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Boletín

(Impartida el 28 de mayo de 1980)

 

1. La vergüenza cósmica, que hemos mencionado al final de la catequesis anterior, da lugar a la vergüenza en la humanidad misma. Esa vergüenza es causada por el desorden íntimo en la imagen de Dios, tanto en el “yo” de la persona (vergüenza inmanente), como en la relación interpersonal (vergüenza relativa o en la relación), sobre todo entre el hombre y la mujer. Se trata de una vergüenza recíproca, que los obliga a ocultar su propio cuerpo, a apartar de la vista del hombre lo que constituye el signo visible de la femineidad, y de la vista de la mujer lo que constituye el signo visible de la masculinidad (ver Génesis 3:7).

 

2. La vergüenza inmanente es la más significativa de las dos. Indica una ruptura de la  unidad original entre el alma y el cuerpo, así como entre el ser humano y el Espíritu de Dios. El cuerpo se resiste a someterse al espíritu humano (el alma), y el espíritu humano siente el “jalón” del cuerpo y por ello se resiste a someterse al Espíritu de Dios. Es la contradicción que el “hombre histórico” va a sentir durante toda su vida. San Pablo lo expresa con mucha elocuencia diciendo: “Porque me deleito en la ley de Dios según el hombre interior, pero siento otra ley en mis miembros a la cual le repugna la ley de mi mente” (Romanos 7:22-23).

(Impartida el 14 de mayo de 1980)

1. La vergüenza es síntoma del status naturae lapsae [que en latín significa “estado de naturaleza caída”]. Esta vergüenza se desarrolla en un miedo ante Dios, miedo antes desconocido. Génesis 3:8-10 dice: “Oyeron a Yahvé Dios, que se paseaba por el jardín al fresco del día, y se escondieron de Yahvé Dios el hombre y su mujer, en medio de la arboleda del jardín. Llamó Yahvé Dios al hombre, diciendo: ¿Dónde estás? Y éste contestó: Te he oído en el jardín, y temeroso porque estaba desnudo, me escondí”.

En realidad, el primer hombre esconde la raíz misma de su miedo y su vergüenza. Esa raíz no es su desnudez, sino su pecado. Por eso, Dios se lo recuerda: “¿Quién te ha hecho saber que estabas desnudo? ¿Es que has comido del árbol de que te prohibí comer?” (Génesis 3: 11).

Desde hace mucho tiempo el aborto ha sido ilegal en Bolivia, excepto, lamentablemente, en casos de violación, incesto y la “salud” de la madre. Pero este recién 28 de septiembre, que la ONU mal llama el Día Internacional del Aborto “Seguro”, la Cámara de Diputados despenalizó el aborto de manera encubierta. El proyecto de ley altera el Código Penal de Bolivia, cambiando el Artículo 153, que es clave, para favorecer el aborto. Sin embargo, es importante constatar que en el país andino, al menos por ahora, el aborto sigue siendo una ofensa criminal. Para que los abortistas tengan éxito, el proyecto de ley tiene que ser aprobado por la Cámara del Senado y finalmente tendría que ser firmado por el Presidente de la República. Aclaremos que a estas dos cámaras del parlamento boliviano se las conoce colectivamente como la Asamblea Plurinacional Legislativa de Bolivia.

 

Este monstruoso proyecto de ley de la Asamblea viola los Artículos 15, 16, 48 y 60 de la Constitución de Bolivia, así como otras leyes del país, como la Ley General para Personas con Incapacidades (Artículo 6), el Código Penal de las Familias (Artículo 28) y el Código Penal de las Adolescentes (Artículos 5, 6 y 24), y otros más.

 

Además, los legisladores que aprobaron el proyecto son representantes del gobierno que tienen vínculos con organizaciones no gubernamentales (ONGs) abortistas que tienen mucho dinero, como CIES (la afiliada local del gigante internacional abortista Federación Internacional de Planificación de la Familia – IPPF, por sus siglas en inglés), Marie Stopes International, IPAS, el Comité de CEDAW (que es una convención de la ONU), NiUna Less, ONU Mujeres, UNFPA (el organismo más abortista de la ONU, su Fondo de Población, es decir, el que se dedica a reducir la población de los países en desarrollo por medio del aborto), etc. Estas agencias, poderosas en dinero e influencia política, engañan y desinforman a los bolivianos acerca de la verdad en torno al aborto. 

(Impartida el 28 de mayo de 1980)

 

1. La vergüenza cósmica, que hemos mencionado al final de la catequesis anterior, da lugar a la vergüenza en la humanidad misma. Esa vergüenza es causada por el desorden íntimo en la imagen de Dios, tanto en el “yo” de la persona (vergüenza inmanente), como en la relación interpersonal (vergüenza relativa o en la relación), sobre todo entre el hombre y la mujer. Se trata de una vergüenza recíproca, que los obliga a ocultar su propio cuerpo, a apartar de la vista del hombre lo que constituye el signo visible de la femineidad, y de la vista de la mujer lo que constituye el signo visible de la masculinidad (ver Génesis 3:7).

 

2. La vergüenza inmanente es la más significativa de las dos. Indica una ruptura de la  unidad original entre el alma y el cuerpo, así como entre el ser humano y el Espíritu de Dios. El cuerpo se resiste a someterse al espíritu humano (el alma), y el espíritu humano siente el “jalón” del cuerpo y por ello se resiste a someterse al Espíritu de Dios. Es la contradicción que el “hombre histórico” va a sentir durante toda su vida. San Pablo lo expresa con mucha elocuencia diciendo: “Porque me deleito en la ley de Dios según el hombre interior, pero siento otra ley en mis miembros a la cual le repugna la ley de mi mente” (Romanos 7:22-23). 

(Impartida el 14 de mayo de 1980)

1. La vergüenza es síntoma del status naturae lapsae [que en latín significa “estado de naturaleza caída”]. Esta vergüenza se desarrolla en un miedo ante Dios, miedo antes desconocido. Génesis 3:8-10 dice: “Oyeron a Yahvé Dios, que se paseaba por el jardín al fresco del día, y se escondieron de Yahvé Dios el hombre y su mujer, en medio de la arboleda del jardín. Llamó Yahvé Dios al hombre, diciendo: ¿Dónde estás? Y éste contestó: Te he oído en el jardín, y temeroso porque estaba desnudo, me escondí”.

En realidad, el primer hombre esconde la raíz misma de su miedo y su vergüenza. Esa raíz no es su desnudez, sino su pecado. Por eso, Dios se lo recuerda: “¿Quién te ha hecho saber que estabas desnudo? ¿Es que has comido del árbol de que te prohibí comer?” (Génesis 3: 11).


2. A través de la historia de la Iglesia, el Magisterio (el Papa y los obispos en unión con él) ha definido con mucha precisión el concepto del pecado original, su transmisión al resto de la humanidad y sus terribles consecuencias. [El Catecismo nos enseña que:


397 El hombre, tentado por el diablo, dejó morir en su corazón la confianza hacia su creador (ver Génesis 3:1-11) y, abusando de su libertad, desobedeció al mandamiento de Dios. En esto consistió el primer pecado del hombre (ver Romanos 5:19). En adelante, todo pecado será una desobediencia a Dios y una falta de confianza en su bondad.


398 En este pecado, el hombre se prefirió a sí mismo en lugar de Dios, y por ello despreció a Dios: hizo elección de sí mismo contra Dios, contra las exigencias de su estado de criatura y, por tanto, contra su propio bien. El hombre, constituido en un estado de santidad, estaba destinado a ser plenamente "divinizado" por Dios en la gloria. Por la seducción del diablo quiso "ser como Dios" (ver Génesis 3:5), pero "sin Dios, antes que Dios y no según Dios" (San Máximo el Confesor).

399 La Escritura muestra las consecuencias dramáticas de esta primera desobediencia. Adán y Eva pierden inmediatamente la gracia de la santidad original (ver Romanos 3:23). Tienen miedo de Dios (ver Génesis 3:9-10) de quien han concebido una falsa imagen, la de un Dios celoso de sus prerrogativas (ver Génesis 3:5).


(La teología ha precisado esta pérdida de la gracia de la santidad original como la pérdida de los dones sobrenaturales: la pérdida de la bondad original, de la amistad con Dios y de la plena divinización en la gloria del Cielo a la cual Dios le había destinado. Ver también: Catecismo, nos. 374-378.)

400 La armonía en la que se encontraban, establecida gracias a la justicia original, queda destruida; el dominio de las facultades espirituales del alma sobre el cuerpo se quiebra (ver Génesis 3:7); la unión entre el hombre y la mujer es sometida a tensiones (ver Génesis 3:11-13); sus relaciones estarán marcadas por el deseo y el dominio (ver Génesis 3:16). La armonía con la creación se rompe; la creación visible se hace para el hombre extraña y hostil (ver Génesis 3:17-19). A causa del hombre, la creación es sometida "a la servidumbre de la corrupción" (Romanos 8:21). Por fin, la consecuencia [la muerte] explícitamente anunciada para el caso de desobediencia (ver Génesis 2:17), se realizará: el hombre "volverá al polvo del que fue formado" (Génesis 3:19). La muerte hace su entrada en la historia de la humanidad (ver Romanos 5:12).


(La teología ha también ha precisado esta pérdida de la integridad original como la pérdida de los dones preternaturales: la herida del alma significa la pérdida de la inmunidad a la concupiscencia (inclinación al pecado), y la herida del cuerpo significa la pérdida de la  inmunidad ante el sufrimiento y la muerte.)


402 Todos los hombres están implicados en el pecado de Adán. San Pablo lo afirma: "Por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores" (Romanos 5:19): "Como por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte y así la muerte alcanzó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron..." (Romanos 5:12).


403 Siguiendo a San Pablo, la Iglesia ha enseñado siempre que la inmensa miseria que oprime a los hombres y su inclinación al mal y a la muerte no son comprensibles sin su conexión con el pecado de Adán y con el hecho de que nos ha transmitido un pecado con que todos somos concebidos y afectados y que es "muerte del alma" (Concilio de Trento: DS 1512). Por esta certeza de fe, la Iglesia concede el Bautismo para la remisión de los pecados incluso a los niños que no han cometido pecado personal (ver Concilio de Trento: DS 1514). (Las siglas “DS” se refieren al libro que contiene los dogmas de la Iglesia en las enseñanzas de los Papas y los concilios.)


404 ¿Cómo el pecado de Adán vino a ser el pecado de todos sus descendientes? Todo el género humano es en Adán “como el cuerpo único de un único hombre" (Santo Tomás de Aquino). Por esta "unidad del género humano", todos los hombres están implicados en el pecado de Adán, como todos están implicados en la justicia de Cristo. Sin embargo, la transmisión del pecado original es un misterio que no podemos comprender plenamente. Pero sabemos por la Revelación que Adán había recibido la santidad y la justicia originales no para él solo sino para toda la naturaleza humana: cediendo al tentador, Adán y Eva cometen un pecado personal, pero este pecado afecta a la naturaleza humana, que transmitirán en un estado caído (ver Concilio de Trento: DS 1511-1512). Es un pecado que será transmitido por propagación (generación natural) y no por imitación a toda la humanidad, es decir, por la transmisión  de una naturaleza humana privada de la santidad y de la justicia originales. Por eso, el pecado original es llamado "pecado" de manera análoga: es un pecado "contraído", "no cometido", un estado y no un acto.

405 Aunque propio de cada uno (ver Concilio de Trento: DS 1513), el pecado original no tiene, en ningún descendiente de Adán, un carácter de falta personal. Es la privación de la santidad y de la justicia originales, pero la naturaleza humana no está totalmente corrompida: está herida en sus propias fuerzas naturales, sometida a la ignorancia, al sufrimiento y al imperio de la muerte e inclinada al pecado (esta inclinación al pecado es llamada "concupiscencia"). El Bautismo, dando la vida de la gracia de Cristo, borra el pecado original y devuelve el hombre a Dios, pero las consecuencias para la naturaleza, debilitada e inclinada al mal (concupiscencia), persisten en el hombre y lo llaman al combate espiritual.

406 La doctrina de la Iglesia sobre la transmisión del pecado original fue precisada sobre todo en el siglo V, en particular bajo el impulso de la reflexión de San Agustín contra el pelagianismo, y en el siglo XVI, en oposición a la Reforma protestante. Pelagio sostenía que el hombre podía, por la fuerza natural de su voluntad libre, sin la ayuda necesaria de la gracia de Dios, llevar una vida moralmente buena: así reducía la influencia de la falta de Adán a la de un mal ejemplo. Los primeros reformadores protestantes, por el contrario, enseñaban que el hombre estaba radicalmente pervertido y su libertad anulada por el pecado de los orígenes; identificaban el pecado heredado por cada hombre con la tendencia al mal (concupiscencia), que sería insuperable. La Iglesia se pronunció especialmente sobre el sentido del dato revelado respecto al pecado original en el II Concilio de Orange en el año 529 (ver Concilio de Orange II: DS 371-372) y en el Concilio de Trento, en el año 1546 (ver Concilio de Trento: DS 1510-1516).

La doctrina de la Iglesia también distingue entre libre albedrío y libertad. El primer término se refiere al hecho de que la persona humana posee una voluntad que, a pesar del pecado, es libre, es decir, puede escoger entre una cosa u otra. Por otro lado, el término libertad se refiere aquí a la capacidad para hacer siempre el bien y perseverar en él, lo cual sólo es posible con la gracia de Dios. Esa es la libertad verdadera, la libertad de los hijos de Dios que Cristo ganó para nosotros (véase Romanos 8:1-17).]


La triple concupiscencia (ver 1 Juan 2:16), consecuencia del pecado original, es una carencia de la plenitud de la imagen de Dios en la persona humana. Ese pecado no destruyó la imagen de Dios, pero sí la oscureció. La triple concupiscencia se refiere a los daños, a las deficiencias, a las limitaciones que aparecieron a causa del pecado. [Concretamente, la concupiscencia de la carne se refiere a la inclinación a cometer pecados con los sentidos del cuerpo (lujuria, gula, etc.); la concupiscencia de los ojos se refiere a la inclinación a dejarse llevar por los deseos desordenados de poseer bienes (avaricia, materialismo, etc.); y la concupiscencia del orgullo de la vida refiere a la inclinación a cometer pecados de soberbia o jactancia por poseer muchos bienes, conocimientos o un elevado status social, cultural o político: el creerse mejor que los demás, el querer ser famoso para que todos lo idolatren o el creerse con el derecho a dominar a los demás, incluso hasta por medio de la violencia verbal o física (ver Catecismo, nos. 377, 2514 y 2534).]


3. En el estado de inocencia original, la desnudez, como ya hemos observado, no expresaba carencia, sino la plena aceptación del cuerpo en toda su verdad humana y personal. El cuerpo, como expresión de la persona, era el primer e indudable signo de la imagen de Dios presente en toda su humanidad. El cuerpo también manifestaba claramente su significado esponsal, la donación recíproca entre el hombre y la mujer en el matrimonio.


4. Lamentablemente, a causa del pecado original, y como testimonia Génesis 3:10, el ser humano perdió la certeza original de la imagen de Dios expresada en su cuerpo. Este pasaje también confirma el derrumbe de la aceptación original del cuerpo como signo de la persona en el mundo visible. Es lo que llamamos vergüenza cósmica [= “cosmos” en griego significa “mundo” o “universo”].  La persona humana comienza a dudar también de su propia capacidad física para dominar la naturaleza, de su aceptación y relación con el mundo material. Dios le anuncia la hostilidad del mundo, la resistencia u hostilidad de la naturaleza a su tarea de dominarla, la fatiga que su cuerpo experimentará: “Por ti será maldita la tierra: con trabajo comerás de ella todo el tiempo de tu vida; te dará espinas y abrojos y comerás de las hierbas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan” (Génesis 3:17-19a). Y el final de esta fatiga será la muerte: “…hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella has sido tomado. Polvo eres, y al polvo volverás” (versículo 19b).


Desde hace mucho tiempo el aborto ha sido ilegal en Bolivia, excepto, lamentablemente, en casos de violación, incesto y la “salud” de la madre. Pero este recién 28 de septiembre, que la ONU mal llama el Día Internacional del Aborto “Seguro”, la Cámara de Diputados despenalizó el aborto de manera encubierta. El proyecto de ley altera el Código Penal de Bolivia, cambiando el Artículo 153, que es clave, para favorecer el aborto. Sin embargo, es importante constatar que en el país andino, al menos por ahora, el aborto sigue siendo una ofensa criminal. Para que los abortistas tengan éxito, el proyecto de ley tiene que ser aprobado por la Cámara del Senado y finalmente tendría que ser firmado por el Presidente de la República. Aclaremos que a estas dos cámaras del parlamento boliviano se las conoce colectivamente como la Asamblea Plurinacional Legislativa de Bolivia.

 

Este monstruoso proyecto de ley de la Asamblea viola los Artículos 15, 16, 48 y 60 de la Constitución de Bolivia, así como otras leyes del país, como la Ley General para Personas con Incapacidades (Artículo 6), el Código Penal de las Familias (Artículo 28) y el Código Penal de las Adolescentes (Artículos 5, 6 y 24), y otros más.

 

Además, los legisladores que aprobaron el proyecto son representantes del gobierno que tienen vínculos con organizaciones no gubernamentales (ONGs) abortistas que tienen mucho dinero, como CIES (la afiliada local del gigante internacional abortista Federación Internacional de Planificación de la Familia – IPPF, por sus siglas en inglés), Marie Stopes International, IPAS, el Comité de CEDAW (que es una convención de la ONU), NiUna Less, ONU Mujeres, UNFPA (el organismo más abortista de la ONU, su Fondo de Población, es decir, el que se dedica a reducir la población de los países en desarrollo por medio del aborto), etc. Estas agencias, poderosas en dinero e influencia política, engañan y desinforman a los bolivianos acerca de la verdad en torno al aborto.

 

Padre Ruffin Mika Mfitzsche, pss PhD
Universidad Católica del Congo
República Democrática del Congo

 

La explosión de la “bomba demográfica”, que varias proyecciones de la ONU han anunciado y que P.R. Ehrlich y otros han llamado un “diluvio apocalíptico” o un “cáncer”, no ha ocurrido. Al contrario, la tasa de crecimiento demográfico está disminuyendo en todas partes. Las predicciones de los neo-maltusianos, que atemorizaron a muchos y que fueron usadas para justificar el financiamiento del control demográfico y el aborto alrededor del mundo, han demostrado ser falsas. La gran pregunta ahora más bien es si los muchos países que tienen tasas de crecimiento demográfico por debajo del nivel de reemplazo (2.1 hijos por mujer) va seguir disminuyendo y luego desaparecer. El desafío actual en la mayoría de los países no es el de un rápido crecimiento demográfico, sino el de una población envejeciente.

 

El envejecimiento demográfico es un “reto social” contemporáneo. Para cuantificar las consecuencias médicas, sociales, políticas y económicas de este desafío para las próximas décadas, debemos definir primero el concepto y su carácter inevitable e irreversible cuando la fecundidad continúa siendo muy baja.

Padre Shenan J. Boquet
Presidente
Human Life International

“La persona es el recurso más grande de la humanidad”.

 

Hay dos eventos muy importantes, organizados por el Vaticano, que tendrán lugar próximamente y a los cuales debemos prestar mucha atención: uno, de la Pontificia Academia para la Vida (PAV), del 5 al 7 de octubre, y el otro, de la Pontificia Academia para las Ciencias (PAC), del 2 al 4 de noviembre.

 

Esta será la primera vez que la PAV se reúne desde que el Papa Francisco inauguró sus nuevos estatutos en octubre de 2016 y designó una nueva lista de miembros. Mientras tanto, en su segunda reunión del presente año, la PAC una vez más centrará su atención en los controversiales temas del control demográfico y el cambio climático. El título del encuentro es “La salud de los pueblos, la salud del planeta y nuestra responsabilidad: Cambio climático, contaminación del aire y salud”.

 

Muchos de ustedes saben que hay líderes provida y defensores de la familia que tienen una creciente preocupación acerca de una aparente falta de enfoque, por parte de estas dos academias, en los ataques más directos contra la vida humana y la familia por parte de gobiernos antivida, instituciones académicas, la ONU y sus organismos, otras organizaciones no gubernamentales (ONGs) y corporaciones internacionales.

 

En otras palabras, si bien hay temas de gran importancia que afectan la vida humana y la familia y que exigen diálogo – como el clima, la contaminación, la corrupción gubernamental, la inmigración, la guerra, la paz, el cuidado de la salud, etc. – no puede haber un auténtico progreso en ninguno de estos asuntos hasta que reconozcamos la necesidad de proteger el derecho a la vida de todo ser humano, nacido o por nacer. Todos los demás temas giran en torno a esta verdad fundamental e incontrovertible. Y está claro que el derecho a la vida debe ser, sin vacilaciones de ningún tipo, el punto de partida de cualquier coloquio dentro de la Iglesia.

 

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