Muy querida amiga:
Esta mañana amanecí con el deseo de escribirte unas letras que nacen de lo profundo de mi corazón. En la oración he hablado al Señor de ti, y siento que hay para ti un nuevo amanecer.
No tengas miedo al dolor, que es como el crisol donde se purifica el oro; ve aprendiendo a mirarlo de frente y poco a poco, lo asumirás con serenidad.
No tengas miedo al llanto, que es como la humedad que hace fecunda la tierra.
No estás sola, a tu lado está Su mano amorosa que te ayuda, no lo dejes esperando. ¡Levántate!
Tus alas han estado replegadas mucho tiempo. Es hora de que empieces a volar hacia nuevos horizontes, en un hermoso amanecer, hacia lugares desconocidos, donde te llenarás de Su presencia palpitante, de Su esperanza y de Su paz.
