La Dra.Johnson visitó Nicaragua
para participar en un evento provida que ayudó a organizar Vida Humana
Internacional, junto con su afiliada en ese país ANPROVIDA y la Casa de Vida.
Durante su estancia, el 26 de marzo del 2007, dio este discurso.
Les saludo como vecina que soy de ustedes, pues soy oriunda de la República
de Trinidad y Tobago. Compartimos una raíz común en el Caribe y en la América
Latina. Valoramos mucho nuestras familias, nuestras relaciones personales y,
más que todo, atesoramos la bendición y el don de nuestro mayor
recurso–nuestros hijos. Ninguna cantidad de dinero, ayuda o tecnología puede
reemplazarlos.
Permítanme compartir con ustedes el porqué deben rechazar con toda firmeza la
presión, la manipulación y la extorción que están siendo ejercidas sobre Nicaragua,
con el objeto de matar a sus hijos por nacer. Estas fuerzas del mal quieren que
ustedes se les unan en una “cultura” de muerte, que ellos creen que es lo que
los países progresistas hacen. Pero en realidad el aborto es algo inhumano, una
barbarie y un azote, que puede llegar a desintegrar su cultura y dañar a su
país.
¿Creen ustedes que EEUU es un mejor lugar, porque ha matado a 50 millones
de bebés por medio del aborto durante casi 35 años? EEUU no ha ganado nada con el
aborto, sino que ha perdido los valores que la hicieron una gran nación—esos
valores que ustedes han conservado y que no deben permitir que les sean robados.
Ustedes son una nación soberana e independiente, la cual, bajo el imperio
de la ley, ha llegado a tomar la decisión de reconocer el aborto por lo que
es—un acto criminal. Pero el mundo desarrollado no respeta su proceso
democrático. Les deshonran por medio de amenazas de retener la ayuda. Lo que
están diciendo es: “Maten a sus hijos, adopten el aborto y les daremos dinero”.
Pero ustedes no quieren esa clase de dinero. Esa clase de dinero es dinero
ensangrentado. Es dinero sucio. Esa clase de dinero contaminará y corromperá su
cultura y su país y arrancará la raíz espiritual y el fundamento de Nicaragua.
Salven a su país, salven su futuro, salven a sus hijos. Sean fieles—Dios les
recompenzará. Dios les sostendrá. Dios será su auxilio siempre presente.
Quiero compartir con ustedes mi experiencia personal en el negocio del
aborto. Como la mayoría de los médicos que se gradúan de la facultad de
medicina, recité el Juramento de Hipócrates con convicción sincera. Prometí
salvar la vida y no hacer daño. Pero algo pasó durante mi residencia que me hizo
insensible ante la humanidad del feto. Presencié el primer aborto, y muy pronto
el bebé por nacer se convirtió en un “producto de la concepción”. Me resistí
estoicamente ante el dolor y el sufrimiento emocional y físico de la madre. La
mujer que estaba tendida sobre la mesa se había sometido, con gran
ambivalencia, a un procedimiento médico que había sido realizado sin ninguna
indicación médica, patológica o disfuncional.
¿Cuál es el motivo? ¡El dinero! El aborto es un negocio de cientos de miles
de millones de dólares, que le paga bien a los médicos. Luego de que el médico
se ha vuelto insensible ante la fealdad de una operación que literalmente le
arranca al bebé los brazos y las piernas y le separa la cabeza del resto del
cuerpo, llega al punto de la racionalización. Nos comportamos de forma
benevolente e inocua con la mujer. Después de todo, la estamos librando de una
inconveniencia. Este bebé no es una persona, sino una “masa de tejido”. El
abortero se ha elevado a sí mismo al nivel de un protector de los derechos de
la mujer, y se siente poderoso al ser uno de muchos médicos que practica este
procedimiento. De hecho, se siente justificado al exigir dinero al contado y por
adelantado, aún antes de ver a la paciente. El aborto no es solamente algo
lucrativo para el médico, sino que la gente involucrada en este negocio también
se ha dado cuenta de los grandes beneficios económicos que se encuentran en la
expansión de sus horizontes al uso del tejido embrionario, proveniente de
abortos tempranos, para la investigación con células madres embrionarias y la
clonación, además de los restos y órganos fetales provenientes de abortos
tardíos, como el aborto por nacimiento parcial, que usan para obtener tejido
para ser transplantado.
Llama la atención que, en el momento actual, cuando la remuneración que un
médico recibe por prestar servicios normales ha sido tremendamente reducida, el
abortero continúa obteniendo honorarios más elevados por “servicios” a las
pacientes que están por debajo de los estándares establecidos para la atención
de la salud. En el centro de abortos, no se establece ninguna relación entre el
médico y la paciente; no se proporciona ningún seguimiento; si una paciente
desarrolla una complicación, se le dice que vaya a la unidad de emergencia. ¡Y
las complicaciones del aborto son muchas! Entre ellas se encuentran, y
mencionamos sólo algunas, infecciones que amenazan la vida, hemorragias,
infertilidad, aumento del riesgo de contraer cáncer de mama; complicaciones en
futuros embarazos, entre las que se encuentran pérdidas, nacimientos
prematuros, hemorragias y el aumento del riesgo de cesáreas.
La consecuencia más grave es la muerte. Me sorprende sobremanera que
Paternidad Planificada todavía esté promoviendo el mito de que el aborto es más
seguro que el parto. Esta mentira fue difundida por medio de estudios que, al
calcular la mortalidad materna, no corrigieron las diferencias entre la
mortalidad del aborto de primer trimestre y aquella del aborto tardío, ni
corrigieron el aumento de la mortalidad en las pacientes que tenían
complicaciones médicas en el embarazo ni tampoco el aumento de la mortalidad
vinculada a los partos por cesárea. Hoy en día, las mujeres no sólo están
arriesgando su vida con el aborto quirúrgico, sino que también se ha informado
de muchas muertes a causa de los abortos por medio de la RU 486.
Permítanme compartir con ustedes algunos datos estadísticos respecto del
aborto que les abrirán los ojos. El investigador Gissler realizó un estudio en
Finlandia, que fue publicado en el 2004 en la Revista de Obstetricia y Ginecología de EEUU. En este estudio se
compararon los índices de mortalidad de mujeres de edad reproductiva durante un
período de 14 años. Los resultados mostraron que el índice de mortalidad de las
mujeres que dieron a luz fue de 28 por cada 100.000; mientras que el de las
mujeres que abortaron fue de 83 por cada 100.000, es decir, el índice de
mortalidad femenina después de un aborto fue 3 veces superior al de las mujeres
que dieron a luz. El investigador Gessner realizó otro estudio, esta vez en
Escandinavia. Este estudio fue publicado en la revista ACTA de Obstetricia y Ginecología y arrojó un aumento del índice de
suicidio de 6.5 un año después del aborto, en comparación con el de dar a luz. Respecto
del vínculo entre el aborto y el cáncer de mama, se han realizado 37 estudios
en todo el mundo, de los cuales 28 confirman que existe el doble de riesgo de
contraer cáncer de mama; y en EEUU, de 15 estudios realizados, 13 también confirman ese índice de riesgo. En un estudio,
también realizado en EEUU, Dahling mostró que hubo un riesgo más significativo
de contraer cáncer de mama, si se le practicaba un aborto a una paciente menor
de 18 años. Ese riesgo aumentaba más aún en un 80%, si había un historial
familiar de cáncer de mama.
Este tipo de datos estadísticos no son difundidos o son refutados por la
medicina organizada, la cual tiene un interés especial en preservar el negocio
del aborto. Y ciertamente, este no es el tipo de consentimiento informado que
se les proporciona a las pacientes que piden que se les practique un aborto.
El aborto tiene un efecto devastador en la sociedad. En California se llevó
a cabo un estudio que fue publicado en la Revista
Sureña de Medicina en el 2002. En este estudio se examinó los efectos del
aborto hasta 8 años después de este procedimiento. El estudio arrojó que en
estas pacientes hubo un aumento del riesgo de contraer enfermedades de
transmisión sexual, incluyendo el VIH; de la promiscuidad; del abuso de drogas
y alcohol, de los desórdenes alimentarios, de la psicosis depresiva; de los
desórdenes de ansiedad; de problemas en la crianza de los hijos, incluyendo el
maltrato y el abandono infantil; del homosexualismo; de los crímenes violentos
y no violentos; y de los accidentes.
Si observamos detenidamente dónde se encuentran ubicados los centros
abortivos en EEUU, nos sorprenderemos sobremanera al darnos cuenta de que la
mayoría de esos centros, alrededor del 78%, se encuentran en barrios de bajos
ingresos, especialmente en las zonas de las ciudades donde las minorías tienden
a aglutinarse. Ello nos hace conscientes de quiénes son los perpetradores de
este “servicio”. La sexta parte de todos los abortos en EEUU se practican en las
instalaciones de Paternidad Planificada. La tercera parte de los ingresos de
Paternidad Planificada proviene del contribuyente a través de los subsidios que
el gobierno federal les otorga a estos centros, los cuales proporcionan
“servicios” de “planificación familiar” gratuitos o a precios rebajados. Sin
embargo, la séptima parte aproximadamente de los ingresos de Paternidad
Planificada provienen del aborto. Ello se aproxima a los cien millones de
dólares al año.
Paternidad Planificada hunde sus raíces en Margaret Sanger, promotora de la
eugenesia, y quien se dedicó especialmente a promover el control de la
natalidad y la esterilización de las “malezas humanas” de la sociedad, como se
refería a los negros, a otras minorías y a los pobres. De hecho, el efecto del
aborto en la gente de raza negra de EEUU es aterrador. Los negros en EEUU
constituyen menos del 15% de la población, sin embargo más del 35% de los
abortos se practican en mujeres negras. Cuando se considera que el otro gran
contribuyente a la mortalidad de los negros es el VIH, el cual también afecta a
un número desproporcionado de negros, nos damos cuenta que nuestra raza se
encuentra en un inminente peligro de extinción.
En conclusión, la legalización del aborto crea una “cultura” de muerte y de
falta de respeto a la vida humana. Crea una generación de sobrevivientes del
aborto que de hecho sufren de ansiedad de rendimiento y que se convierten en
personas agresivas, que se ponen a la ofensiva, porque tienen un profundo miedo
debido a que sienten amenazada su propia existencia. El aborto perpetúa la mentira
de que la propia calidad de vida va a mejorar, si se limita el número de hijos.
La situación de la familia negra en EEUU desde Roe v. Wade refuta fácilmente
ese argumento—la mayoría de los niños negros provienen de familias
monoparentales, casi siempre a cargo de una madre soltera. Un número
desproporcionado de hombres negros está en la cárcel, son drogadictos o
alcohólicos. Un número también desproporcionado de familias negras viven del
bienestar social. El aborto está destruyendo a la familia negra.
El enfatizar la calidad de la vida ejerce una presión sobre los
incapacitados y los enfermos a que acepten el suicidio asistido por médicos. También
abraza el concepto de una raza perfecta de gente o de una sociedad de élites. Ello
no difiere en nada del nazismo de Hitler, ni tampoco del lugar que los negros
ocuparon durante la esclavitud—la historia se repite.
He compartido con ustedes que mis raíces se encuentran en Trinidad y
Tobago, pero he practicado la medicina en EEUU durante 30 años. Conozco y he experimentado
lo que ustedes no quieren que ocurra aquí en Nicaragua. Les animo a mantener
firmemente su legado, el cual continuará viviendo en sus hijos. Préstenle oídos
sordos a los imperialistas, que tienen la insolencia de exigirles que
sacrifiquen a sus hijos por nacer. Digan no a la violencia en el seno materno
en su pacífica nación. Cada niño nicaragüense, nacido o por nacer, ¡será
bienvenido! Que Dios les conceda sabiduría al Presidente Ortega y a la Asamblea
Nacional y que Dios bendiga a la Repúlica de Nicaragua.
En el vídeo que distribuye Vida
Humana Internacional titulado “Una doctora explica los diversos procedimientos
del aborto”, la Dra. Johnson explica cómo llevaba a cabo los abortos antes de
su conversión. Ella también dio su testimonio provida en Chile, lo encontrará
en http://www.vidahumana.org/vidafam/aborto/industria-aborto.html.
