¿Y qué piensa usted de la vida?



"Y no os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto" (Romanos 12:2).

Yo no sé usted, pero yo a veces tengo la impresión --y le aseguro de todo corazón que no quiero ofender a nadie-- que muchas veces no pocos católicos (y otros cristianos y demás gente buena) nos comportamos como tontos útiles. ¿Cómo es posible que hayamos permitido que en nuestro mundo hispano, tan católico, se haya introducido la "cultura" de la muerte? ¿Cómo es posible que nos hayamos dejado engañar por eufemismos como la "educación" sexual, la "anticoncepción de emergencia", la "salud reproductiva", los mitos de la "sobrepoblación" y hasta el mismo aborto quirúrgico en algunos casos?

Hace pocos meses estuve en Mexicali, México. Fui invitado por una coalición de grupos a favor de la vida y la familia a participar en un congreso provida. Esos hermanos provida me decían que habían intentado por todos los medios de convencer al resto de la gente de su región de que el Instituto para la Mujer que el gobierno quería establecer era perjudicial para todos. Los hermanos provida se habían dado cuenta de que la ideología del Instituto era la "perspectiva de género", otro engaño para promover el aborto, la anticoncepción, el lesbianismo y otros males, que nada tienen que ver con la verdadera promoción de la mujer. Sin embargo, casi nadie les creía a mis amigos. Eran tildados de "radicales", "extremistas", "fanáticos" y no se cuántas sandeces más. Por más que les mostraban las pruebas de que lo que estaban diciendo era verdad, los demás se resistían a creerles.

Este es sólo un ejemplo de muchos casos parecidos a lo largo y ancho de América Latina y del resto del mundo hispano. Tal parece que somos un gigante dormido. Pero como dice el refrán: "Camarón que se duerme se lo lleva la corriente".

No puedo hablar por los demás cristianos y gente de buena voluntad, pero sí puedo hablar por los católicos. Tal parece que son pocos los católicos que conocen bien la doctrina moral que Cristo le ha confiado a Su Iglesia. Si no fuera así, ¿cómo es que nos dejamos engañar tan fácilmente por las campañas anti natalistas, la "educación" sexual inmoral que destruye a nuestros hijos, el falso feminismo y otros males?

¿Qué entra a nuestra mente: la Palabra de Dios y la enseñanza de la Iglesia o cuanta tontería o mentira sale publicada en los medios de comunicación? No estoy diciendo que no leamos los diarios, veamos la TV o escuchemos la radio. Pero la pregunta que hay que hacerse es: ¿qué información constituyen los criterios y valores de nuestra mente? En otras palabras, ¿evaluamos al mundo y sus medios con el Evangelio o evaluamos al Evangelio con el mundo y sus medios? ¿Cuál es el criterio determinante de nuestra mente, la Palabra de Dios a través de Su Iglesia o la palabra de una sociedad confundida y engañada?

He insistido en la renovación de la mente porque allí es donde se forman los valores (o los anti valores), allí es donde se comienzan a formar las virtudes (o los vicios), allí es donde se influye en la voluntad (el corazón) que luego culmina en la acción (o falta de ella). No en balde San Pablo insiste en la renovación de la mente y el mismo Jesús nos recordó que el Primer Mandamiento incluye el amar a Dios "con toda nuestra mente" (cf. Marcos 12:30).

Le invito a que se dedique a formarse seriamente en la doctrina cristiana y a confiar en ella. No busque en cualquier fuente, sino en el Santo Padre y en los obispos, sacerdotes y laicos que están en comunión con él. Utilice nuestros recursos. El mundo se está cayendo a pedazos. Cristo tiene la respuesta. Con Él podremos construir la cultura de la vida y la civilización del amor. Pero, ¿podrá contar Él con usted para implementarlas?

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