En el libro The Population Bomb ("La bomba de la población"), producto de la cruda fantasía de su autor Paul Ehrlich, este afirma que "el control obligatorio de la natalidad" debe lograrse por medio de la contaminación del agua con "una inmensa cantidad de agentes esterilizantes" (1).
Otros que proponen el control demográfico, pero que se consideran más sofisticados que Ehrlich, sueñan con una vacuna anticonceptiva que esterilice, con un solo pinchazo, a mujeres (u hombres) durante varios años. Los más fanáticos entre ellos, y hay muchos, sostienen el argumento de que la "seriedad" del "problema" hizo "necesaria" estas vacunas de forma obligatoria.
"Nuestro país y nuestro mundo se encuentran en la actualidad en medio de una epidemia de embarazos que amenaza con destruirnos a todos," escribió Edgar Chasteen en 1971. "La salud y la seguridad públicas peligran hoy a causa de la epidemia de embarazos, como peligraban en el siglo XVIII a causa de la viruela, y la solución es la misma: desarrollar una inmunización eficaz y la aprobación de leyes obligatorias" (2).
Poco después de estas afirmaciones de Chasteen, comenzaron los esfuerzos encaminados a la fabricación de una vacuna anti embarazo. Las primeras investigaciones se enfocaron en la gonadotropina coriónica humana (HCG, por sus siglas en inglés), una hormona que el cuerpo femenino produce en los comienzos del embarazo. Esta hormona facilita el desarrollo del embrión humano y su implantación en el útero. Al engañar al sistema inmunológico de la mujer para que ataque a su propia HCG, la vacuna causaba una pérdida en las primeras etapas del embarazo. Esta vacuna anti HCG, que ha sido utilizada en la India y en otros lugares, es por tanto un abortivo.
A medida que la ciencia se ha vuelto más sofisticada, sin embargo, también se han vuelto más sofisticados los esfuerzos por desarrollar una vacuna anti embarazo. El Dr. John Herr está realizando una investigación, en la Universidad de Virginia, Estados Unidos, sobre "vacinógenos anticonceptivos de gametos recombinantes". Lo que el Dr. Herr intenta lograr, para decirlo con palabras más sencillas, es el desarrollo de una vacuna que hará que el cuerpo de la mujer reaccione a los espermatozoides de la misma manera que lo hace, digamos, ante los gérmenes. La respuesta inmunológica que se seguiría inhabilitaría y destruiría a cualquier espermatozoide que entre en las trompas de Falopio antes de que llegue a cualquier óvulo que pueda estar presente, y de esa manera se impediría la concepción.
Se tiene la intención de usar la vacuna del Dr. Herr fuera de Estados Unidos, como el mismo Dr. Herr lo ha admitido. El propio Dr. Herr también dice que, para el año del 2025, se estima que la población mundial aumente de 6 mil millones a 7 mil millones de personas y que la mitad de los embarazos serán inesperados. "Necesitamos nuevas opciones anticonceptivas," dice el investigador de la vacuna anti embarazo. Y añade: "Necesitamos estrategias nuevas que se ajusten a las muchas y diferentes culturas" (3).
Los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por sus siglas en inglés), del gobierno de Estados Unidos, que colabora con la financiación de la investigación del Dr. Herr, es aún más directo en su manera de referirse al uso que se le pretende dar a esta vacuna. Según el comunicado de prensa emitido por los NIH, que dio a conocer los fondos otorgados al Dr. Herr: "El futuro del crecimiento de la población humana lo están decidiendo en gran parte los países menos desarrollados del mundo. De hecho, el 99% del aumento demográfico natural del mundo, que consiste en la diferencia entre el número de nacimientos y el de muertes, ocurre en el mundo en desarrollo."
Lo que este comunicado de prensa no dijo es que la razón por la cual la población mundial sólo crece en el mundo en desarrollo es que esta está disminuyendo, o pronto va a empezar a disminuir, en el resto del mundo. Europa, América del Norte, Australia y grandes sectores de América Latina, Asia y África tienen ahora una tasa de fertilidad al nivel de reemplazo o por debajo de él. El nivel de reemplazo, en términos demográficos, se calcula en un promedio mínimo de 2.2 o 2.1 hijos por mujer (la tasa de fertilidad). Si la población de un país está por debajo de ese nivel de reemplazo, esa población comenzará a envejecer y, con el tiempo, a disminuir, con todos los serios problemas socioeconómicos que ello acarrea. En un mundo en el que están disminuyendo las tasas de natalidad, seguir incitando el temor a una "sobrepoblación" es, en el mejor de los casos, irresponsable.
¿Y qué pasa con la "necesidad" de una nueva vacuna anticonceptiva que "se ajuste a las muchas y diferentes culturas"? Quizás una de esas diferentes culturas sea la de China. La nueva vacuna anticonceptiva del Dr. Herr sería "perfecta" para la policía anti demográfica china. Uno casi podría imaginar a las mujeres chinas colocadas en línea para ser vacunadas, así como las han hecho comparecer, durante los últimos 20 años, para colocarles el dispositivo intrauterino, para examinarles la región pélvica o para practicarles un aborto.
Ello no es pura especulación. Resulta que uno de los países con el que el Centro del Dr. Herr está colaborando es China. Y que, por "cortesía" del financiamiento de los NIH, por lo menos seis investigadores chinos vendrán a la Universidad de Virginia durante los próximos años a estudiar las vacunas anticonceptivas. Puede ser que un día la dictadura del único partido que tan brutalmente gobierna a China tenga un arma más, o como diría el Dr. Herr, otra "opción anticonceptiva", para su guerra contra las familias y las mujeres.
Los NIH, más que el Dr. Herr, son los principales responsables de estas siniestras equivocaciones. Los NIH están fuera del plato cuando promueven las trasnochadas teorías maltusianas como pretexto para continuar su guerra contra la gente. Prácticamente todo el mundo hoy está de acuerdo con que la población mundial llegará a su clímax en unas pocas décadas, pero que luego comenzará a disminuir. Es una verdadera insensatez el suministrar fondos a investigadores chinos para que contribuyan a la disminución de la población. Al traer gente de China que se dedica al control demográfico a la Universidad de Virginia, la Universidad de Michigan y la Universidad de Carolina del Norte, los NIH están violando los reglamentos de su propio programa.
He aquí lo que dicen los NIH acerca de su Programa Internacional de Capacitación e Investigación sobre Población y Salud: "El objetivo de este programa es...extender los esfuerzos de investigación y capacitación a los países en desarrollo y a las democracias nacientes, como apoyo a los asuntos demográficos de mutua prioridad [así como] fortalecer la pericia de los científicos de las naciones en desarrollo para...promover el conocimiento que sirva de apoyo a las políticas demográficas que son apropiadas para sus países de origen y conformes a las directrices internacionales establecidas" (4).
China no es una democracia, como todo el mundo sabe, sino una dictadura de un solo partido que gobierna por la fuerza y con la amenaza de usarla. En ninguna otra época ha sido su gobierno tan duro como en años recientes, cuando ha implementado el control de los nacimientos, de forma obligatoria, por medio de la anticoncepción, la esterilización y el aborto. La política china de un solo hijo por matrimonio se estrella estrepitosamente contra la aseveración de las "directrices internacionales establecidas", que prohíben lo que es obligatorio y que le reservan a los padres, no al Estado, el derecho a decidir ellos mismos el número y el espaciamiento de los nacimientos de sus hijos.
Es bochornoso que los NIH se dediquen a financiar la capacitación de estos investigadores chinos. Es vergonzoso también que las ya mencionadas universidades de Estados Unidos, lleven a cabo dicha capacitación. ¿Acaso no regresarán estos científicos a su país para colocar sus conocimientos al servicio del atropello que el gobierno de China perpetra contra sus propias mujeres y familias? ¿Acaso no seremos los estadounidenses cómplices de estas violaciones a los derechos humanos que de seguro resultarán de todo ello?
Fuente: Stephen W. Mosher, "A ‘Stick' in Time Saves Nine," PRI Weekly Briefing, 2 de marzo del 2001, vol. 3, no. 6.
El Sr. Steven W. Mosher es Presidente del Population Research Institute o PRI (Instituto de Investigación sobre asuntos de Población), una institución no lucrativa comprometida con los objetivos de ponerle fin a los abusos contra los derechos humanos que se comenten en nombre de la "planificación familiar" y los paradigmas contraproducentes, desde el punto de vista económico y social, que se basan en la falsa premisa de la "sobrepoblación". Diríjase (en inglés) a PRI, 1190 Progress Dr., Suite 2D, P.O. Box 1559, Front Royal, Virginia 22630, USA. http://www.pop.org. Media Contact: Vince Criste, 540-622-5240 Ext. 206.
Notas: 1. PaulEhrlich, The Population Bomb (Ballintine, 1968), 135-8. Ehrlich llegó a decir que prefería que a las familias numerosas se les cobraran impuestos hasta que se volviesen pobres. 2. Edgar Chasteen, The Case for Compulsory Birth Control (Prentice-Hall), 1971), 104. 3. "Researchers Study Curbing Population," The Associated Press, 26 de febrero del 2001. 4. "International Training and Research in Population and Health," National Institutes of Health. http://grants.nihgov/guide/rfa-files/RFA-TW-00-004.html.
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