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Boletín

Padre Shenan J. Boquet
Presidente
Human Life International

 

El estudio de la BPAS incluye detalles que parten el corazón. Una señora, a quien llamaremos “Catriona”, fue donde la BPAS para que le practicara un aborto tardío. La agencia expresó lo siguiente respecto de ella: “Está contrariada porque ya puede sentir el embarazo, peo también siente que el aborto es lo mejor para ella”.

 

De manera que “Catriona” se “siente contrariada” porque “siente el embarazo”. “¡El embarazo!”. Lo que de hecho siente son los deditos de las manitas y de los piecitos de su bebé tocando las paredes interiores de su útero. Siente a su hijo plenamente formado y saludable que crece y estira su cuerpo, ejercitando así su propia fuerza recién descubierta,  llenando el espacio cada vez más pequeño para él en el seno de su madre, presionando su cabecita contra las costillas maternas y dando pataditas.

 

“Porque Tú me has formado en lo más íntimo; me has tejido en el seno de mi madre” (Salmo 139:13).

 

Para darle un crédito muy limitado a la BPAS, es una de las muy pocas organizaciones abortistas que son honestas en cuanto a la propaganda anticonceptiva que rea falsas y mortíferas expectativas. En su informe más reciente, la BPAS lamenta que, a pesar de que en la actualidad todo tipo de anticonceptivo a veces falla, “el discurso público y algunas iniciativas de planificación familiar frecuentemente dan a entender que el aborto siempre se puede evitar por medio del uso de anticonceptivos”.

(Impartida el 10 de septiembre de 1980)


1-2. En la literatura mundial también hay descripciones parecidas a las advertencias de los libros sapienciales contra el adulterio. Por ejemplo, tenemos las Confesiones de San Agustín, la Divina Comedia de Dante y Shakespeare (citado por C.S. Lewis en The Four Loves, Nueva York, 1960, Harcourt, Brace, pág. 28). Una imagen común a esta literatura y a los libros sapienciales es la de comparar la concupiscencia de la carne con el fuego. La concupiscencia es como un ardor que invade la mente y el cuerpo del hombre (o de la mujer) y se apodera de su corazón. Esta pasión desordenada sofoca la voz de la conciencia en lo más profundo del corazón y el sentido de responsabilidad ante Dios. Esta triste realidad es descrita con gran elocuencia en el pasaje de Eclesiástico 23:22-32:


“...el que se abrasa en el fuego de sus apetitos que no se apaga hasta que del todo le consume; el hombre impúdico consigo mismo, que no cesará hasta que su fuego se extinga; el hombre fornicario, a quien todo el pan es dulce, que no se cansará hasta que no muera; el hombre infiel a su propio lecho conyugal, que dice para sí: ‘¿Quién me ve? la oscuridad me cerca y las paredes me ocultan, nadie me ve, ¿qué tengo que temer? El Altísimo no se da cuenta de mis pecados’. Sólo teme los ojos de los hombres. Y no sabe que los ojos del Señor son mil veces más claros que el sol y que ven todos los caminos de los hombres y penetran hasta los lugares más escondidos... Así también la mujer que engaña a su marido y de un extraño le da un heredero”.

(Impartida el 3 de septiembre de 1980)

 

1. En Mateo 5:27-28, Cristo solo menciona el Mandamiento 6 “No adulterarás” en el versículo 27. No se dedica a valorarlo, como sí lo hace en su discusión con los fariseos en Mateo 19:3-9, ya que presupone dicha valoración. Lo significativo es lo que dice en la segunda parte de su enunciado: “Pero yo os digo…” (Mateo 5:28). Esta afirmación que sigue es más que una polémica con los doctores de la Tora (la ley en los primeros cinco libros de la Biblia). También es más que una valoración del ethos (el sentido moral) del AT. Se trata de un paso hacia el nuevo ethos. En este contexto, la traducción antigua de este versículo (“ya la ha hecho adúltera en su corazón”) quizás sea mejor que la del texto actual (“ya adulteró con ella en su corazón”). La versión antigua expresa con más precisión el hecho de que se trata de un acto interior y unilateral.

Debemos analizar por qué Cristo cambia la base de este pecado del cuerpo al corazón y si todavía tiene sentido decir que el adulterio es un pecado del cuerpo, como ya hemos señalado en la catequesis anterior. Recordemos que habíamos dicho que el adulterio es la falsificación del signo conyugal, que es la unión en un solo cuerpo de los esposos. 

(Impartida el 27 de agosto de 1980)


1. En la catequesis anterior vimos cómo los Profetas tienen un concepto más auténtico del adulterio que la casuística del AT. Por ejemplo, Oseas no solamente utiliza las palabras, sino también una conducta simbólica para denunciar el “adulterio” (la idolatría) de Israel contra Yahvé (ver Oseas 1-3). Dios le dice que tome por esposa a una prostituta y que engendre hijos de prostitución, porque la tierra se prostituye apartándose de Él (ver Oseas 1:2 y también 2:15). El Profeta acepta esta orden como proveniente de Dios (ver Oseas 3:1). Sin embargo, Yahvé no se cansa de buscar a su Esposa y de esperar su conversión y retorno (ver Oseas 2:18, 21-22). Al mismo tiempo, le lanza una seria amenaza de que, si no se convierte, la despojará y la exhibirá desnuda como cuando nació (ver Oseas 2:4-5). 

Padre Shenan J. Boquet
Presidente
Human Life International

 

Hace décadas, en ciertos círculos católicos de EEUU surgió una peligrosa teoría moral que se llegó a llamar “el vestido sin costuras” (“the seamless garment”). Esta teoría proponía que todos los temas morales estaban interconectados y tenían el mismo nivel de importancia. De esa manera, por ejemplo, la lucha contra el aborto, la anticoncepción y la eutanasia estaba a la par con la lucha por un mejor sistema de inmigración o de salud y la protección del medio ambiente.

 

Recientemente esta teoría ha resurgido. Debido al peligro que constituye para la Iglesia y su doctrina moral, debemos una vez desenmascarar sus errores.

 

Es verdad que todos los asuntos importantes de moral están interconectados. Ello se debe a que la moral tiene que ver con el bien integral de la persona humana y la persona humana es una unidad de cuerpo y alma, y, por ende, está integrada de varias dimensiones. Sin embargo, un primer error de esta teoría es el no tomar en cuenta que los distintos asuntos morales y los valores implicados en ellos constituyen una jerarquía, en la cual no todos dichos asuntos tienen el mismo nivel de importancia. Nadie podrá negar que la protección de la vida humana inocente sea el primer derecho a defender, ya que el mismo constituye la base y condición para la existencia de todos los demás valores y derechos humanos. En nuestra época el aborto (incluyendo la anticoncepción abortiva) y la eutanasia son los actos criminales que más vidas humanas inocentes destruyen, vidas que ni siquiera en muchos países tienen la protección de la ley ni tampoco el apoyo de los medios seculares de difusión.

(Impartida el 20 de agosto de 1980)

 

1. Aunque el Génesis presentaba los matrimonios monógamos de Adán, Set y Noé, como modelos a imitar y parece condenar la bigamia de los descendientes de Caín (ver Génesis 4:19), los Patriarcas, como ya vimos, dieron ejemplos contrarios.

 

Luego, la casuística del AT se tornó muy severa y minuciosa (ver Levítico 20:10-21). Sin embargo, admitía el divorcio (ver Deuteronomio 22:13-21 y 24:1-4), la bigamia (ver Deuteronomio 21:15-17), la poligamia (ver Deuteronomio 17:17) e incluso a las concubinas prisioneras de guerra (ver Deuteronomio 21:10-14) o esclavas (ver Esdras 21:7-11).

 

Es verdad que hacia el final de la historia del Pueblo de Dios en el AT, la práctica que prevalecía era la de la monogamia (ver Eclesiástico 37:11 y Tobías). Sin embargo, no encontramos en el AT ninguna mención explícita de la obligación de la monogamia.

 

Se puede decir que mientras esta legislación combatía el pecado del adulterio, al mismo tiempo mantenía en pie las estructuras sociales de pecado. Cristo vio con claridad la contradicción fundamental entre esta legislación y el plan original de Dios para el matrimonio. Por ello, decidió, en el Sermón de la Montaña, revelar nuevamente el sentido original y pleno de la Ley de Dios sobre el adulterio. 

(Impartida el 13 de agosto de 1980)

 

1. La audiencia inmediata de Cristo en su Sermón de la Montaña estaba constituida por  personas que pertenecían al Pueblo de Dios. Los profetas del AT habían condenado reiteradamente las transgresiones de ese pueblo contra la Alianza, es decir, los Diez Mandamientos. Cristo sabía que la Ley era un medio para que sobreabundara la justicia de Dios. El Señor exigía a sus oyentes que la justicia o rectitud de vida que ellos practicaran debía superar a la de los fariseos (ver Mateo 5:20). Porque los fariseos y otros como ellos habían interpretado la Ley de Dios a través de los siglos haciendo concesiones a la concupiscencia (la inclinación al egoísmo y al pecado); particularmente respecto del Mandamiento 6 que prohíbe el adulterio. Esa mala interpretación se había superpuesto a la visión original de Dios. El objetivo de Cristo era transformar el ethos, es decir, los corazones de sus oyentes para que éstos apreciaran los valores que este mandamiento contiene. De esa manera, ellos podrían vivir a plenitud las exigencias de la Ley de Dios (ver otra vez Mateo 5:17). 

(Impartida el 6 de agosto de 1980)

 

1. Cuando Jesús discutió con los fariseos acerca del matrimonio, les dijo que “por la dureza de vuestro corazón, os permitió Moisés repudiar a vuestras mujeres, pero al principio no fue así” (Mateo 19:8).

 

En el AT, esta dureza de corazón indicaba la actitud del Pueblo de Israel contraria al plan original de Dios en Génesis 2:24 (“serán una sola carne”). La frase “dureza de corazón” es la traducción de la expresión literal en hebreo “incircuncisión del corazón” (ver Deuteronomio 10:16; Jeremías 4:4 y Eclesiástico 3:26ss). La incircuncisión se refería al paganismo, a la impureza, a estar distante de la Alianza con Dios. La incircuncisióndel corazón se refería a la obstinación indomable de oponerse a Dios.

 

En el NT, el diácono San Esteban utiliza esta frase para acusar a sus oyentes judíos de oponerse a Cristo en Hechos 7:51. Es la única vez que se utiliza esta expresión de manera literal en el NT.

Los traductores de la Septuaginta utilizaron la palabra griega sklerokardia (algo así como “esclerosis o endurecimiento del corazón”), para expresar el término hebreo de “incircuncisión del corazón”.

La frase “incircuncisión del corazón” = “dureza de corazón” es la clave para interpretar toda la legislación de Israel sobre el adulterio y el matrimonio y, por extensión, todas las relaciones entre hombres y mujeres.

 

En Mateo 5:27-28, Cristo acusa a todo el sujeto interior, el corazón, de ser responsable de la deformación de la ley de Dios, particularmente el sexto mandamiento que prohíbe el adulterio. Sin embargo, esta severa advertencia de Jesús, como veremos, no se queda en una mera acusación. 

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