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Martes, 29 de Noviembre de 2011 13:12

Oraciones por las víctimas de la violencia doméstica

 

Dios de Amor y Creador del universo, existen hogares en nuestro mundo donde las personas viven con temor a la violencia. Para estas familias el hogar no es un lugar seguro, sino un lugar de peligro y dolor.

Dales la fuerza y la sabiduría que necesitan para vencer la arrogancia, el temor y la división.

Dales la gracia para resolver los conflictos sin violencia y para establecer relaciones basadas en el espíritu de amor y paz de Nuestro Señor Jesucristo.

Dios de la Misericordia, muchos les hemos dado la espalda a las personas abusadas. Abre nuestros corazones al dolor de los que sufren. Ayúdanos a llegar a ellos con amor y comprensión.

Dios de la Esperanza, en ti confiamos abriendo nuestras vidas a tu fortaleza, tu sanación y tu amor. Enséñanos que la paz solamente llegará a nuestro mundo, por medio de la paz en nuestros corazones y en nuestros hogares. Amén.

Nota: Esta oración se puede solicitar impresa a través de Pax Christi, Miami, 900l S.W. l97 St., Fl. 33l57. Teléfono: (305) 238-7279.


Oración ante un crucifijo

 

En esta hora, Cristo del Calvario, vengo a rogarte por mi carne enferma; pero, al verte, mis ojos van y vienen de tu cuerpo a mi cuerpo con vergüenza.

¿Cómo quejarme de mis pies cansados, cuando veo los tuyos destrozados?
¿Cómo mostrarte mis manos sanas, cuando las tuyas están llenas de heridas?
¿Cómo explicarte a Ti mi soledad, cuando en la cruz alzado y solo estás?
¿Cómo explicarte que no tengo amor, cuando tienes traspasado el corazón?

Ahora ya no me acuerdo de nada, huyeron de mí todas mis dolencias.
El ímpetu del ruego que traía se me ahoga en mi boca pedigüeña.
Y sólo pido no pedirte nada, estar aquí, junto a Tu imagen muerta;
ir aprendiendo que el dolor es sólo la llave santa de tu santa puerta.

(Anónima)

Oración de confesión

Acerquémonos al Señor para depositar ante Su presencia las inquietudes, culpas y faltas que afectan nuestra vida cristiana.

Señor, hoy vengo a ti para hablarte de las tristezas que embargan mi vida a causa de mi carácter.
Tengo tendencias a la ira rápida, a la violencia incontrolable, a la respuesta agresiva.
No sé como reaccionar con paz ante las situaciones que me alteran ni sé cómo controlarme ante provocaciones, sean éstas grandes o pequeñas.
Maltrato a quienes amo, pues practico un trato severo para con mi familia.
Soy víctima de mi descontrol: grito en lugar de hablar con suavidad, critico en lugar de ofrecer elogios, inspiro miedo en lugar de brindar ternura.
Sufro, Señor, porque no quisiera actuar con violencia. Quiero promover la paz e impongo la guerra, quiero invitar a sonrisas y sólo consigo gestos hostiles y en mi corazón no quiero que esto sea así, Señor.
Hoy, cuando te confieso el pecado de mi violencia, te ruego que pongas un corazón limpio en mi pecho y que renueves un espíritu recto dentro de mí.
Dame la mansedumbre de los que te aman
Dame la paciencia de los que te siguen
Dame la bondad de quienes te sirven
Dame la paz serenadora de los que te pertenecen.

Por Cristo Nuestro Señor, Amén.

Oración de la serenidad
Por San Francisco de Asís

Dios mío, concédeme serenidad para aceptar lo que no puedo cambiar;
Valor para cambiar lo que puedo;
Y sabiduría para reconocer la diferencia.

Oración por la sanación interior

Señor Jesús:

Te doy gracias por la sanación que has hecho y continúas haciendo en mí. Te entrego todo lo que soy: lo malo para que con la ayuda de tu gracia lo conviertas en bueno, y lo que ya es bueno, para que lo hagas cada día mejor.

Te entrego también mi pasado, el cual ya no puedo cambiar. Lo dejo a tu inmensa misericordia. Ayúdame a olvidar todo el dolor y a recordar sólo las alegrías. Haz que pueda vivir el presente a plenitud y que pueda buscar y encontrar cada día, la felicidad que siempre me había eludido en el pasado. De este modo podré aprovechar todos los días que me quedan de vida y vivirlos, como si cada uno de ellos fuera el último.

Te pido Señor, que los disgustos, problemas y demás sufrimientos que todavía tenga que pasar, no me hagan olvidarme de ver siempre lo bueno y lo positivo que hay en mi vida. No permitas tampoco que me olvide de que, aunque el mundo entero me rechazara, tú nunca lo harás porque tu amor es incondicional y eterno.

Gracias por el gran honor de incalculable valor, de ser tu hija amada y heredera de tu reino.

 

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