Introducción: El 12 de diciembre el Dr. Alfonso Rueda dirigió esta carta al director del periódico El Tiempo de Bogotá, Enrique Santos Calderón.
Estimado Señor:
En el Editorial de El Tiempo del pasado 2 de noviembre, destinado a "formar opinión", el autor pone la suya sobre la eutanasia, apoyado en datos completamente errados.
En primer lugar, la Iglesia Católica enseña y orienta según la verdad; no impone sus principios. Estos tienen como fin, hacer que el hombre, individual y colectivamente, pueda alcanzar la felicidad verdadera. Además, es elemental que la ley no pueda apartarse de la moral, porque en tal caso no obliga su cumplimiento. Nunca la autoridad del Estado puede pasar por encima de la conciencia de los ciudadanos.
Hay que saber que la Iglesia no aprueba el tratamiento a enfermos terminales sin ninguna esperanza, sólo para prolongar la vida. Además, preconiza el uso de analgésicos y sedantes en la dosis que sea necesaria para aliviar al paciente, aunque pueda acortar eventualmente su vida.
La libertad fue dada al hombre para que, conociendo por su inteligencia la verdad y el bien, pueda tomar por ellos una decisión propia. Por supuesto que puede hacer mal uso de esa libertad siguiendo un mito, en perjuicio de sí mismo o de otro. "La verdad os hará libres", dijo Jesús.
El mito de la eutanasia es creer que usted o yo, o cualquier otro ser humano, tenemos derecho o capacidad para juzgar que la vida de otra persona o la nuestra no merece ser vivida.
¿Qué se entiende por "calidad de vida" ? Para muchos significa bienestar, comodidad. Es bien sabido que los grandes hombres y sus obras se han caracterizado por la renuncia a la comodidad. Para otros, el poder y el placer son los determinantes de la calidad de vida. Así que si alguien pierde sus bienes materiales, o si nunca los ha tenido, no tiene ese requisito que le justifique vivir. ¿Según esto, cuántos seres humanos merecerían quedar sobre la tierra ? ¿Y además, capaces de hacer qué ?
¿Qué es "morir dignamente" ? Por lo general, se entiende que morir con un mínimo de sufrimiento (en el caso de un enfermo inconsciente, se trata del sufrimiento de sus familiares). No se tienen en cuenta los recursos de la medicina paliativa, hoy muy eficaces. Pero sobre todo, a nadie le quita dignidad y sufrimiento. Primordialmente, afrontar la realidad de la muerte inminente es algo que revela la dignidad de un hombre, no lo contrario.
Este mito de la calidad de vida dio origen al Programa Alemán de Eutanasia, lanzado y ejecutado sobre esa base por los siquiatras más prestigiosos de Alemania, aplicado primero a enfermos mentales, discapacitados, ancianos, etc., y luego extendido a judíos, a los prisioneros políticos o de guerra, quienes, según el mismo mito, tampoco merecían vivir. Los autores del Holocausto, sometidos a juicio en Nuremberg, alegaron en su defensa que habían sido motivados "por compasión". Hitler no se atrevió a promulgar una ley contra la eutanasia. Fue suficiente una autorización solapada a través de su médico personal.
También en Holanda se ha venido aplicando la eutanasia desde hace muchos años, antes de que la ley lo aprobara, con base en varios fallos judiciales. Es cierto que habían sido promulgados diez requisitos para la "muerte por piedad". Pero, aprobado el acto de eutanasia en sí, los requisitos son vistos como de menos importancia. No se cumplen en la mayoría de los casos. El primero, que consiste en un informe a la autoridad estatal, resulta engorroso para el médico y se puede eludir acomodando el diagnóstico como "muerte natural". El segundo, el consentimiento del enfermo, es muy relativo. Una alta proporción de enfermos graves no están en condiciones de tomar una decisión, aunque algunos de ellos pueda dar un "sí". En muchos casos, el consentimiento es inducido por los familiares, haciéndole sentir que se ha convertido en una carga muy pesada. Así, la "libertad de morir dignamente", se vuelve la obligación de morir aprisa.
La situación en Holanda es tal, que se ha constituído una asociación de personas mayores de 60 años para proteger al que ingresa a un hospital, de una eutanasia inconsulta. Esto puede no ser muy eficaz, ya que hay casos que requieren toda la capacidad, iniciativa, interés y tesón del médico o médicos, lo cual difícilmente se encuentra en médicos que piensen que el paciente ya vivió bastante, o que es demasiado costoso el tratamiento, o que su "calidad de vida" no amerita el esfuerzo. Es demasiado fácil para un médico hacer morir a su paciente, sin ser advertido.
Alfonso Rueda, Médico M.D.
Nota: El Dr. Rueda es voluntario de la Fundación Cultura de la Vida Humana, representación de Vida Humana Internacional en Colombia. A continuación incluímos los datos de dicha organización : Carrera 13 No. 68-50, Bogotá. Tel: 3212874 y 2496545. Fax: 3212874. E-mail: cuhumana@col1.telecom.com.co
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