Carta abierta al
Presidente Chávez



Miami, 3 de noviembre de 1999.

Excelentísimo Señor Hugo Chávez,
Presidente de Venezuela

Distinguido Señor Presidente:

El pasado 30 de octubre usted intervino en las dos polémicas que se suscitaron en su país en torno al derecho a la vida y a la información veraz, temas que se encuentran en el texto constitucional que ha preparado la Asamblea Nacional Constituyente y que será sujeto a votación el próximo 15 de noviembre.

En sus declaraciones usted lamenta que las ya mencionadas polémicas puedan resultar en un "NO" en el voto popular. Y por ello usted ha propuesto que ambas polémicas sean eliminadas de dicho texto constitucional "para que puedan ser debatidas por la sociedad y tal vez sometidas a referéndum en el futuro". Usted también declaró estar en contra del aborto, pero añadió que "no puedo imponer eso a todo un país"*.

Como miembro de una organización que defiende el derecho a la vida desde la concepción hasta su muerte natural, deseo expresarle mis convicciones al respecto en el contexto de sus declaraciones. No soy venezolano, pero lo que voy a expresar lo hago con todo respeto a su presidencia, elegida por el pueblo limpia y decididamente, y por el bien del pueblo venezolano, el cual para mí es un pueblo hermano, tanto por ser latinoamericano como por el hecho de que es un pueblo noble que merece lo mejor.

En relación a lo expresado por usted de que está en contra del aborto, pero que no puede imponerle esa postura a todo el pueblo venezolano, permítame las siguientes observaciones. Me pregunto si la mayoría en Venezuela sabe de verdad qué es el aborto, qué le ocurre al bebé no nacido durante este procedimiento (sea éste la intervención de un abortero, el efecto antimplantatorio del dispositivo intrauterino, de la píldora anticonceptiva o de la "anticoncepción de emergencia", etc.), qué consecuencias psicológicas y físicas tiene para la mujer, cuáles son las características de ese ser que toda mujer embarazada lleva en su seno: que desde la concepción todas sus características físicas ya están programadas, que a los 21 días le late el corazón, que a los 43 días ya se pueden detectar las ondas cerebrales, que a las 8 semanas todos los sistemas de su organismo están presentes y funcionando a las 12, etc. Me pregunto, a propósito de su defensa del derecho a la información veraz, si todos los venezolanos que son capaces de votar saben estas cosas. Porque si no se les ha informado plenamente de ellas, ¿cómo van a votar con responsabilidad? ¿Se le podrá llamar a eso un voto democrático?

Pero en realidad no es el voto popular lo que debe decidir si se va a respetar la vida humana o no. Como usted sabe, la democracia que usted mismo quiere que se realice auténticamente en Venezuela no se constituye únicamente por la decisión de la mayoría. Lo primero que una democracia debe reconocer y garantizar es el respeto a los derechos humanos de todos los ciudadanos, sean éstos de la mayoría o de las minorías, capaces de expresar su voz o no, capaces de defenderse o indefensos, débiles o fuertes, blancos o negros, orientales o indios, ricos o pobres. Los indefensos, los sin voz, los débiles, los discriminados, los enfermos y los pobres son los que más necesitan de la defensa de sus derechos. Si una democracia no hace eso, ya no es una democracia. Se ha convertido en una dictadura de la mayoría. Y yo sé, Señor Presidente, que usted no quiere eso, porque usted se ha presentado como el defensor del pueblo pobre venezolano. Le pido simplemente que extienda su ya valiente defensa para que incluya a los no nacidos y a sus mamás, víctimas también del aborto.

Usted afirma que no puede imponerle el rechazo al aborto a todo el pueblo venezolano. Pero no es usted el que se lo impone, ¡es la misma democracia la que se lo impone! El derecho a la vida es el primer y más fundamental derecho humano, sin él no se dan ninguno de los otros derechos. Por consiguiente, el derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte natural no es algo que deba ser decidido por la mayoría (de los ya nacidos y capaces de votar, claro), sino que es algo que constituye uno de los fundamentos mismos de la democracia. No es la democracia la que debe determinar el respeto a la vida; es el respeto a la vida, entre otros derechos fundamentales, lo que constituye la democracia.

Le invito, Señor Presidente, a que utilice todos los medios a su alcance para que la vida humana, desde la concepción hasta la muerte natural, sea respetada. Si usted hace eso, Señor Presidente, estará sentando las bases para una Venezuela verdaderamente libre y democrática. Usted pasará a la historia como un honroso defensor de los débiles y oprimidos. Le pido que no le importe lo que digan las potencias extranjeras al respecto, ni aquellos dentro de su país, que influenciados por estas potencias, se quieren desviar de esos valores auténticos de su hermoso pueblo. El recurso más grande que tiene Venezuela no es el petróleo, son los venezolanos, incluyendo los niños venezolanos que no han nacido todavía. ¡Defiéndalos, Señor Presidente!

Pongo a su disposición y servicio todos los recursos educativos de nuestra organización.

Respetuosamente,

Adolfo J. Castañeda
Coordinador Auxiliar
Vida Humana Internacional

*Agence France Press (Caracas), "Chávez en contra del aborto y la censura a la información en la nueva Constitución," El Nuevo Herald, 31 de octubre de 1999, 2B.



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