El perseguido
Por Loló Acosta de Villalta



La cueva era oscura y húmeda, pero tibia y acogedora. No podía ver, pero podía oír y sentir. Y sentía seguridad. Instintivamente sabía que debería permanecer en el oscuro refugio por un tiempo. Escudado, anidado, no tenía grandes requerimientos alimenticios. Y ¡Oh Milagro de Dios! ; todo lo que necesitaba estaba a mano.

Solamente le quedaba esperar en su soledad de pequeño Robinson Crusoe, en su posición de pequeño astronauta, en su tranquila oscuridad, en la lejana y rítmica armonía de un lejano tic tac.

Los sueños del futuro

Mientras esperaba el tiempo necesario para abandonar la cueva, él, el perseguido, soñaba con un futuro lleno de promesas. Un futuro donde todo fuera posible, donde su individualidad (libre del refugio momentáneo) se desarrollara en sueños apenas presentidos, pero tan reales que parecían estar al alcance de sus pequeñas manos. Caminaría por caminos que se abrirían en la suave grama para sus pequeños pies.

Crecería su individualidad ; ¿como no? Sería libre. ¿Cómo no? Y emprendería su destino como tantos millones de seres perseguidos que ahora, por el momento, deberían protegerse de infinitos peligros en otras cuevas análogas.

Tiempos de tiranía

Los que amenazaban su vida, su vida pequeña y clara que se extendía como una espiral de luz azul, eran los promotores de un nuevo tipo de pensamiento, que el perseguido intuía sin comprender. Era la política del goce libre sin responsabilidades, la política de yo primero, la tendencia a primero me divierto y luego veo qué hago.

Era el fin del mundo. De su mundo. El caos. el asesinato en masa, y el vocinglero griterío del derecho a matar. Desde su protegida cueva, el pequeño cosmonauta, diminuto ser que aspiraba a ser hombre, sentía el olor del odio y el olor del miedo. Pero ¿qué importaba? Allí en la cueva, nadie lo iba a encontrar.

El asalto

Pero no hay rincón seguro para el perseguido. Sobre todo si los que lo buscan son más grandes y más poderosos que él. No hay forma de escapar a los legionarios del odio, cuando (como las hordas de Hitler) se unen a la Ciencia para asesinar mejor. Los que buscaban la dulce vida del refugiado, traían consigo los últimos adelantos de la Ciencia. Y ¡horror de horrores!; habían conseguido el derecho a matar con leyes despiadadas que extirparían a millones de refugiados de todas las cuevas de la tierra. El no lo sabía, pero lo intuía. No podía ver, pero podía oler, podía oír. Y lo que olía era el olor del miedo y el odio. Y lo que escuchaba era un ruido sordo como de tormenta, que se acercaba más y más.

El holocausto

Como una tormenta avanzaba la máquina ciclónica, arrasando el interior mismo de la segura cueva. Huyendo hacia el fondo, el perseguido se agarraba temblando de tenues hilos, enroscado sobre sí mismo como un caracol. De momento, una cuchilla gigantesca, como colmillo de tiburón, le arrancó un brazo, una pierna, le trituró la soñadora cabeza como una frágil nuez. Y fue sacado de la segura cueva en pedazos sangrantes.

De su cuerpo en formación solamente quedaban grandes coágulos de sangre. Y sus pequeñas manos, que fracasaron en asir la vida, se abrían como flores rotas. Sus pies diminutos que ya no caminarían por la verde grama, colgaban desflecados de un enorme algodón.

Lo que más dolió a su espíritu azul que ascendía como un hilo de humo de su cadáver deshecho, no era sólo el haber perdido su oportunidad sola y única. Lo que más le dolió fue la sonrisa satisfecha del médico cuando su madre le pagó.

Esto no es ciencia ficción

No estoy dramatizando, ni buscando nuevas estrategias para luchar contra el aborto. Pero como abogada y como mujer, siempre tuve compasión del perseguido, del abusado y del abandonado. Las mujeres "pro choice" que gritan su derecho a escoger la muerte de sus propios hijos, hablan de "sus derechos sobre sus vientres".

Parecen ignorar que ese vientre es como una cueva oscura que tiene un huésped. Una vida que no es su vida. Otro ser que no es su ser. Y ellas no tienen derecho a matarlo. Cuando una mujer lo hace, no es una mujer "liberada" que decidió. Es una mujer "esclava" de la irresponsabilidad, que eligió matar antes que enfrentar su responsabilidad.

Eso mismo hace el asaltante que mata a la víctima para que no delate. ¿Que usted es dueña de su vientre? De su vientre sí, pero de lo que contiene su vientre gestante ¡NO!

¿Sabe el feto lo que le ocurre? began4sm.jpg - 65.8 K

Una persona existe y es consciente de lo que le pasa poco tiempo después de su concepción. Esto lo han demostrado millares de experimentos de hipnosis regresiva, durante las últimos treinta años. Tan pronto el hipnotista sugiere: "usted está en el vientre materno", el sujeto adopta la posición fetal. Y datos sobre la salud de la madre, las incidencias del parto y el tormento de pasar la cabeza por el canal de nacimiento, pueden llevar a un sujeto hipnotizado a dar gritos de angustia. Estas sesiones se han hecho bajo estrecha vigilancia científica. La psicóloga de New Jersey, la doctora Helen Wembach, realizó 110,000 sesiones en 10 años.

Los indicios de una conciencia despierta a través del período fetal muestran que un feto es algo más que un "huevo" o "un conjunto de células.Es un organismo tan vivo que en él se pueden hacer operaciones para corregir algún defecto.

Pero de que un feto es una persona, una conciencia viva, lo dicen todas las religiones, siglos antes de que el hombre empezara a creer solamente en la ciencia materialista. Y ahora también lo afirma la ciencia. Un feto es : una persona.

Nota: La Dra. Acosta de Villalta , abogada y periodista , reside en Miami, Florida, U.S.A. Este artículo fue publicado en ¡Escoge la Vida!, Boletín No.26, marzo-abril, 1990.



El tema del aborto

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