"Llamar a las cosas por su nombre"
Por Adolfo J. Castañeda



"La aceptación del aborto en la mentalidad, en las costumbres y en la misma ley es señal evidente de una peligrosísima crisis del sentido moral, que es cada vez más incapaz de distinguir entre el bien y el mal, incluso cuando está en juego el derecho fundamental a la vida. Ante una situación tan grave, se requiere más que nunca el valor de mirar de frente a la verdad y de llamar a las cosas por su nombre, sin ceder a compromisos de conveniencia o a la tentación de autoengaño. A este propósito resuena categórico el reproche del Profeta: ‘¡Ay, los que llaman al mal bien, y al bien mal!; que dan oscuridad por luz, y luz por oscuridad' (Isaías 5, 20)" (Juan Pablo II, El Evangelio de la Vida, número 58).

Estas palabras del Santo Padre atraviesan como una espada luminosa los eufemismos y los engaños de los que promueven la "cultura" de la muerte. Ya sea que le llamen al aborto "salud reproductiva", "interrupción del embarazo", "equidad de género" o "anticoncepción de emergencia", el aborto sigue siendo lo que es: "la eliminación deliberada y directa, como quiera que se realice, de un ser humano en la fase inicial de su existencia, que va de la concepción al nacimiento" (Ibíd.).

Ya el Dr. Bernard Nathanson, ex abortista convertido en provida y en católico, lo había advertido diciendo que "la ingeniería verbal siempre antecede a la ingeniería social". Los que promueven la "desconstrucció" de la sociedad siempre comienzan por tergiversar el lenguaje, así ocultan lo que de verdad están buscando alcanzar.

En 1970, cuando todavía el aborto no había sido legalizado en las naciones más poderosas e influyentes del mundo, fue publicado un artículo muy revelador en Estados Unidos. El artículo, escrito por el Dr. Malcom S. M. Watts y publicado en septiembre de ese año en la revista California Medicine, comienza con las siguientes palabras: "La ética occidental tradicional siempre ha hecho gran hincapié en el valor intrínseco de toda vida humana, sin tener en cuenta su etapa o condición. Esta ética ha tenido la bendición de la herencia judeo-cristiana y ha sido la base para la mayor parte de nuestras leyes y mucha de nuestra política social."

Más adelante en su artículo, el Dr. Watts señalaba, con asombrosa anticipación, lo siguiente: "Puesto que la antigua ética aún no ha sido plenamente desplazada, ha sido necesario separar la idea del aborto de la idea de matar, que continua siendo moralmente abominable. El resultado ha sido curiosamente el evitar el hecho científico, que en realidad todo el mundo conoce, de que la vida humana empieza en la concepción y continúa intrauterina y extrauterinamente hasta la muerte. La muy considerable gimnasia semántica que se requiere para racionalizar el aborto como todo, menos quitar una vida humana, sería absurda, si con frecuencia no se propusiera bajo auspicios socialmente impecables. Se sugiere que esta especie de subterfugio esquizofrénico es necesario porque aunque se está aceptando una nueva ética, aún no se ha rechazado la antigua." (El énfasis es nuestro.)

Es bochornoso e inaudito que personas inteligentes y capaces, que ostentan posiciones de poder, se engañen a sí mismas y engañen a otros utilizando una gimnasia semántica para promover la matanza de seres humanos débiles e indefensos. Si estas personas no se arrepienten de su cobarde actitud, y Dios quiera que así sea, acabarán ellos mismos por caer en la peor esquizofrenia moral jamás vista.

Nota: Adolfo J. Castañeda es Director de Programas Educativos de VHI

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