¿Por qué no se deben tener relaciones sexuales antes del matrimonio?
Por Adolfo J. Castañeda



Mucha tinta se ha vertido sobre el papel para contestar esta pregunta. Vida Humana Internacional, sus filiales y amigos también la han respondido de muchas maneras y desde muchos ángulos, todos ellos válidos. Y es que VHI y el resto del movimiento provida están convencidos de que el problema del aborto y de los demás males de la "cultura" de la muerte tienen su raíz en el mal uso de la sexualidad humana, y las relaciones pre-matrimoniales es uno de esos malos usos.

Pero la respuesta fundamental a la pregunta de por qué no se deben tener relaciones sexuales antes del matrimonio hay que buscarla en un nivel más profundo. Hay que buscarla en Aquel en quien se encuentra la clave para entender qué es el ser humano, qué es el matrimonio, qué es el amor verdadero, qué es la sexualidad. Hay que buscarla en Cristo.

Nuestros jóvenes de hoy tienen derecho a conocer el verdadero sentido y belleza del matrimonio. Mientras se siga denigrando esta vocación (= llamado de Dios) al amor y a la vida, se seguirá perjudicando la familia, base de la sociedad (y de la felicidad en este mundo). Sólo cuando se caiga en la cuenta de lo hermoso que es el amor conyugal y de que este no es el resultado de una evolución ciega de la naturaleza humana, ni un invento de la sociedad, sino parte del proyecto amoroso de Dios para la humanidad, sólo entonces se comprenderá el porqué las relaciones sexuales sólo tienen sentido dentro del matrimonio.

En el capítulo 5 de la Carta a los Efesios, la Palabra de Dios compara el amor y la unión matrimonial entre un hombre y una mujer al amor y a la unión entre Cristo y Su Iglesia. Esto no es mera poesía romántica, es el plan de Dios. El amor matrimonial verdaderamente está llamado a ser un reflejo del amor entre Cristo y la Iglesia, entre Dios y la humanidad. Así como el amor de Cristo para la Iglesia y la humanidad es un amor total hasta dar la vida, así el amor entre los esposos está llamado a ser un amor total hasta dar la vida.

Ahora bien, Dios creó la sexualidad humana para que fuese expresión y renovación de la alianza de vida y amor conyugal (= el matrimonio) entre el hombre y la mujer, a semejanza de la Alianza que Cristo hizo en la Cruz con la Iglesia y con la humanidad. No tiene entonces sentido el tener relaciones sexuales antes o fuera del matrimonio, pues antes de él (en la fornicación) no hay ninguna alianza que expresar o renovar, y fuera de él (en el adulterio) lo que hay es una traición a la alianza matrimonial. Por ello es que ambos pecados son graves, aunque nunca están más allá de la misericordia de Dios cuando hay verdadero arrepentimiento y recurso al Sacramento de la Confesión.

Ni el hombre ni la mujer inventaron el matrimonio y la sexualidad; fue Dios el que los estableció. Cuando un hombre y una mujer utilizan la sexualidad de una manera distinta al plan amoroso de Dios están actuando con soberbia, pues se están apropiando de una manera de realizar los dones de Dios que en el fondo no es de ellos, sino de Dios. Pero cuando un hombre y una mujer, en el matrimonio, realizan el plan de Dios, se están santificando, se están acercando más a Dios, se están pareciendo más a Dios y a su Hijo Jesucristo. ¡Ojalá que nuestros jóvenes de hoy comprendan esta bella verdad!

Nota: Adolfo J. Castañeda es Director de Programas Educativos de VHI

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