Experiencias y lecciones de vida


En diciembre de 1998 me diagnosticaron una enfermedad terminal y me pronosticaron como máximo 5 años de vida.

A unos cuantos días de que se cumpla la fecha más no el pronóstico, he querido reflexionar y compartir con ustedes algunas de las experiencias vividas y lecciones aprendidas.

Al principio y solo después del tiempo que me tomó asimilar y aceptar el diagnóstico me volqué en el Internet buscando toda la información que hubiera sobre la enfermedad y posibles tratamientos: mucha información pero pocas respuestas y ninguna esperanza. Conociendo y conciente de lo que enfrentaba había que tomar una decisión crucial y trascendente, sin duda la más importante de mi vida: Cómo vivir los años que me quedaban. Estaba ante una gran disyuntiva: dejarme llevar por los sentimientos de impotencia, frustración y desesperación que irremediablemente me llevarían a un estado generalizado de depresión, del cual me seria muy difícil salir ya que en una enfermedad neurodegenerativa como la mía conforme esta avanza cada nuevo día amaneces con malas noticias; algo que todavía ayer podía hacer hoy por más que lo intentas ya no es posible; o tratar de sobreponerme y valiéndome de una fe maltrecha, disminuída y reducida y apoyándome en el amor de Dios, mi familia, mis amigos y semejantes, vivir la vida intensamente con optimismo y alegría.

Aunque escogí la segunda pronto me di cuenta de que había sido más fácil decidirlo que hacerlo. Ha habido muchos días en que no puedo más y quisiera cambiar de opinión; qué difícil es después de haber luchado y haberse esforzado por ser independiente, el tener que depender de todos para todo. Sin embargo, a casi 5 años debo decir que ha valido la pena. Durante este tiempo he vivido y aprendido más que en los otros 37 años de mi vida.

Lo primero que aprendí fue a valorar y a apreciar muchas cosas que damos por obvias: la salud, el poder caminar, tu esposa, tus hijos, un nuevo día, un nuevo amanecer, el poder hablar, los amigos y todo lo que nos regala Dios a manos llenas todos los días.

Aprendí lo que es una verdadera y desinteresada amistad. Todas esas almas grandes, esos ángeles de amor que nos han acompañado durante estos años, que de una u otra forma nos han ayudado y apoyado, que han pedido y orado por nosotros, que han reído y llorado con nosotros, a todos ellos nuestra gratitud y agradecimiento, nuestro cariño y nuestro amor sin condiciones.

Cuando todo esto comenzó, una de mis principales preocupaciones era pensar lo que sería de mi familia cuando yo ya no estuviera. Sin embargo, durante estos 5 años he visto a mi esposa y a mis hijos crecer y madurar enormemente, me han demostrado una fortaleza y entereza admirable. Hoy ya no tengo nada que temer, se que cuando llegue la hora ellos estarán bien. Como padre y esposo he estado tentado a enseñarles algo para el futuro pero la verdad es que todos los días aprendo algo de ellos.

Acostumbrado a dar y participar en obras con espíritu de servicio, he aprendido a pedir y a recibir, y he recibido mucho, a manos llenas, más de lo que creo merecer.

Acostumbrado más a hablar, estoy aprendiendo a saber escuchar.

Acostumbrado a vivir de prisa, estoy aprendiendo a ser paciente y a no desesperarme.

He aprendido a maravillarme con todo lo que Dios ha creado y a disfrutar y emocionarme con un amanecer, con un atardecer, con una canción, con una sonrisa.

Estoy aprendiendo a vivir como persona con capacidades diferentes. En la medida en que mi cuerpo se debilita, he tratado de compensarlo fortaleciendo la mente y el alma.

Cuando he estado a punto de rendirme y aventar la toalla, Dios me ha permitido ver y conocer a personas que están sufriendo más que yo y sentirme afortunado y agradecido.

Lo que sin duda me ha costado más trabajo ha sido a aceptar la voluntad de Dios. Aceptar y acoger con alegría el plan que Dios tenía para mí. Desprenderme, entregarme, no solo creer sino confiar en El. Dejar que El tome y aceptar que El tiene el control total sobre mi vida y hacer todo esto con optimismo y alegría.

Nada de esto ha sido fácil, y es que no hay un manual para el enfermo terminal, y aunque lo hubiera, como cada ser humano es único e irrepetible dudo que sirviera de mucho. En mi caso sé que he llegado tan lejos primero porque Dios así lo quiere, solo él sabe el día y la hora, y segundo gracias al amor de mi familia y de todos ustedes mis amigos.

No sé si el próximo año pueda todavía escribirles pero por lo pronto quiero a nombre de mi familia y el mío propio agradecerles de todo corazón todo lo que han hecho por nosotros y desearles un año nuevo lleno de bendiciones.

Con todo mi afecto, amor y cariño,

Eduardo Castro Falcón

Nota: Eduardo colabora con la Coalición de Derechos Humanos y Bioética de México. Dios le ha dado la gracia de tener la capacidad de lucha y esfuerzo para llevar una vida digna en el proceso de su enfermedad. Tiene 6 años con Esclerosis Lateral Amiotrófica,una enfermedad neurodegenerativa, terminal e incurable. No cuenta con seguro médico. Está en silla de ruedas, su medio de comunicación es la computadora, ya que no puede hablar. Tampoco puede comer por la boca y le han hecho la gastrostomía. En las propias palabras de Eduardo : "Todas las noches tendré que dormir conectado al VPAP lo que ha provocado que ya no pueda voltearme por mí mismo y le tenga que pedir ayuda a Esthela (mi esposa,) afectando y alterando seriamente sus pocas horas de descanso. Para solucionar esto se necesita una cama especial para cuadrapléjicos que es lo que yo seré más adelante en mi enfermedad. El costo de esta cama es de alrededor de $11,000 dólares." Es casado y tiene 2 hijos. Todo este tiempo ha vivido de la generosidad de las personas. Las necesidades aumentan cada día, siempre es insuficiente.

Si usted puede enviar un donativo para este valiente enfermo y su familia, por favor hágalo a :

Banco: Banamex en México
No. De Cuenta: 5177-9501-0468-0097
A nombre de: Ma. Estela Lopez Muñoz - teléfono : (477)-713-7551 en México.