Boletines Anteriores
Boletín Más Reciente
LA FECUNDACIÓN IN VITRO ES DESHUMANIZANTE.
Arland K. Nichols
Pocas cosas son tan buenas y naturales como el deseo de tener un hijo. Desafortunadamente, sin embargo, muchos matrimonios no pueden tener hijos. La infertilidad es una cruz que tiene que cargar el 15% de la población. Cualquiera que haya experimentado la infertilidad personalmente sabe que es una verdadera causa de tristeza y sufrimiento.
Hoy en día, muchos matrimonios que enfrentan esta dificultad eligen la fecundación in vitro (FIV) – un proceso por medio del cual se crean seres humanos en un laboratorio, para luego ser transferidos a la mujer e implantados en el seno materno.
Cada vez más gente cree que la FIV es la única solución para los matrimonios que están desesperados por tener un hijo. Pero como han señalado noticias recientes, la FIV está llena de elementos deshumanizantes para el bebé, elementos que deshonran la dignidad que Dios le ha dado.
Los recientes artículos sobre la “reducción selectiva” han causado gran preocupación. La “reducción selectiva” consiste en abortar a uno o más niños que han sido concebidos por medio de la FIV al inyectar cloruro de potasio en el corazón latiente del bebé. En un artículo publicado en ABC News este procedimiento es justificado por medio de la siguiente explicación: “Si a las mujeres se les permite abortar sus embarazos en base a sus opciones preferenciales, no se les puede negar el derecho a abortar solamente parte de un embarazo”.
Observemos cuán triste y deshumanizante es esta aseveración. En ningún momento se describe al niño como un ser humano, sino solamente como “parte de un embarazo”. La Iglesia, en Dignitas personae (“La dignidad de la persona humana”) dice lo siguiente acerca de la “reducción selectiva”: “La decisión de suprimir seres humanos que con anterioridad han sido intensamente deseados representa una paradoja, y a menudo comporta sufrimientos y sentimientos de culpa que pueden durar años” (no. 21).
¿Por qué muchas mujeres que se someten a la FIV terminan embarazadas con mellizos o trillizos? Usualmente, los médicos transfieren múltiples embriones a la madre con la esperanza de que uno va a sobrevivir. Aún así, la tasa de éxito del logro de un embarazo es alrededor del 33%. Un artículo publicado recientemente en la revista Slate ilustra muy bien lo deshumanizante que es el proceso. En vez de transferir un solo embrión, dice el autor: “Todavía hay buenas razones para continuar usando el antiguo método de lanzar un montón de embriones en el útero y observar qué se adhiere a él, particularmente para las mujeres que quieren quedar embarazadas tan pronto y tan barato como les sea posible”.
Quizás el ver expresada la mentalidad de este negocio de manera tan grosera y descarada nos ayude a entender mejor la oposición de la Iglesia a la FIV.Dignitas personae declara que “la técnica de la transferencia múltiple lleva de hecho a un trato puramente instrumental de los embriones” (n. 15). El hijo es tratado, por medio de este procedimiento, como un medio para los fines de los padres. Los embriones son tratados como si fuesen menos que seres humanos.
En EEUU, unos 500,000 embriones han sido abandonados por sus padres en el congelador del laboratorio, porque ya no se “necesitan”. El gran especialista en genética, Jerome Lejeune, describió con gran acierto este congelador como una “lata de concentración”. Verdaderamente, “La crioconservación es incompatible con el respeto debido a los embriones humanos” (Dignitas personae, no. 18).
Hay muchas otras maneras por medio de las cuales el proceso y el negocio de la FIV tratan a estos pequeñitos seres humanos como si fuesen menos que seres humanos. Los embriones “no deseados” son descartados como desecho médico, si tienen defectos genéticos o son del sexo “equivocado”; bajo la ley actual, los embriones están bajo la competencia de las leyes de propiedad en vez de las leyes de custodia infantil; y los hijos a menudo son manipulados genéticamente cuando están en la caja de petri.
Los padres en potencia deberían retroceder ante el hecho de que solamente uno de 30 embriones creados por medio de la FIV llega a nacer. Los otros mueren o son congelados indefinidamente. Si bien es cierto que la mayoría de los padres nunca consideraría la “reducción selectiva”, a pesar de sus mejores intenciones, la FIV siempre trata al hijo como si fuese menos que un ser humano. Ello quedó crudamente ilustrado por una mujer que recientemente fue entrevistada por el New York Times: “Si hubiese concebido mis gemelos de manera natural, no hubiese reducido este embarazo… Pero creamos este hijo de una manera tan artificial – en un tubo de ensayo, escogimos un donante de óvulos y me transfirieron el embrión – y, de alguna manera, tomamos la decisión de cuántos llevar en mi seno, que me pareció simplemente otra opción. El embarazo fue un evento tan consumista para comenzar, que ello se convirtió en otra cosa más que estaría bajo nuestro control”.
Nichols es el director nacional de HLI America (HLI EEUU), una iniciativa educativa de Human Life International. Averigüe más acerca de su misión enwww.hliamerica.org.
EL PORQUÉ LA FECUNDACIÓN IN VITRO ESTÁ MAL.
Padre Peter West
Vicepresidente para las Misiones
El caso de Nadya Suleman que dio a luz a ocho hijos luego de haber dado a luz previamente a otros seis por medio de la fecundación in vitro (FIV), ha hecho que surjan muchas preguntas en torno a todo el proceso de esta técnica. Algunos se preguntan si todos esos bebés debían haber sido transferidos a la madre, otros se preguntan si algunos de esos bebés debían haber sido “reducidos selectivamente” – un eufemismo para encubrir la violencia del aborto. Pero pocos se preguntan si, primero que todo, la FIV es moral. Este caso nos proporciona una oportunidad educativa, para que los fieles católicos puedan enseñar a otros acerca del carácter sagrado de la vida humana desde su mismo comienzo y del maravilloso plan de Dios para el matrimonio, la sexualidad y la vida familiar.
La razón primaria por la cual la Iglesia Católica se ha opuesto a la FIV desde el comienzo es que el niño tiene el derecho a venir a este mundo como resultado de un acto de amor entre su papá y su mamá, y no como resultado de un proceso de laboratorio. Miles de embriones han sido congelados y privados del cuidado de su madre. Muchos no sobreviven el estado de congelación y el proceso de descongelación. Otros son descartados o sometidos a ulteriores abusos y experimentaciones. A menudo se transfieren a la madre más embriones que los que se pretende llevar a término por medio del parto, y por ello son “reducidos selectivamente” – un eufemismo para encubrir su matanza. Pero estas razones son secundarias ante el hecho de que un niño ha venido a este mundo, no como resultado de un acto de amor, sino a través de terceros en un proceso de laboratorio.
Hasta el año 1930, todas las iglesias cristianas estaban unidas en la oposición a la anticoncepción. La difusión a gran escala del uso de la anticoncepción produjo una concepción utilitarista del cuerpo, aumentando así la promiscuidad y a muchos más, no menos, abortos, y ahora la eutanasia.
Dios es el autor de la sexualidad. La sexualidad es algo hermoso y bueno cuando respetamos el plan de Dios para ella. Dios quiso que la sexualidad fuese la expresión de la autodonación total del amor abierto a la transmisión de la vida en el contexto del matrimonio entre un hombre y una mujer, que se han comprometido el uno al otro para toda la vida.
La anticoncepción y la esterilización son inmorales porque la dimensión procreadora (dadora de vida) del acto conyugal es deliberadamente separada de la dimensión unitiva (dadora de amor) del acto conyugal, de tal manera que los actos por medio de los cuales Dios puede elegir transmitir la vida son hechos deliberadamente infecundos. La FIV disocia la dimensión dadora de amor de la dimensión dadora de vida.
La FIV es la otra cara de la anticoncepción. La anticoncepción es tener relaciones sexuales sin bebés; la FIV es tener bebés sin relaciones sexuales. Si bien es cierto que la Iglesia ha sido acusada a menudo de ser anti-sexo, en realidad enseña que los actos por medio de los cuales un nuevo ser humano viene al mundo son un reflejo del amor Trinitario. A lo que la Iglesia se opone es la degradación de la sexualidad. Carlos Marx dijo que tener relaciones sexuales no es más significativo que tomarse un vaso de vino – la mera satisfacción de un apetito corporal. La Iglesia ve las relaciones sexuales dentro del matrimonio como un acto de amor por medio del cual Dios, si Él así lo decide, puede traer al mundo una nueva vida humana creada a Su imagen y semejanza.
Sin embargo, cualquiera que sea la forma en que un niño ha venido al mundo, su vida debe ser respetada y protegida. El Papa Juan Pablo II se pregunta en su Encíclica El Evangelio de la Vida: “¿Acaso se puede ser un ser humano sin al mismo tiempo ser una persona humana?” La ciencia nos muestra que desde el momento de la fertilización ha comenzado una nueva vida humana. No se trata de un ser humano en potencia, sino de un ser humano con un gran potencial. A medida que crecemos hacia la adultez, no hay cambios en nuestra naturaleza como seres humanos ni en nuestro valor como personas. La vida del ser humano debe ser respetada en cada fase de su desarrollo y existencia.
Para los matrimonios que están sufriendo de problemas de infertilidad, hay esperanza. El Dr. Thomas W. Hilgers es un ginecólogo provida. El Dr. Hilgers es Director del Instituto Papa Pablo VI. Este eminente médico ha desarrollado un sistema que se llama NaProTecnología, para ayudar a los matrimonios a administrar su fertilidad por medio del respeto a la ley moral de Dios. La NaProTecnología funciona con, y no en contra de, la naturaleza.
El Dr. Hilgers ha tenido mucho éxito al ayudar a muchos matrimonios a tener hijos. Incluso, hay un matrimonio que conozco personalmente que ahora tiene una hermosa bebé después de cinco años de infertilidad. El Dr. Hilgers dice que hay demasiados médicos hoy en día que pasan por alto los problemas subyacentes que causan la infertilidad e inmediatamente recomiendan la FIV.
Detrás de cada “no” hay un gran “sí” a la dignidad de la persona humana, al respeto a la vida humana inocente y a la santidad del matrimonio, y la reverencia hacia los actos dadores de amor por medio de los cuales vienen al mundo nuevos seres humanos.









