Hace algunos años, el departamento de policía de Milwaukee recibió un llamado. Le dijeron al oficial que unos niños estaban tirando piedras desde un puente. Cuando la policía llegó al lugar le preguntaron a los niños qué era lo que habían estado tirando. La respuesta fue: "gente pequeña.
Estos niños habían
descubierto unos pequeños contenedores grises que tenían restos de niños
abortados. Los contenedores habían sido arrojados a la basura en una clínica de
abortos cercana. La "gente pequeña" se había convertido en material
para un juego porque la ley se había encargado de educar a otros niños apenas
mayores. Después de todo, lo que es descartable puede usarse para jugar. Aún
así, estos niños no habían perdido su rectitud, honestidad y su capacidad para
llamar a las cosas por su nombre. Los bebés abortados eran gente.
Mi amiga Monica
Migliorino Miller, profesora, autora y activista provida también es una
persona recta y honesta. Así relata lo que pasó una vez cuando ella y otros
activistas fueron a recibir los cuerpos de algunos de nuestros hermanos
abortados en Chicago. Fue este esfuerzo el que motivó un sepelio organizado por
la Arquidiócesis de Chicago.
Dice Mónica:
"Cuando entramos con
nuestros autos en el callejón oscuro detrás del Centro Médico Michigan Avenue,
las luces nos permitían ver cómo las ratas se escabullían asustadas por el
ruido y por nuestra presencia. Nuestra caravana de tres vehículos se estacionó
en un callejón cerca de Monroe Street en el centro de Chicago. Paramos frente a
una rampa de carga en la que había tres basureros y un cesto de basura
mugriento color azul... Subimos a la rampa de carga, abrimos los basureros y empezamos a
buscar entre la basura. Abrí un basurero rojo... En el fondo había una caja de
cartón pequeña y muy pesada... Era aproximadamente del tamaño de dos cajas de zapatos y estaba
sellada con cinta autoadhesiva plateada. Tomé la caja entre mis brazos con
mucho cuidado y la puse en el asiento de atrás de uno de los autos...."
"Fuimos hasta el
garage de Joe Scheidler para examinar el contenido de la caja, poniéndolo
primero sobre una mesa bien iluminada. Nos juntamos alrededor de la mesa
mientras Peter removía la cinta con mucho cuidado y abría los costados de la
caja. Adentro había pequeñas bolsitas de "muestras." Cada bolsa contenía los restos de un niño abortado con placenta y tejido uterino. Tomamos las
bolsas y las pusimos sobre la mesa. Había cuarenta y tres en tota,l lo que representaba aproximadamente tres o cuatro días de
abortos en el Centro Médico de Michigan Avenue."
"Algunas bolsas
estaban marcadas con el nombre de la madre del niño abortado, su edad, el
estadío de gestación del niño, la fecha del aborto y un número... A pesar del tamaño pequeño de
los restos de los fetos, a través de las ventanas plásticas de las bolsas para
muestras se divisaban a simple vista sus bracitos, manos, pies, costillas,
columna y ojos (flotando libremente fuera de sus órbitas), pedacitos de tejido
del cráneo y a veces una carita intacta."
A veces hacen falta
basureros, puentes y niños, para que despertemos a la realidad de lo que
significa la "elección" del "aborto."
Nota de los autores: Las fotos
de muchos de los niños encontrados en el basurero de Chicago pueden verse en www.priestsforlife.org/images.
Nota de VHI: Este
artículo proviene de Priests for Life – Sacerdotes Provida – una organización
católica internacional que defiende la vida.
Esta columna y otras más
las puede encontrar en la página de Internet www.priestsforlife.org/spanish/07-09-10span.htm .
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