El matrimonio es un sacramento establecido por Dios. Sin embargo, hay tribunales y legislaturas que intentan destruirlo. Ello implica que es muy necesario que los líderes religiosos rompan su silencio y comiencen a hablar en defensa de este santo sacramento.
En diciembre de 1999, la Corte Suprema de Vermont ordenó a la Asamblea Legislativa estatal que concediera todas las prerrogativas y protecciones legales a los homosexuales que viven juntos y practican el homosexualismo, como si se tratara de un matrimonio entre un hombre y una mujer.
Pero la Iglesia Católica, fiel a la Palabra de Dios, enseña que los actos homosexuales constituyen un pecado y un vicio. No puede haber un derecho para hacer el mal, y no existen derechos basados en el pecado. Esta decisión judicial devalúa la condición moral y legal del matrimonio, al dar igual reconocimiento a la práctica homosexual.
La Iglesia Católica distingue entre la inclinación homosexual (la cual no es pecado, aunque inclina a actos que sí lo son), y los actos homosexuales, los cuales constituyen un grave desorden moral. La Iglesia no condena a ninguna persona homosexual. Pero, fiel a Jesucristo y a su Palabra, sí condena los actos homosexuales y les pide a estas personas, como a todas las demás, que observen los mandamientos de Dios y les ofrece su comprensión, su ayuda pastoral, sus oraciones y los Sacramentos, que son medios para obtener la gracia de Dios, con la cual la persona puede vencer todo pecado y ser libre en Cristo.
La decisión de la Corte Suprema de Vermont comporta otros peligros. Obligará a los ciudadanos, que son también contribuyentes, a pagar por estos nuevos beneficios legales. ¿Qué será entonces de los derechos de los contribuyentes? ¿Y qué sucederá con los derechos de los cristianos, los judíos y los musulmanes que se oponen a la práctica homosexual? ¿Y qué será del derecho de la Iglesia Católica? El fallo de Vermont es una decisión judicial intrínsecamente grave e injusta contra las personas que ahora están obligadas a subsidiar actos de pecado, actuando de esta forma contrariamente a su conciencia.
Pero hay más peligros todavía. Si esta decisión judicial de Vermont se mantiene en vigor, los tribunales y las legislaturas de otros Estados comenzarán a citarla y a extender su significado legal para así continuar limitando los derechos de la Iglesia. Se perseguirá a la Iglesia por rehusar conceder derechos matrimoniales a los que practican el homosexualismo; se determinará infamentemente también que las creencias de los católicos estadounidenses son criminales.
¿Qué podemos hacer ante este ataque al matrimonio y ante estos peligros? En primer lugar, se debe pedir, por medio de la oración, la ayuda de Dios, al igual que la fortaleza, la sabiduría, la santidad y la caridad, y con ello declarar la verdad. Sugiero obtener la intercesión de los santos africanos Carlos Lwanga y sus compañeros, quienes murieron mártires luego de que un rey africano ordenara sus muertes porque rehusaron cometer actos homosexuales con él.
En segundo lugar, se debe estudiar las tácticas de estos movimientos de homosexuales militantes en la sociedad, distinguiéndolos de muchas personas homosexuales que no quieren saber nada de ellos y que se esfuerzan valientemente por no llevar a la práctica sus inclinaciones homosexuales para poder vivir castamente. Los homosexuales activistas (es decir, los que promueven la práctica del homosexualismo) tienen su propio plan de acción para obtener un cambio social. Una de sus tácticas más efectivas es proceder con demandas legales para obtener victorias para la promoción de la práctica del homosexualismo, como esta decisión judicial de Vermont.
En tercer lugar, debemos darnos cuenta de que el movimiento que promueve el homosexualismo (las prácticas homosexuales) declara todo aquello que le interesa como un "derecho" y erróneamente también se identifica como una "minoría" o una "comunidad". Ningún cristiano debe usar el término "derecho homosexual", porque le da un rango de dignidad moral a todos los deseos de este movimiento. Tampoco se debe legitimar a un grupo que promueve el homosexualismo como un grupo minoritario o como un grupo de una comunidad.
Es verdad, como enseña la Iglesia Católica, que las personas homosexuales, como todos los seres humanos, tienen derechos fundamentales que deben ser respetados. Sin embargo, algunos de estos derechos (como el derecho al trabajo o a la vivienda), pueden ser limitados debido a desórdenes de conducta o a la promoción de los mismos, sobre todo cuando éstos pueden dañar a otras personas vulnerables, como, por ejemplo, a los niños en las escuelas, cuando reciben enseñanzas equivocadas o la influencia dañina de maestros homosexuales que promueven el homosexualismo.
Ningún cristiano debe dejarse llevar por las tácticas de los grupos que promueven el homosexualismo, que consisten en condenar a todo aquél que defiende la moral, el matrimonio, la familia y la religión. Querer que los homosexuales conozcan el arrepentimiento y la conversión a Cristo y el amor de Dios, además de ser un servicio de incalculable valor a estas personas, es también buscar la reconstrucción de la sociedad. Ello no constituye ninguna discriminación, odio, intolerancia, u homofobia.
Ningún tribunal o legislatura puede alterar la naturaleza humana y la ley natural. Dios ha determinado estos asuntos y la humanidad no puede cambiarlos. Dios ha establecido los derechos humanos. El ser humano no puede inventar nuevos derechos o reclamar que su pecado es un derecho legítimo.
¿Qué más podemos hacer para oponernos a la decisión judicial de Vermont y otras similares? Nuestros líderes religiosos tienen que asumir una posición activa. Por ejemplo, pueden establecer campañas para escribir cartas de oposición; pueden celebrar Misas para defender el matrimonio y la familia; pueden organizar vigilias y marchas; pueden exigir a los gobiernos que hagan buen uso de sus poderes legítimos. Cabe recordar que la Iglesia Católica siempre ha enseñado que una ley injusta no obliga en conciencia.
Finalmente, nuestros líderes religiosos pueden decirle a los líderes gubernamentales y a los homosexuales activistas, que están dispuestos a ser perseguidos en defensa de la verdad, de la moral y del bien, y en defensa de Dios y de la Iglesia. No se puede olvidar que lamentablemente muchos enemigos de Dios, de la Iglesia y de la moral continuarán con sus ataques. Esta errónea decisión judicial de Vermont es solamente una sombra de lo que ha de venir. Es tiempo de que los líderes religiosos reconozcan que esta situación constituye un peligro que amerita nuestra urgente atención
El Padre Richard Welch es el Presidente de Human Life International, la organización católica más grande del mundo que se dedica a defender la vida humana y la familia, con más de 80 sucursales en 5 continentes. Human Life International, 4 Family Life, Front Royal, Virginia 22630, USA. Tel.: (540) 635-7884. Fax: (540) 636-7363. Email: hli@hli.org. Página web: www.hli.org.
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