ladyst.jpg - 32511 Bytes

Oraciones marianas

Madre del Redentor

Madre del Redentor, virgen fecunda,
puerta del cielo siempre abierta, estrella del mar,
ven a librar al pueblo que tropieza
y se quiere levantar.
Ante la admiración de cielo y tierra,
engendraste a tu santo Creador,
y permaneces siempre virgen.
Recibe el saludo del arcángel Gabriel
y ten piedad de nosotros, pecadores.
Salve, Reina de los Cielos
Salve, Reina de los cielos
y Señora de los Ángeles;
salve raíz, salve puerta,
que dio paso a nuestra luz.

Alégrate, virgen gloriosa,
entre todas la más bella;
salve, agraciada doncella,
ruega a Cristo por nosotros.
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve.
A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva;
a Ti suspiramos, gimiendo y llorando,
en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos;
y después de este destierro
muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.
¡Oh clementísima!,
¡Oh piadosa!,
¡Oh dulce siempre Virgen María!
V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

A la Santísima Virgen María

Bendita sea tu pureza
y eternamente lo sea,
pues todo un Dios se recrea
en tan graciosa belleza.
A Ti, celestial Princesa,
Virgen Sagrada María,
yo te ofrezco en este día
alma, vida y corazón.
Mírame con compasión,
no me dejes, Madre mía.

Oremos :

Omnipotente y sempiterno Dios,
que con la cooperación del Espíritu Santo,
preparasteis el cuerpo y el alma de la gloriosa Virgen y Madre María,
para que fuese merecedora de ser digna morada de vuestro Hijo;
concedednos que, pues celebramos con alegría su conmemoración,
por su piadosa intercesión
seamos liberados de los males presentes
y de la muerte eterna.
Por el mismo Cristo, Señor nuestro.
R. Amén.
V. Que el auxilio divino permanezca con nosotros para siempre.
R. Amén.

Oraciones misceláneas

— Porque tú eres, oh Dios, mi fortaleza.

— Santa María, esperanza nuestra, asiento de la sabiduría, ruega por nosotros.

— Santa María, esperanza nuestra, esclava del Señor, ruega por nosotros.

— Santa María, estrella de Oriente, ayuda a tus hijos.

— En ti, ¡oh Dios!, confío; no sea yo nunca confundido.

— ¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí, que soy pecador!

— Santa María, Madre del amor hermoso, ayuda a tus hijos.

— Corazón sacratísimo de Jesús, danos la paz.

— Corazón dulcísimo de María, prepárame un camino seguro.

— Hágase, cúmplase, sea alabada y eternamente ensalzada la justísima y amabilísima Voluntad de Dios, sobre todas las cosas. Amén

— Señor, Dios mío: en tus manos abandono lo pasado y lo presente y lo futuro, lo pequeño y lo grande, lo poco y lo mucho, lo temporal y lo eterno.

— Reina de los Apóstoles, ruega por nosotros.

Si Dios está con nosotros ¿quién estará contra nosotros?, ¿quién podrá apartarnos del amor de Cristo? (Romanos 8, 31.35)

Estaba la Madre Dolorosa

Estaba la Madre dolorosa
junto a la Cruz llorando,
mientras su Hijo pendía.

Su alma llorosa,
triste y dolorida,
traspasada por una espada
.

¡Oh cuán triste y afligida
estuvo aquella bendita
Madre del Unigénito!

Estaba triste y dolorosa,
como madre piadosa,
al ver las penas de su Divino Hijo.

¿Qué hombre no lloraría,
si viese a la Madre de Cristo
en tan atroz suplicio?

¿Quién no se contristaría,
al contemplar a la Madre de Cristo
dolerse con su Hijo?

Por los pecados de su pueblo,
vio a Jesús en los tormentos,
y sometido a los azotes.

Vio a su dulce Hijo
morir abandonado,
cuando entregó su espíritu.

¡Oh, Madre, fuente de amor!
Haz que sienta tu dolor
para que contigo llore.

Haz que arda mi corazón
en amor de Cristo mi Dios,
para que así le agrade.

¡Oh santa Madre! Haz esto:
graba las llagas del Crucificado
en mi corazón hondamente.

De tu Hijo lleno de heridas,
que se dignó padecer tanto por mi,
reparte conmigo las penas.

Haz que yo contigo piadosamente llore,
y que me conduela del Crucificado,
mientras yo viva.

Haz que esté contigo
junto a la Cruz;
pues deseo asociarme en el llanto.

¡Oh Virgen la más ilustre de todas las vírgenes!
no seas ya dura para mí;
haz que contigo llore.

Haz que lleve la muerte de Cristo;
hazme socio de su Pasión
y que venere sus llagas.

Haz que, herido con sus heridas,
sea yo embriagado con la Cruz
y con la Sangre de tu Hijo.

Para que no me queme y arda en las llamas,
por ti, oh Virgen, sea defendido
en el día del juicio.

¡Oh Cristo! Cuando hubiere de salir de aquí,
dame, por tu Madre,
que llegue a la palma de la victoria.

Cuando el cuerpo feneciere,
haz que al alma se le de
la gloria del Paraíso.
Amén. Aleluya.
(Lope de Vega )