Un llamado al arrepentimiento ante la crisis actual
Por Magaly Llaguno



El pasado 11 de septiembre del 2001, fecha en que murieron más de 6,000 personas inocentes durante los más sanguinarios y cobardes ataques terroristas en la historia de Estados Unidos, pasará a la historia como un ejemplo de lo que es capaz el ser humano, cuando rechaza las leyes del verdadero Dios y pierde su respeto por la vida humana.

Sin embargo, cada día mueren debido al aborto provocado quirúrgicamente, más de 4,000 seres humanos inocentes que no llegarán a nacer. Más de 30 millones han muerto en Estados Unidos desde que fue legalizado el aborto durante todo el embarazo por el Tribunal Supremo en 1973. Y muchos millones más también han muerto y continúan muriendo a consecuencia de los abortos en las primeras etapas de la vida humana, provocados por la "píldora anticonceptiva", el DIU o dispositivo intrauterino, el Norplant y el Depo Provera. Por otro lado, ¿cuántas personas saben que los médicos rutinariamente producen muchos embriones mediante la fecundación in vitro para cada pareja que desea tener hijos, la mayoría de los cuales muere porque es extremadamente difícil lograr que un ser humano producto de esa tecnología se implante en el útero materno y llegue a nacer?

El 9 de agosto del 2001, el presidente Bush anunció su decisión de otorgar fondos provenientes de los impuestos, para las investigaciones con embriones humanos que fueron abortados antes de las 9 PM de ese día; con el objeto de utilizar sus células madre (stem cells) para experimentos médicos (1). Estos seres humanos inocentes e indefensos, no sufrieron una muerte natural, sino que se les mató y los responsables de esa matanza recibirán ahora fondos del gobierno para experimentar con ellos (2).

La reacción a la decisión del presidente Bush no se hizo esperar. El obispo Joseph Fiorenza de Estados Unidos declaró: "Tenemos esperanzas de que el presidente Bush retorne a su postura, basada en el principio de NO tratar a ciertos seres humanos como simples objetos que se pueden manipular o destruir para usarlos en investigaciones"( 3). El arzobispo Justin Rigali, también de Estados Unidos, señaló : "...estamos convencidos de que la creación y destrucción de embriones humanos para investigaciones científicas no se puede facilitar o favorecer de ningún modo, sin poner en peligro la causa a favor de la dignidad de otras vidas humanas"(4). Otros obispos y además líderes del movimiento provida en Estados Unidos hicieron declaraciones similares.

El uso de células de bebés abortados está muy relacionado con la práctica de la fecundación in vitro, la cual lamentablemente se ha hecho muy popular. En Estados Unidos solamente se estima que alrededor de 180,000 seres humanos fueron producidos, congelados y permanecen "almacenados" (5).

Muchos tratan de justificar la experimentación con bebés abortados alegando que el aborto (el cual es legal), también mata a seres humanos en desarrollo, y que puesto que tanto los que van a ser abortados como los que fueron producidos en laboratorios van a morir de todos modos; ¿por qué no experimentar con ellos para ganar algo bueno? Los médicos que esgrimieron esos mismos argumentos para tratar de justificar sus crímenes con respecto a los judíos en la Alemania nazi, fueron condenados a muerte durante los juicios de Nurenberg. ¿Cómo juzgará la historia a los modernos nazis?

Si la sangre de Abel clamó a Dios como nos dicen las Escrituras, ¿acaso no clamará a Él la de tantos millones de criaturas inocentes abortadas, creadas sólo para satisfacer el deseo de tener un hijo aunque esto le cueste la vida a muchos otros más, o para experimentar con ellas para después botarlas al zafacón como si fueran sólo basura?

Dios nos dice en Su Palabra, la Biblia: "Si siguen mi legislación y cumplen mis preceptos poniéndolos por obra...pondré paz en el país y dormirán sin alarmas... y la espada no cruzará su país" (Levítico 26: 3-6). Y añade el Señor: "Pero si no me obedecen y no ponen por obra todos mis preceptos, si rechazan mis leyes y detestan mis mandatos...rompiendo mi pacto, entonces yo los despacharé así ...me enfrentaré con ustedes y sucumbirán ante sus enemigos..." (Levítico 26: 14-17).

Todos hemos quedado profundamente conmovidos y entristecidos, por los horribles actos de terrorismo en Nueva York, Washington y Pensilvania. El primer ministro de Inglaterra, Tony Blair, comentó al respecto que los terroristas no tienen absolutamente ningún respeto por "la santidad de la vida humana." ¿Es que los líderes del gobierno inglés, el cual legalizó el aborto y permite la producción in vitro y la destrucción de miles de seres humanos en sus primeras etapas de desarrollo, han cerrado los ojos a esos crímenes? En otros países occidentales llamados "civilizados", como por ejemplo Estados Unidos, la ley también permite la matanza de seres humanos inocentes, simplemente porque se encuentran todavía en el útero materno, en un recipiente de laboratorio o congelados a bajísimas temperaturas. Cada uno de estos seres humanos, al igual que cada uno de nosotros, posee un alma inmortal y una dignidad infinita e inviolable.

El famoso líder carismático católico Ralph Martin expresó sus pensamientos sobre las declaraciones del primer ministro Blair: "¿Se ha dado cuenta alguien de la ironía, la hipocresía de lamentarse por la falta de respeto a la vida humana por parte de otros, al mismo tiempo que se pasa por alto la propia?"(6). Señaló también el Sr. Martin: "Opino que hemos recibido un llamado al arrepentimiento serio y urgente...es tarde...es imprescindible que respondamos ahora o lo que hemos experimentado será solo el principio...es hora ya de que todos los que nos hemos alejado de Dios o le hemos ignorado, volvamos a Él y acudamos a Su misericordia, mientras todavía tenemos tiempo"(7). Y añadió: "El amor es más poderoso que el odio, la esperanza es más poderosa que la desesperación y la fe es más poderosa que todas las fuerzas del mal en el mundo"(8).

Juan Pablo II desde hace años está advirtiendo a Estados Unidos con caridad pero con firmeza, que su grandeza podría desmoronarse si no restaura el respeto a la vida desde el momento de la concepción hasta la muerte natural. La Madre Teresa antes de morir nos advirtió: "El aborto mata la paz del mundo...Es el peor enemigo de la paz, porque si una madre es capaz de destruir a su propio hijo, ¿qué me impide matarte? ¿Qué te impide matarme? Ya no queda ningún impedimento."

En estos momentos de tan grande crisis, recemos no sólo por esta nación y por sus gobernantes, sino además por todas las demás naciones donde se ha perdido también el respeto a la vida humana inocente.

Magaly Llaguno es directora ejecutiva de Vida Humana Internacional. Para obtener más información sobre este y otros temas relacionados con la vida y la familia, diríjase a Vida Humana Internacional, 45 SW 71 Avenue, Miami, FL, 33144, USA. Tel.: (305) 260-0525. Fax: (305) 260-0595. Email: . Página web: www.vidahumana.org.

Notas: 1. Life Insight, publicación del Secretariado de Actividades Pro Vida de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, Vol. 12, no.4, agosto-septiembre, 2001. 2. Ibid. 3. Origins, agosto 30, 2001, Vol.31, No.12. 4. Ibid. 5. Life Insight, Vol. 12, no, agosto-septiembre, 2001. 6. "America in Crisis", septiembre17, 2001. 7. Ibid. 8. Ibid.

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