Desde 1970, cuando su hija Edwarda cayó en un coma diabético del cual no se ha recuperado, la Sra. Kaye O'Bara, residente de Miami (EE.UU.), ha cuidado de ella 24 horas al día. En 1976, la Sra. O'Bara perdió a su fiel esposo, Joseph, que murió de un ataque al corazón. Los vecinos la han estado ayudando económica y espiritualmente. Pero también éstos se han ido muriendo de edad avanzada y la Sra. O'Bara, que ya tiene 70 años, se ha quedado en compañía de un nieto y su hermana que la ayudan cuando pueden.
Cada dos horas, la Sra. O'Bara alimenta a su hija y cada hora la mueve de posición. La falta de sueño y las enormes costos médicos y deudas contraídas a través de los años no han podido quebrantar la indomable fe y voluntad de esta madre heroína, cuyo amor es más grande que la muerte y la enfermedad.
Edwarda, que ya tiene 42 años, recibe los alimentos a través de un catéter que se inserta en el estómago. Su madre, que está totalmente en contra de la eutanasia y del suicidio asistido, expresa con convicción: "No hay nada que desconectarle, es muy fácil y psicológicamente confortable". La Sra. O'Bara se siente indignada ante los que actualmente proponen que se retiren los tubos que alimentan a pacientes comatosos, cuyo estado dichos proponentes llaman "estado vegetativo persistente". Refiriéndose a esta frase, la Sra. O'Bara afirma: "Es una horrible expresión. Han visto alguna vez sonreír a un tomate o una zanahoria? No importa en que estado se encuentre una persona, referirse a ella de esa forma es degradante". Y señalando a Edwarda añade: "A veces derrama lágrimas. Ella sabe que la amamos y que la cuidamos. Lo puedo ver en sus ojos."
La Sra. O'Bara también se opone a institucionalizar a su hija, porque está convencida de que Edwarda no duraría mucho con vida en esas condiciones, ya que la atención personal y constante que ella le da no sería posible por parte de los empleados, debido a sus muchas otras obligaciones.
Su médico, el Dr. Chaykin, que durante décadas le ha prestado sus servicios a Edwarda de gratis, está de acuerdo con que la mejor asistencia para ella es la que su madre le proporciona. Pero no comparte con esta última su esperanza de que un día Edwarda vuelva en sí. Pero la Sra. O'Bara gentilmente afirma que "parece que los nervios de la parte derecha de su cuerpo están volviendo a tener vida, responden al tacto."
En 1993, la Sra. O'Bara manifestó que tuvo una experiencia religiosa muy intensa que ha renovado su determinación de seguir cuidando a su hija y la esperanza de que un día despertará del coma. Se sintió en la presencia de la Virgen María en la habitación de Edwarda y le pidió a Nuestra Señora que "algunas personas la ayudaran con la carga que tiene, para poder concentrarse en Edwarda".
Si usted desea ayudar a esta madre heroína tan necesitada, por favor envíe su donativo a: Edwarda O'Bara Fund, 1340 NW 173rd Terrace, Miami, FL 33169.
Fuentes: Lyda Longa, "A Mother's Hope," Sun-Sentinel, 25 de marzo de 1993; Richard Wallace, "Mother of Comatose Woman Feels Pressure of Vigil," The Miami Herald, 29 de julio de 1993 y Joop Koopman, "What Love Can Cost," National Catholic Register, 8 de julio de 1990.
