Introducción
Yeni es asistente médico y recepcionista en la Clínica para la Mujer de Hoy,
una clínica de abortos de Chula Vista, California. El periódico La Cruz de California la entrevistó y el
artículo fue publicado enero del 2005. A continuación reproducimos parte de
dicha entrevista.
"
La primera
vez que asistí al doctor casi me desmayo. No veía ni oía. Estaba muy
impresionada por la sangre y los gritos de la muchacha. Me sacaron de ahí y le
dije a Sonia (otra empleada de la clínica), que no podía, pero me aconsejaron
que tratara uno más. En el segundo aborto me di cuenta que podía sobrellevarlo.
Pasaron las semanas y a pesar de lo feo del trabajo estaba aprendiendo muchas
cosas de medicina. Hice mi plan de aguantar en la clínica hasta tener algo de
experiencia para solicitar trabajo en alguna otra parte. Después vinieron unos
abortos de bebés de 5 o 6 meses y se me hacía casi imposible continuar. A los
tres meses renuncié. Pero la presión de las cuentas por pagar, las deudas y mi
situación de madre soltera me obligaron a volver a trabajar en la clínica.
Hasta la fecha me he salido y he vuelto tres veces. Yo misma no puedo creer que
esté aquí por dinero, es lo más absurdo. Gano 8.50 dólares la hora aquí. Pero
por querer hacer una carrera de asistente médico pensé que era lo mejor que
podía hacer y desgraciadamente me quedé".
Ahora Yeni nos explica en que consiste su trabajo:
"El doctor se
sienta frente a la paciente. La paciente está acostada, consciente. Como si
fuera hacer un parto. Yo le paso al doctor la anestesia local y le voy pasando
los instrumentos. Estoy viendo todo. Nuestro doctor es bastante mayor de edad
(84 años) y usa una técnica antigua. (El 29 de septiembre del 2004 la
agencia que supervisa a los médicos en California le retiró la licencia a este
médico, el Dr. Phillip Rand.)
Primero pone el espejo. Después mide la profundidad del útero. Enseguida abre
el cuello de la matriz con un dilatador para que sea más fácil. Entonces
introduce una varillita con un anillo en la punta con el que raspa. El anillo
no está filoso pero a muchas mujeres les duele el raspado y lloran o gritan.
Cuando el bebé es menor de tres meses se desbarata completamente. Cuando el
doctor siente que ya lo desprendió completamente introduce algo igual a un
popote. La boquilla exterior del popote se conecta a una aspiradora. Entonces
aspira todo lo que desbarató. Todo lo que aspiró entra a un frasco. Se ve
sangre, pedacitos, tejido, como carnita desbaratada. Todo sale despedazado.
Este es el procedimiento para 8 semanas o menos.”
"Cuando ya
tienen como doce semanas, entonces el doctor los saca con unas tenazas. Los
saca a pedazos. Revisa cada parte que saca y la va poniendo en una charola que
está debajo. Cuando termina el procedimiento yo tengo que colar todo. Los
colamos para separar las partes y la sangre. Ponemos todas las partes en un
frasco que va al laboratorio. Es impresionante lo bien definidos que están, no
puedes creer lo que estás viendo. Ahí ves manitas perfectas más chiquitas que
las de una muñeca Barbie. Puedes ver los intestinos,
las costillitas, las caritas, la cabecita aplastada. Entre las partes se puede
distinguir si era niño o niña. Me da mucha tristeza ver los frascos. Cuesta
mucho trabajo ver todo esto. Ver todo lo que se cae al piso, o por ejemplo
quitar un piecito de los instrumentos".
Y agregó: "Una
muchacha que trabajaba aquí me platicó que un día llegó a su casa con una
manita pegada en el uniforme, cerca de su hombro. Ella por supuesto no se había
dado cuenta hasta que su esposo se lo dijo".
Prosiguió Yeni desahogando lo que sucede en el interior de la
clínica: "Cuando la paciente tiene más de 3 meses de embarazo tenemos que
prepararla para que vuelva al siguiente día ya dilatada. Las terminaciones
grandes son muy impresionantes. Yo he visto tres fetos que han salido
completos. En una ocasión se vio la manita salir del útero. La manita se movía.
Pero el más impresionante fue el bebito que salió
respirando. Esa vez hasta el doctor se puso mal".
Y explicó: "La
muchacha vivía en Tijuana. Le pusieron las laminarias (dilatadores) por dos
días. El bebé tenía cinco meses y medio. Ella no tenía carro y se vino
caminando a la clínica. Entonces como que hizo mucho trabajo de parto. Cuando
el doctor empezó a trabajarla el bebé salió casi sin ayuda. El niño salió
respirando y ahí se murió. Como al minuto cambió de color, se puso morado. Las
asistentes se sintieron muy mal. No quisieron ponerlo en el recipiente. El
doctor tuvo que hacerlo. Todos tuvieron una impresión muy fuerte. Más tarde vi al doctor en su oficina. Tenía la mirada como perdida,
fija en la pared. Después habló por teléfono con alguien contando lo que
acababa de pasar".
Yeni hace una pausa. Quiere seguir
hablando pero se le hace un nudo en la garganta. La entrevista se ha tornado
más amarga, triste. Es una confesión.
"Desde hace unos
días ha venido un doctor substituto. Él es más joven y tiene otra técnica
diferente. No hace el raspado del útero, sólo usa la aspiradora. El domingo
pasado ya no aguantaba por que hicimos terminaciones grandes, como de cuatro
meses. Usó una técnica que nunca había visto. Dividió la pantalla del
ultrasonido en dos y usó el aparato durante todo el procedimiento.”
"Comúnmente lo
que ves en el ultrasonido es que el niño se chupa el dedo o juega. Pero en esta
ocasión, cuando el doctor empezaba a hacer las aspiraciones veías que el niño
se estaba moviendo, como que le estaba doliendo por que lo estaban jalando o le
estaban arrancando algo. Fue horrible, horrible.”
"Yo siento el
procedimiento como si me lo estuvieran haciendo a mí. Quiero que termine
rápido. No lo quiero ver y lo tengo que ver. Es como una penitencia por el
aborto que yo misma tuve. Con cada paciente vuelvo a revivir lo mismo y siento lo mismo. Perece que me lo están volviendo a hacer a
mí. Como para que no se me olvide. Que nunca se me olvide lo que pasó y me
duele.”
Explicó: "En la
mayoría de los casos que atendemos no hay ninguna causa grave. Antes les
preguntaba cual era su situación pero ya no les pregunto por que son las mismas
respuestas tontas. Siento coraje de que vengan a abortar tan quitadas de la
pena. Haciendo bromas. Riéndose. Una que estaba en la recepción me dijo
haciéndose la chistosa: Pues dame una patada para que se me salga."
"Cuando yo lo
hice iba totalmente como en shock. No me justifico.
Pero aquí he visto que casi todas llegan como si vinieran a hacerse un facial.
Son muy egoístas. Una señora como de 38 años llegó y me dijo: O es bebito, o es quince años de mi hija. Mi hija no tiene la
culpa de que yo haya salido embarazada.”
“Hemos tenido señoras
que vienen como pacientes y después traen a la hija. Tenemos pacientes que a
los tres meses ahí vienen otra vez. Hay una paciente que lleva como 8 abortos.
Hasta el doctor le dijo que el décimo se lo le iba a hacer gratis. Otra llegó
por que se iba a casar y quería tener el aborto antes de la luna de miel.”
"Si el doctor
les dice que vienen gemelos, o que ya está muy grande, que lo vean en el
ultrasonido. Tampoco les importa. No puedo dejar de sentir coraje contra la
paciente, contra el doctor y contra mí misma. Es inútil estar aquí. No estamos
haciendo nada bueno. Estoy muy enojada conmigo misma. Me siento muy desgastada.
Siento que no soy la misma persona".
"Al tercer día
del estreno, fuimos a ver la película de La Pasión de Cristo de Mel Gibson. Créeme que fue algo
muy fuerte. Cuando veía como golpeaban a Jesús y los instrumentos que usaban,
los comparaba con los instrumentos que usa el doctor. Todo lo que hacemos en la
clínica lo vi en la película... tanta sangre derramada.
No podía parar de llorar en el cine. También se ve en la película el diablo
como un enanito, como un feto. Yo me quería morir. Al siguiente día le dije a
Sonia que teníamos que salirnos de trabajar de la clínica. Ella también vio la
película y nos acordamos que en la cinta dijeron que el que a hierro mata, a
hierro muere. Nos dio mucho miedo por que hacía sólo unos meses que nuestra
gerente de la clínica había sido asesinada por su esposo. Sentimos que algo así
nos iba a pasar por lo que estamos haciendo."
Y continuó:
"Antes de mi aborto y de trabajar aquí, yo no le tenía miedo a la muerte.
Si pensaba en el día en que Dios vendrá por mí pues... aun sabiendo que tenía
pecados como todos, no tenía temor. Ahora vivo con ese temor. Siento que no me
quiero morir por que no sé con qué cara voy a ver a Dios si me toca verlo.”
Nota: Yeni y Sonia dejaron
su trabajo en la clínica una semana después de esta entrevista del 27 de
septiembre de 2004. Quien fue la supervisora de ellas está considerando
renunciar también. Se lo ha dicho por teléfono a la coordinadora de uno de los
dos grupos de oración que se reúnen afuera de la clínica. Ellos siguen pidiendo
a Dios por ellas y por el cierre definitivo de la clínica. Puede leer este
artículo completo en “La Cruz de California”,
http://www.lacruzdecal.com/ed/articles/2005/0501mv.htm
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