Madre heroína con el Síndrome de Down

Patty nació en las Cataratas del Niágara en 1953, una niña con el Síndrome de Down. Su mamá, que era soltera y tenía sólo 20 años, la dio en adopción apenas nacida a un matrimonio mayor de edad de apellido Langendorfer, que vivía en Lockport, Estado de Nueva York.

La trabajadora social les dijo a los Langendorfer que nunca esperaran que Patty caminara ni hablara. Sin embargo, ellos le dieron a la niña todo el amor y el estímulo que ella necesitaba y Patty no sólo llegó a caminar y hablar, sino incluso a correr y a montar en bicicleta.

Los Langerdorfer pronto se dieron cuenta de que, aunque el retardo mental de Patty era leve y podía recibir cierta educación formal, la chica era muy sensible y por eso fue muy difícil para ellos cuando, debido a su avanzada edad y a sus problemas médicos, tuvieron que entregar a Patty a una institución para niños con limitaciones mentales. La niña tenía diez años.

Nueve años después la Sra. Langendorfer se puso grave. Luego de rogarle insistentemente al administrador de la institución que la dejara ir a cuidar a su madre adoptiva y de recibir el permiso para hacerlo, Patty regresó a su casa, donde vivió durante los próximos cinco años hasta que la Sra. Langerdorfer murió.

Después de esto, su padre adoptivo, sabiendo que él pronto moriría también, entregó la custodia de Patty a una institución del Estado encargada de cuidar a adultos con limitaciones mentales.

Al principio, Patty se sintió sola y deprimida. Pero luego se ajustó a la nueva vida, desarrolló nuevas amistades con los otros residentes e incluso adquirió un empleo bajo supervisión.

En 1978, cuando Patty tenía 26 años se enamoró de Tony Cecere, un joven que también estaba empleado donde ella trabajaba. Aunque Tony no sufría de retraso mental, sino sólo de cierta incapacidad para el aprendizaje e incluso tenía su propia casa y estaba haciendo planes para ir a la universidad, el Estado se opuso a que Tony y Patty se casaran y se opuso más aún a que tuvieran niños.

Por eso, cuando Patty quedó embarazada, su supervisora de grupo le "aconsejó" que abortara. Pero Patty le respondió: "No puedo matar a mi bebé". Tony, convertido ya en su esposo, también se opuso rotundamente al aborto y así tuvieron a su hijo, Danny, quien también nació con el Síndrome de Down.

Pero luego el Estado, alegando que Patty y Tony no eran capaces de criar a un hijo y menos con retraso mental, intentaron quitárselo y asumir su custodia. La ilusión que Patty siempre había tenido de tener una familia se venía abajo.

Pero ella y su esposo lucharon por la custodia de Danny. Lo empezaron a criar bajo la supervisión del Estado. Pero a pesar de que demostraron que sí podían asumir cabalmente sus responsabilidades parentales, el Estado insistía en retirales a Danny. Pero luego, después de una batalla legal, Patty y Tony lograron quedarse con Danny para siempre.

Hoy Tony, Patty y Danny son una familia feliz, donde el amor y la unidad existen, gracias al amor y a la perseverancia de Patty y de Tony, así como a su respeto por la vida aún no nacida -- y gracias también a los padres adoptivos de Patty, que supieron darle a ella el amor y el estímulo necesarios para superar las limitaciones.

Si una joven con retraso mental pudo reconocer la dignidad de la vida humana antes de nacer, ¿por qué no pueden hacer lo mismo aquellos que gozan de plenas capacidades intelectuales y sin embargo están a favor del crimen del aborto?

Fuente: Barbara Bisantz Raymond, "We'Are a Family Now," McCall's Magazine (febrero de 1986): 33, 34 y 39. Fotos tomada de la misma revista, McCall's Magazine.

El tema del aborto

Menú