En la reflexión anterior dijimos que cada una de las dimensiones de la persona humana constituye un valor por razón de su participación en la dignidad humana, que es el valor fundamental de la persona.
Ahora bien, cada uno de esos valores, precisamente por serlo, constituye también una exigencia de respuesta. Es decir, cuando me encuentro frente a uno de estos valores mi conciencia me exige que lo respete o incluso, si la situación lo amerita, que haga algo por él. Pongamos un ejemplo. Supongamos que me encuentro ante una persona que pasa hambre. El valor de su integridad física está en peligro. Ese valor se presenta ante mí como una exigencia de ayuda. Mi conciencia me reclama que haga algo, en la medida de mis posibilidades, por esa persona que pasa hambre.
Esa exigencia que emana, por decirlo de alguna manera, del valor que constituye la integridad física, o simplemente la corporeidad de la persona humana, se llama valor moral. En este caso, ese valor moral se concreta en el mandamiento "da de comer al hambriento" (cf. Mateo 25:35). Es decir, la exigencia o reclamo, que constituye el cuerpo de la persona, precisamente por ser un valor, es un valor moral. La dimensión moral de ese valor humano que es el cuerpo surge cuando se contempla ese valor humano desde su dimensión de exigencia, de reclamo.
Podríamos llegar a la misma conclusión utilizando otras dimensiones de la persona humana como ejemplos. Pero el que hemos utilizado nos basta. Generalizando, podemos afirmar que los valores morales son los mismos valores humanos (que son las dimensiones de la persona humana) desde su dimensión de exigencia, de reclamo, a respetarlos e, incluso, si la situación lo amerita, a hacer algo por ellos.
Vemos entonces que los valores morales no tienen nada de abstractos ni de irrelevantes en relación con la experiencia humana concreta. Al contrario, los valores morales son los valores más importantes que existen, porque precisamente son los que protegen y promueven la dignidad de la persona humana en sus distintas dimensiones. Obsérvese que hemos dicho que "son los valores que protegen la dignidad de la persona humana." Es decir, para seguir con el ejemplo del hambriento, cuando doy de comer a una persona necesitada no estoy simplemente alimentando a una persona, estoy ayudando a la persona misma como persona. La razón de ello es, como ya hemos explicado, que la persona humana es una unidad sustancia (no accidental) de varias dimensiones, especialmente de cuerpo y alma. Cuando toco el cuerpo de una persona, toco a la persona misma.
A través de este ejemplo tan sencillo hemos visto la conexión entre los valores morales y la dignidad de la persona humana. Ello es a lo que nos referíamos cuando hablábamos de la necesidad de personalizar el discurso moral.
En nuestra próxima reflexión veremos la conexión entre los valores morales y las normas morales.
Adolfo J. Castañeda es Director de Programas Educativos de Vida Humana Internacional.
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