Cuidan de los más pequeños
Por María Vega

Cada día es una ocasión de acción de gracias para Mary y Frank Toro. Cuando su tercera hija nació les dijeron que no viviría ni 30 minutos; este año se gradúa de high school (secundaria)... También les dijeron que no podrían con esa "carga". Hoy tienen un hogar con 15 niños que padecen severas incapacidades.

Sus hijos carnales aceptan y aman a los adoptivos. "No tenemos vacaciones y a veces tampoco hemos tenido dinero, pero ellos querían a los niños y entendían," dice Mary. "Esta es la labor que Dios nos dio. Mi mamá murió cuando yo tenía dos años, sé bien lo que es no tener una madre. Si hay un niño que necesita de sus padres es un niño enfermo."

Su tercera hija, Teresa, nació con espina bífida (una deformación de la columna vertebral que ocurre 23 días después de la gestación). La trabajadora social e incluso los médicos les aconsejaron que la dejara en el hospital.

Por supuesto que no lo hicieron. Pero en la sala había otro niño con el mismo problema de Teresa. Trataron de adoptarlo, pero les dijeron que no iban a poder con su propia hija, mucho menos entonces con otro igualmente enfermo.

El bebé murió a los ocho meses. "Me dio pesar el pensar que no supo qué era el sol, la yerba, el amor de una madre. Esa noche Frank me dijo: 'La próxima vez lo traemos'."

La próxima vez llegó poco después, cuando vieron a otro bebé con espina bífida al que los padres dejaron en el hospital. Su ejemplo ya había hecho cambiar a la trabajadora social que ahora les pidió que hablaran con los padres del bebito para que se quedaran con él. "Si ustedes lo pueden hacer, nosotros también," dijeron los padres de aquel bebé que hoy es ya un joven. Ahora, cuando los hospitales tienen a un niño con espina bífida, llaman a los Torres.

Para este matrimonio, "no hay diferencia entre los que trajimos al mundo y los que adoptamos. Dios no los puso en el mundo para que fuesen abandonados. Los puso para que fuesen amados y para que nosotros aprendamos de ellos".

"Esta es la tarea que debemos hacer. Mi profesión primordial es la de ser padre", dice Frank. Y Mary dice: "Con ellos aprendí que Dios está donde menos esperas encontrarlo. Puedo tener una idea de cuánto nos ama Dios con nuestras imperfecciones, porque yo, que soy un simple ser humano, los amo a ellos con las suyas."

Fuente: La Voz Católica (Miami, EE.UU.), 17 de noviembre de 1995, p. 9.


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