiscencia” reducida a lo sexual y psicológico. Aclaramos que no estamos dejando de valorar dicha interpretación, que se da en el campo científico, sino solamente alertando acerca del peligro de quedarnos en ese nivel.

 

En todo caso, según la interpretación sexual y psicológica, la concupiscencia indica la intensidad subjetiva de la tendencia de un hombre hacia una mujer (o al revés) motivado por la atracción sexual. La concupiscencia extiende su dominio sobre las emociones del hombre (o de la mujer) e implica a su cuerpo también.

 

Si igualamos esta interpretación de la concupiscencia (reducida a lo sexual y psicológico) al término “eros”, entonces todo deseo erótico o sexual, sin excepción alguna, se definiría como el deseo de satisfacer la concupiscencia. En ese sentido, las palabras de Cristo en Mateo 5:27-28 expresarían un juicio negativo y una advertencia contra el eros o contra todo deseo sexual.

 

4. Sin embargo, hemos dicho que el significado del eros tiene muchos matices. Por tanto, no podemos reducir el sentido de Mateo 5:27-28 a solo uno de ellos. El significado platónico, a pesar de algunos errores que tiene, permite un lugar para el ethos dentro de la amplia gama de significados del eros. Es decir, el eros también puede tener un sentido ético e, indirectamente también, un significado teológico (en relación con Dios y su plan para nosotros). Estos significados han sido enfatizados, según nuestro análisis, en la llamada que Cristo hace al corazón humano en este pasaje bíblico. El corazón humano tiene una específica y compleja riqueza que no podemos dejar de lado, sino que debemos entender correctamente.

 

5. Si aceptamos que el eros también significa la fuerza interior que atrae al ser humano hacia la verdad, el bien y la belleza, entonces las palabras de Cristo en Mateo 5:27-28 no son solo una advertencia al corazón humano de no caer en la concupiscencia, sino también una llamada al ethos de la redención, es decir, a la verdad, al bien y a la belleza.

 

Esta llamada de Cristo también nos indica que el eros y el ethos no son divergentes, no se contraponen entre sí, sino que están llamados a encontrarse en el corazón humano y a que ese encuentro dé fruto. El corazón humano ha sido llamado por Cristo a vencer la triple concupiscencia, especialmente en este caso la de la carne (ver 1 Juan 2:16) y a transformar el eros por medio del ethos y, en definitiva, del amor verdadero.

 

6. Sin embargo, en la vida diaria somos propensos a relacionar la ética (la moral) exclusivamente con normas negativas. En ese sentido, también interpretamos las palabras de Cristo en Mateo 5:27-28 exclusivamente como una prohibición. No intentamos descubrir los valores realmente profundos y esenciales (el ethos) que esta prohibición contiene, protege, libera y hace accesibles, si aprendemos a abrir nuestro corazón a ellos.

Portada Noticias » Catequesis 47: “Eros” y “ethos” en el corazón humano

Latest from

back to top