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Padre Shenan J. Boquet
Presidente
Human Life International

 

Es necesario que haya muchos grupos provida que luchen contra el monstruo del aborto. Pero también, como dijo nuestro fundador, el Padre Paul Marx, OSB, sería inútil y carente de visión el hacerlo sin tomar en cuenta que la principal fuente de la matanza de bebés no nacidos es la anticoncepción.

 

He escrito antes acerca de la conexión entre la anticoncepción y el aborto. Es decir, he demostrado que, estadísticamente hablando, al aumentar el uso de la anticoncepción la tasa de abortos también aumenta [1]. Sin embargo, muchas personas todavía reaccionan con sorpresa e incredulidad ante esta realidad. Ello ocurre a pesar de que los mismos líderes abortistas lo han admitido desde la década de los 60 como algo evidente por sí mismo [2].

 

Sin embargo, dos nuevos estudios de la Bristish Pregnancy Advisory Service (BPAS), una de las principales agencias que provee abortos en el Reino Unido, nos han proporcionado una nueva y horrible comprensión de la simbiosis interna que une a la anticoncepción y el aborto. 


Brian Clowes
PhD
Director de Investigación y capacitación
Human Life International


Hay una diferencia entre la parcialización y la corrupción. La parcialización suele ser inconsciente. El periodista o comunicador parcializado no se da cuenta de que sus propias opiniones se filtran en lo que escribe o comunica. Pero no es intencional. A casi todo el mundo le pasa eso.


En un reciente artículo sobre la lucha contra el aborto en El Salvador, los reporteros del periódico inglésThe Guardian no reflejan parcialización, sino corrupción. Han torcido deliberadamente los hechos para proyectar sus propias opiniones abortistas. En este caso, no se trata de un reportaje imparcial. Se trata de una combinación de pura deshonestidad y holgazanería periodística. Ello es evidente en el vocabulario que utilizan. A los provida les llaman “anti-opción”, “anti-mujer” y “anti-derechos”; mientras que a los abortistas les llaman “defensores de la salud reproductiva”, cuando el aborto ni es salud ni es reproductor, sino todo lo contrario.


El artículo en cuestión se dedica a condenar a Human Life International (HLI) por apoyar la Constitución provida de El Salvador y por proporcionar $47,000 a los hogares para mujeres embarazadas que necesitan ayuda en ese país. Cualquier persona decente y con dos dedos de frente se preguntaría qué hay de malo en todo esto. Pero la obstinada ideología abortista de los redactores del artículo de The Guardian no les permite ver más allá de sus narices.


En todo caso, echemos un vistazo a las cifras:

(Impartida el 22 de octubre de 1980)

1. Como ya hemos señalado en la catequesis anterior, no es posible encontrar en Mt 5:27-28 una condenación del cuerpo ni una acusación contra él, como equivocadamente deducía el maniqueísmo. Ni siquiera hay una acusación contra el corazón humano, sino una llamada al mismo a un examen autocrítico. En este pasaje, el juicio que hace Cristo del deseo que surge de la concupiscencia de la carne no es una negación, sino una afirmación del cuerpo. El cuerpo es afirmado en este pasaje como el elemento que, junto con el alma, determina la naturaleza personal que posee el ser mismo de la persona humana y que participa de su dignidad. De manera que el juicio de Cristo en Mt 5:27-28 es esencialmente distinto del maniqueísmo.

 

2. En Mt 19:3-9, pasaje que examinamos en el primer ciclo, Cristo defiende la unidad del hombre y la mujer que los hace “una sola carne” en el matrimonio (ver Génesis 2:24). El cuerpo del hombre y de la mujer está llamado desde el “principio” a convertirse en manifestación del espíritu, también en la unión conyugal. Incluso, en esa unión, el cuerpo asume el valor de signo, en cierto modo sacramental (como se verá después).

 

La enseñanza de Cristo es totalmente coherente en su conjunto, ninguna parte de ella entra en contradicción con otra. De manera que cuando en Mt 5:27-28, Cristo advierte severamente contra la concupiscencia de la carne, no se está contradiciendo. Al contrario, expresa la misma verdad acerca del cuerpo que acabamos de repasar brevemente en Mt 19:3-9, si bien de manera distinta. En ambos pasajes, Cristo afirma la dimensión ontológica del cuerpo, es decir, que el cuerpo es una dimensión intrínseca del ser mismo de la persona humana. Al mismo tiempo confirma su significado moral, es decir, el hecho de que el cuerpo, por ser una dimensión de la persona, es un valor que debe ser respetado y que debe ser empleado de forma honesta.

(Impartida el 15 de octubre de 1980)

 

1. En todas las catequesis anteriores de este segundo ciclo hemos analizado detalladamente Mt 5:27-28: “Habéis oído que fue dicho: No adulterarás. Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer deseándola, ya la hizo adúltera en su corazón”. Esta llamada al corazón pone en claro la dimensión interior de la persona humana, que pertenece a la moral y a la teología del cuerpo (TDC). Este deseo que surge de la concupiscencia de la carne (ver 1 Juan 2:16-17) es, al mismo tiempo, una realidad interior y teológica (que tiene que ver con la relación con Dios), que experimenta todo “hombre histórico” (todo ser humano después del pecado original y afectado por él, excepto Cristo mismo y la Virgen María).

 

Todo “hombre histórico”, aún aquel que no conoce Mt 5:27-28, debe plantearse la pregunta acerca de su propio corazón. Mt 5:27-28 concretiza esta pregunta general en la siguiente: ¿Se acusa al corazón o se le llama al bien? También surge una segunda pregunta más práctica: ¿Cómo puede y debe actuar el ser humano que acoge las palabras de Cristo en Mt 5:27-28? En estas reflexiones consideraremos estas preguntas. 

Padre Shenan J. Boquet
Presidente
Human Life International

 

El estudio de la BPAS incluye detalles que parten el corazón. Una señora, a quien llamaremos “Catriona”, fue donde la BPAS para que le practicara un aborto tardío. La agencia expresó lo siguiente respecto de ella: “Está contrariada porque ya puede sentir el embarazo, peo también siente que el aborto es lo mejor para ella”.

 

De manera que “Catriona” se “siente contrariada” porque “siente el embarazo”. “¡El embarazo!”. Lo que de hecho siente son los deditos de las manitas y de los piecitos de su bebé tocando las paredes interiores de su útero. Siente a su hijo plenamente formado y saludable que crece y estira su cuerpo, ejercitando así su propia fuerza recién descubierta,  llenando el espacio cada vez más pequeño para él en el seno de su madre, presionando su cabecita contra las costillas maternas y dando pataditas.

 

“Porque Tú me has formado en lo más íntimo; me has tejido en el seno de mi madre” (Salmo 139:13).

 

Para darle un crédito muy limitado a la BPAS, es una de las muy pocas organizaciones abortistas que son honestas en cuanto a la propaganda anticonceptiva que rea falsas y mortíferas expectativas. En su informe más reciente, la BPAS lamenta que, a pesar de que en la actualidad todo tipo de anticonceptivo a veces falla, “el discurso público y algunas iniciativas de planificación familiar frecuentemente dan a entender que el aborto siempre se puede evitar por medio del uso de anticonceptivos”.

(Impartida el 10 de septiembre de 1980)


1-2. En la literatura mundial también hay descripciones parecidas a las advertencias de los libros sapienciales contra el adulterio. Por ejemplo, tenemos las Confesiones de San Agustín, la Divina Comedia de Dante y Shakespeare (citado por C.S. Lewis en The Four Loves, Nueva York, 1960, Harcourt, Brace, pág. 28). Una imagen común a esta literatura y a los libros sapienciales es la de comparar la concupiscencia de la carne con el fuego. La concupiscencia es como un ardor que invade la mente y el cuerpo del hombre (o de la mujer) y se apodera de su corazón. Esta pasión desordenada sofoca la voz de la conciencia en lo más profundo del corazón y el sentido de responsabilidad ante Dios. Esta triste realidad es descrita con gran elocuencia en el pasaje de Eclesiástico 23:22-32:


“...el que se abrasa en el fuego de sus apetitos que no se apaga hasta que del todo le consume; el hombre impúdico consigo mismo, que no cesará hasta que su fuego se extinga; el hombre fornicario, a quien todo el pan es dulce, que no se cansará hasta que no muera; el hombre infiel a su propio lecho conyugal, que dice para sí: ‘¿Quién me ve? la oscuridad me cerca y las paredes me ocultan, nadie me ve, ¿qué tengo que temer? El Altísimo no se da cuenta de mis pecados’. Sólo teme los ojos de los hombres. Y no sabe que los ojos del Señor son mil veces más claros que el sol y que ven todos los caminos de los hombres y penetran hasta los lugares más escondidos... Así también la mujer que engaña a su marido y de un extraño le da un heredero”.

(Impartida el 3 de septiembre de 1980)

 

1. En Mateo 5:27-28, Cristo solo menciona el Mandamiento 6 “No adulterarás” en el versículo 27. No se dedica a valorarlo, como sí lo hace en su discusión con los fariseos en Mateo 19:3-9, ya que presupone dicha valoración. Lo significativo es lo que dice en la segunda parte de su enunciado: “Pero yo os digo…” (Mateo 5:28). Esta afirmación que sigue es más que una polémica con los doctores de la Tora (la ley en los primeros cinco libros de la Biblia). También es más que una valoración del ethos (el sentido moral) del AT. Se trata de un paso hacia el nuevo ethos. En este contexto, la traducción antigua de este versículo (“ya la ha hecho adúltera en su corazón”) quizás sea mejor que la del texto actual (“ya adulteró con ella en su corazón”). La versión antigua expresa con más precisión el hecho de que se trata de un acto interior y unilateral.

Debemos analizar por qué Cristo cambia la base de este pecado del cuerpo al corazón y si todavía tiene sentido decir que el adulterio es un pecado del cuerpo, como ya hemos señalado en la catequesis anterior. Recordemos que habíamos dicho que el adulterio es la falsificación del signo conyugal, que es la unión en un solo cuerpo de los esposos. 

(Impartida el 27 de agosto de 1980)


1. En la catequesis anterior vimos cómo los Profetas tienen un concepto más auténtico del adulterio que la casuística del AT. Por ejemplo, Oseas no solamente utiliza las palabras, sino también una conducta simbólica para denunciar el “adulterio” (la idolatría) de Israel contra Yahvé (ver Oseas 1-3). Dios le dice que tome por esposa a una prostituta y que engendre hijos de prostitución, porque la tierra se prostituye apartándose de Él (ver Oseas 1:2 y también 2:15). El Profeta acepta esta orden como proveniente de Dios (ver Oseas 3:1). Sin embargo, Yahvé no se cansa de buscar a su Esposa y de esperar su conversión y retorno (ver Oseas 2:18, 21-22). Al mismo tiempo, le lanza una seria amenaza de que, si no se convierte, la despojará y la exhibirá desnuda como cuando nació (ver Oseas 2:4-5). 

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