Los terapeutas que atienden a mujeres que han abortado no tienen pruebas de que el tiempo por sí solo traiga una curación duradera. El viejo proverbio "El tiempo todo lo cura" se convierte en "El tiempo lo reprime todo". Por este motivo, cuando una mujer siente la necesidad de hacerle frente al aborto que se practicó, un profesional hábil o un consejero puede ser de gran ayuda para conducirla por el camino que lleva a la curación.
Las Dimensiones Espirituales del Aborto
Para aquellos que consideran un pecado el aborto, un director espiritual o un sacerdote pueden ayudarlos a reconciliarse con Dios y la Iglesia. Muchos ven el aborto como su primer "pecado grave" que Dios no puede perdonar y se han apartado de la Iglesia y de los sacramentos. Otros temen a un Dios vengativo que creen les hará pagar por lo que hicieron. Se sienten indignos de orar o pedir la ayuda del Señor.
La tarea del sacerdote o director espiritual es servir de intrumento de la gracia salvadora de Dios para crear un ambiente donde el que iba a ser padre (o madre) pueda reconciliarse con Dios, con la Iglesia, con su hijo que no nació y consigo misma.
El Padre John Dillon, quien ha acompañado a muchos de esos padres, no ha encontrado nunca un dolor más desvastador y al mismo tiempo una evidencia más profunda de la gracia salvadora de Dios. Él lo compara al Misterio Pascual hecho vida. El proceso de curación se lleva a cabo entre Dios y el alma de la mujer; el ministro no es sino un conducto, un instrumento que lo hace posible.
Un Retrato del Ministro
El Padre Dillon identifica "la disposición del ministro" como sigue:
Como director espiritual debe ofrecer:
1) Hospitalidad: Trate de mostrarse acogedor, tranquilo, centrado y receptivo.
2) Amistad: La verdadera amistad es fiel a la verdad; no disfraza la verdad de lo que es el aborto para tratar de agradar.
3) Confidencialidad: La confidencialidad es extremadamente importante si quiere que la persona tenga la suficiente confianza para revelar sus propios sentimientos.
Un Método Básico para la Reconciliación y la Curación
Cuando una persona comienza a hablar de su aborto, ciertos niveles de negación pueden estar todavía latentes. Por el momento, sencillamente permítale que le cuente su historia, que diga mucho o poco según ella quiera. Escúchele con comprensión y compasión y asegúrele su confidencialidad.
Invite a la madre o al padre a pensar en el aborto con respeto al momento en que sucedió, haciendo tantas preguntas objetivas como sea posible:
Antes: ¿Cuando descubrió ella que estaba embarazada? ¿A quién se lo dijo primero? ¿Cuándo decidió abortar?
Durante: ¿Dónde se practicó el aborto? ¿A qué hora? ¿Cómo llegó ella a la clínica? ¿A dónde fue después? Después: ¿Qué sucedió después del aborto? ¿Cómo se sintió ella físicamente después del aborto?
Usted necesita ser extremadamente sensible y dar mucho apoyo durante este doloroso proceso. Es importante llevar a la mujer a que comprenda sus propios sentimientos. ¿Cómo se sintió ella cuando supo que estaba embarazada? El día antes, el día del aborto, y al día siguiente? ¿En la sala de espera? ¿En la mesa de operaciones?
Cuando ella reconozca la humanidad de su bebé, podrá pasar a la etapa de dolor. Usted debe ayudarla a discernir hacia dónde se enfoca su ira y a guiarla para que la maneje con un espíritu de fe.
El estado de depresión a menudo cesa cuando el padre o la madre puede darle una personalidad al niño y aceptarlo como "mi hijo" o "mi hija" (aceptación). Debe reconocer que su hijo murió por culpa suya. Debe pedirle al Señor que lo lleve a la vida eterna. Comprender lo que significa la Comunión de los Santos puede ser una fuente de esperanza para muchos padres de niños que han sido abortados. Invite a los padres a visualizar al niño, a darle un nombre y pedirle perdón. Deben darse cuenta de que no se están poniendo en contacto directo con su hijo, sino que esto les ayuda para entender mejor donde está su hijo y que se reunirán con él en la eternidad.
Es bueno que le escriban una carta a Dios, al niño y a los que participaron en el aborto, ésto puede ayudar en el proceso de perdonar y ser perdonado.
El sacramento de la Reconciliación es una parte integral del proceso de curación para los católicos. El único que finalmente puede reemplazar la vida cuya pérdida lamentan, es el Autor de la Vida. Es importante que usted les recomiende un sacerdote benévolo y compasivo.
La curación implica integración y restauración. Debemos respetar la necesidad de la persona de sentirse sanada. Es irreal pretender que alguien que ha sufrido hondamente nunca tenga de nuevo recuerdos dolorosos debido a su pérdida. Su meta es que la persona pueda hacer frente a esos recuerdos, en vez de sentirse abrumada por ellos, y que finalmente se sienta bien otra vez y deje que la Voluntad de Dios reemplace la suya. La relación entre el ministro y la persona que abortó o participó en un aborto quizás termine en esta etapa.
Puede entonces invitarla a tener una expresión concreta de dar gracias al Señor por su curación, como por ejemplo una donación de tiempo o dinero a una organización pro vida o de caridad, o a hablar públicamente de su proceso de curación.
Nuestra tarea como ministros del Evangelio es ayudar a estos padres y madres a descubrir el significado redentor en la tragedia que afectó sus vidas tan profundamente. Al hacerlo seremos caminos de esperanza.
Nota: Este artículo fue publicado en el boletín "Family Ties" de la Oficina de Ministerio para la Familia, Arquidiócesis de Nueva York. Lo reproducimos con la autorización de la autora.
