Miércoles, 01 de Noviembre de 2017 11:54

El peligro de la teoría del “vestido sin costuras” (II) Featured

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Padre Shenan J. Boquet
Presidente
Human Life International

 

Los proponentes de la ideología del “vestido sin costuras” descuidan a menudo la distinción crucial que existe entre los actos que son malos por su propia naturaleza (males intrínsecos) y los problemas sociales que son más complejos: la falta de un buen sistema educativo, económico o de sanidad, etc. Los actos intrínsecamente malos siempre son pecaminosos, si se llevan a cabo con conocimiento e intención; mientras que los problemas sociales de gran complejidad, si bien es verdad que no pocas veces constituyen graves amenazas a la dignidad humana, tienen una gran variedad de causas, entre las cuales el pecado desempeña solo una parte.

 

Gracias a Dios, tenemos a la Iglesia para guiarnos en estos temas tan complicados. Ella nos enseña, nos aconseja y forma nuestra conciencia y nuestra vida moral. La Iglesia enseña que el acto humano (el acto deliberado) tiene tres fuentes para evaluar su moralidad: el objeto del acto, es decir, lo que hacemos; el fin subjetivo que buscamos o la intención, es decir, el por qué lo hacemos; y la situación concreta o las circunstancias en medio de las cuales realizamos el acto. Para que un acto humano sea bueno desde el punto de vista moral, las tres fuentes deben ser buenas. 


Al respecto, el Catecismo de la Iglesia Católica, no. 1756, nos enseña que “Es, por tanto, erróneo juzgar de la moralidad de los actos humanos considerando sólo la intención que los inspira o las circunstancias (ambiente, presión social, coacción o necesidad de obrar, etc.) que son su marco. Hay actos que, por sí y en sí mismos, independientemente de las circunstancias y de las intenciones, son siempre gravemente ilícitos por razón de su objeto; por ejemplo, la blasfemia y el perjurio, el homicidio y el adulterio. No está permitido hacer el mal para obtener un bien”.

 

Los actos que son intrínsecamente malos son aquellos que fundamentalmente entran en conflicto directo con la ley moral. En otras palabras, su objeto moral es malo. No deben ser realizados bajo ninguna circunstancia ni por ningún motivo. Por consiguiente, es un pecado mortal el apoyar o promover deliberadamente cualquiera de ese tipo de actos. Por ello es que el Catecismo establece con toda claridad que un acto intrínsecamente malo no puede ser justificado, simplemente porque la persona quería lograr un buen fin o debido a las circunstancias que rodeaban a dicho acto.

 

El Papa San Juan Pablo II también se hizo eco de esta doctrina de siempre de la Iglesia, cuando en su maravillosa Encíclica Veritatis Splendor, no. 81 expresó: “Por esto, las circunstancias o las intenciones nunca podrán transformar un acto intrínsecamente deshonesto por su objeto en un acto subjetivamente honesto o justificable como elección”.

 

La Conferencia de Obispos Católicos de EEUU, en su Carta Pastoral La formación de las conciencias para una ciudadanía fiel, no. 92, también enseña con toda claridad que no todos los asuntos morales están al mismo nivel: “Nuestro enfoque no está dirigido a una afiliación partidista, ideológica o económica, ni siquiera a una competencia o capacidad para cumplir con ciertos deberes, por importante que éstos sean. En vez de ello, nuestro enfoque está dirigido a aquello que protege o amenaza la dignidad de toda persona humana…No todos los asuntos son iguales…Algunos de ellos implican actos intrínsecamente malos, que nunca pueden recibir aprobación. Otros asuntos conllevan la obligación de buscar el bien común”.

 

En el caso del aborto, el objeto moral es el ponerle fin deliberadamente a una vida humana inocente. Como tal, es un acto intrínseca y gravemente malo, que nunca está justificado. Los actos homosexuales y las uniones entre personas del mismo sexo también son actos intrínseca y gravemente malos debido a que su objeto es moralmente malo, a saber, la privación del acto conyugal, al cual le son intrínsecos los bienes o significados unitivo y procreador. Como estos bienes o valores son muy importantes, se sigue que el violarlos constituye un acto intrínseca y gravemente malo.

 

Tristemente, vivimos en un mundo en el cual, cada año, el aborto mata a millones y millones de bebés no nacidos, la eutanasia mata a miles de ancianos y otras personas vulnerables. Estas amenazas aumentan diariamente por parte de poderosas fuerzas que, de manera concertada, socavan la verdad acerca de la sexualidad humana y la familia. A la luz de esta situación, el rol de la Iglesia debe ser bien claro: predicar la verdad del Evangelio y la doctrina moral cristiana, sin importar el costo.

 

En vez de ello, vemos cómo un creciente número de líderes en la Iglesia dan mensajes confusos acerca de graves males morales, como la anticoncepción, el aborto, la eutanasia, la actividad homosexual y el “matrimonio” entre personas del mismo sexo. En vez de ayudar a formar la conciencia de sus fieles, minimizan estas atrocidades comparándolas con otros problemas sociales. Se niegan a identificar estos males de manera explícita por lo que fundamentalmente son: actos intrínseca y gravemente malos, actos que constituyen el peligro más grave que pueda haber para la salvación de las almas y el futuro de la humanidad.

 

La mentalidad del “vestido sin costuras” desvía nuestra atención de las vidas inocentes que sufren la muerte a causa de la violencia del aborto y la eutanasia, e intenta centrarla en instituciones y estructuras sociales, las cuales siempre son secundarias. Como muchas otras tácticas de la “cultura” de la muerte, la ideología del “vestido sin costuras” tiene el propósito de desviar la atención de sus males intrínsecos y diluir los esfuerzos provida haciendo que los mismos se vuelvan ineficaces. No debemos permitir que nos engañen.

 

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