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Martes, 14 de Febrero de 2012 09:08

LA DIFERENCIA MORAL ENTRE LA ANTICONCEPCIÓN Y LOS MÉTODOS NATURALES.

Eric Schafer

 

La promulgación de la Encíclica Humanae vitae (HV) en 1968 fue un momento crucial para la ética católica en el mundo moderno. A medida que la cultura cambiaba su visión de la sexualidad y que la anticoncepción estaba cada vez más disponible, hubo algunos que pensaron que la Iglesia cambiaría su postura sobre este tema. Sin embargo, el Papa Pablo VI fue claro al decir que la doctrina de la Iglesia acerca de este asunto no cambiaría y no podía cambiar. La anticoncepción nunca es un medio moralmente aceptable de impedir el embarazo.

 

A medida que la cultura continúa tragándose la “mentalidad anticonceptiva”, la Iglesia se mantiene coherente. En casi todos los documentos eclesiales desde HV que abordan el carácter inmoral de la anticoncepción, se menciona la alternativa moralmente aceptable de la planificación natural de la familia (PNF). Uno de los malentendidos más frecuentes acerca de la PNF es que se trata simplemente de otra forma de anticoncepción. Incluso, algunos han llegado a etiquetarla de “anticoncepción católica”, un desafortunado e inexacto término. Es verdad que tanto la PNF como la anticoncepción pueden ser usadas para lograr el mismo fin de evitar un embarazo. Sin embargo, el medio elegido para dicho fin es considerablemente diferente en cada caso y tiene implicaciones morales significativas.

 

Para poder comprender la diferencia moral entre la PNF y la anticoncepción es necesario examinar cómo funcionan estos dos métodos. La anticoncepción consiste en impedir directamente la concepción, ya sea por medio de sustancias químicas o de una barrera física. La forma más común de anticoncepción es la píldora. La píldora eleva los niveles de estrógeno y progesterona en el organismo femenino de manera tal que impide que ocurra la ovulación. Si la mujer no está ovulando, le es imposible concebir un hijo. La palabra “anticoncepción” surge de la combinación del prefijo “anti” y el vocablo “concepción”. Textualmente significa “contra la concepción”. Es una frustración activa de la concepción por medio de la alteración de la fertilidad. De manera que los matrimonios que usan la anticoncepción eligen actuar contra su saludable y natural fertilidad [1].

 

La PNF, en cambio, no es una forma de actuar “contra la concepción”. No hay ni sustancias químicas ni barreras que impidan la concepción de una nueva vida. En vez de ello, si los matrimonios tienen graves motivos para posponer un embarazo, pueden elegir el abstenerse periódicamente del acto conyugal.

 

La práctica de la PNF implica el llegar a ser capaces de reconocer los cambios naturales de la fertilidad que ocurren en el cuerpo femenino durante el mes. Por medio de este reconocimiento, los matrimonios saben cuándo la esposa es fértil y cuándo no. A través de este conocimiento, los matrimonios tienen entonces la libertad de elegir el posponer un embarazo o el lograrlo. Si un matrimonio tiene, como explicó Pablo VI, un “motivo grave”, entonces son libres de elegir abstenerse del acto conyugal cuando la esposa es fértil para posponer el embarazo. En ese caso, no hay una modificación forzada de la fertilidad ni tampoco un impedimento contrario a la concepción. Al contrario, hay una armonía con la naturaleza y con el plan de Dios. Ese plan incluye un período natural de infertilidad femenina. Por consiguiente, cuando los matrimonios usan la PNF, eligen cuándo realizar el acto conyugal.

 

El problema moral de la anticoncepción o de elegir impedir la fertilidad consiste en separar el acto sexual de la procreación. La concepción es el fin natural o el telos del acto conyugal. Por lo tanto, el separarlos es un acto gravemente desordenado. La PNF, en cambio, deja abierto el acto conyugal al logro de sutelos. Hay una ventana en cada ciclo femenino en la cual la mujer no puede concebir, no porque ella sea infértil, sino porque así es como funciona su natural y saludable fertilidad. Por ello es que la PNF está “abierta a la vida”, lo cual es esencial para que un acto conyugal sea moralmente lícito. Si bien es cierto que la concepción no va a ocurrir durante ese tiempo del ciclo en que la mujer no está ovulando, el matrimonio está abierto a la posibilidad de la concepción, a diferencia de estar cerrado a ella y de actuar directamente para impedirla.

 

La belleza de la PNF consiste en que se trata de un estilo de vida. De manera que es importante recordar que su propósito no es simplemente evitar un embarazo. El posponer un embarazo es solamente un uso posible de la PNF. Y dicho uso exige un “motivo grave”. La determinación de ese motivo corresponde a los esposos, pero su discernimiento debe tener lugar por medio de una conciencia bien formada. Gaudium et spes señala que los hijos son “el don más excelente” del matrimonio. De manera que el “motivo grave” para evitar este “don más excelente” debe ser una razón seria. La acumulación excesiva de bienes o riquezas no es un motivo grave, porque la venida de otro hijo no es un detrimento para la familia. Ello sería más bien un motivo egoísta, ya que el matrimonio estaría eligiendo los bienes materiales por encima del “don más excelente” que Dios quiere darles.

 

Hay ocasiones, sin embargo, en que es prudente que un matrimonio posponga un embarazo. Por ejemplo, si hay un problema grave de salud en la madre o si los esposos no son capaces en ese momento de enfrentar sus necesidades económicas básicas. No hay una respuesta fácil para determinar cuándo una causa es grave que justifique el uso de la PNF. Pero esta es una decisión que el matrimonio toma con una conciencia que está en conformidad con la ley divina (cf. GS 50). La PNF debe ser usada para postergar el embarazo solamente cuando surge la necesidad, y no para evitar los hijos innecesariamente, ello sería contrario al propósito del matrimonio.

 

La anticoncepción también crea la preocupación de que los esposos se conviertan en objetos de mutuo placer, ya que habla un lenguaje de exigencias y falsos derechos, sin respetar la orientación dadora de vida del acto placentero que han elegido realizar. La anticoncepción purga la decisión de los esposos de los fines naturales del acto conyugal que ellos mismos han elegido realizar. Mientras la anticoncepción claramente actúa contra el bien de la fertilidad y hace que el acto conyugal sea estéril; la PNF respeta y funciona acordemente con el ciclo natural de fertilidad y, a su vez, respeta el acto conyugal y a los mismos esposos.

 

Eric Schafer es un seminarista que estudia para la Diócesis de Arlington, Estado de Virginia, EEUU, en el Theological College de Washington, DC. Su artículo fue publicado originalmente en inglés en el boletín de la Internacional de Seminaristas por la Vida de HLI. Para comentarios y sugerencias acerca de los artículos de este boletín, o para someter artículos, diríjase a Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla . Estos boletines son colgados periódicamente en español en la página de VHI, en:http://www.vidahumana.org/publicaciones-hli-vhi/boletin-seminaristas-provida.

 

[1]. Nota de VHI: Recordemos que también la píldora (la de uso habitual y la “del día siguiente”), el dispositivo intrauterino (DIU o IUD) y el inyectable Depo-Provera son abortivos parte del tiempo, además de nocivos para la salud de la mujer. Consúltese al respecto: http://www.vidahumana.org/anticoncepcion.

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