La responsabilidad política del cristiano con respecto al aborto
Por Adolfo Castañeda



Tenemos una responsabilidad política

Muchos cristianos piensan que el cristianismo no tiene nada que ver con la política, puesto que según ellos "la política es sucia" o dicen que el mensaje de Cristo es sobre un Reino "que no es de este mundo".

Sin embargo, la Iglesia por mandato de Cristo mismo nos enseña que tenemos una responsabilidad política, porque la política por definición se refiere al orden correcto de la sociedad para el bien común. La frase "la política es sucia" se refiere más a los políticos que son sucios (y no todos lo son ni tienen que serlo).

Es más, el mensaje de Cristo, aunque es esencialmente religioso, es un mensaje dirigido al ser humano en su totalidad, pues es a él a quien Cristo vino a salvar. Cristo vino a salvar a todos los hombres y a todo el hombre. Por lo tanto, el mensaje de Cristo tiene implicaciones para todos los aspectos de la vida humana: el personal, el social, el económico, el político, etc. (cf. Evangelii Nuntiandi, 29 y 31; Populorum Progressio 14). Además, como enseña el Vaticano II, aunque la misión que Cristo le confió a su Iglesia no es de orden político, económico o social, sino de orden religioso, de este orden religioso brotan luces y energías capaces de contribuir a la consolidación de la sociedad humana.

El Concilio Vaticano exhorta a todos los cristianos, como ciudadanos de la ciudad temporal y de la eterna, a llevar a cabo sus labores temporales de manera fiel y siempre guiados por el espíritu evangélico. Los cristianos que ofrecen como excusa el hecho de que como no tenemos una ciudad permanente aquí y que por lo tanto sólo debemos mirar hacia la vida futura, creen que pueden abandonar sus labores temporales, sin darse cuenta de que la propia fe es la motivación que les obliga a llevarlas a cabo perfectamente, de acuerdo con la vocación personal que Dios ha dado a cada uno.

Es perfectamente conforme con la naturaleza humana que se constituyan estructuras político-jurídicas que ofrezcan a todos los ciudadanos, sin discriminación alguna y con perfección creciente, posibilidades efectivas de tomar parte libre y activamente en la fijación de los fundamentos jurídicos de la comunidad política, en el gobierno, en la determinación de los campos de acción y de los límites de las diferentes instituciones y en la elección de los gobernantes. Recordemos, por tanto, que todos los ciudadanos tienen el derecho y al mismo tiempo el deber de votar con libertad para promover el bien común. La Iglesia alaba y estima la labor de quienes, al servicio del hombre, se consagran al bien del público y aceptan las cargas de este oficio (Gaudium et spes, 42b, 43a, 45a, 75).

Por lo tanto, el bien común requiere, entre otras cosas, que los derechos humanos y los principios morales sean respetados, y entre estos derechos y principios está el derecho a la vida. Sin el respeto a estos derechos y principios la sociedad se convertirá en un caos y se destruirá a sí misma.

La importancia del voto a favor del derecho a la vida en las elecciones

La Iglesia enseña que el derecho a la vida es el primero y más fundamental de los derechos. "El primer derecho de un ser humano es su vida. Una persona tiene otros bienes y algunos de ellos son preciosos; pero el derecho a la vida es fundamental, la condición previa a todos los demás bienes. Por lo tanto, debe ser protegido más que ningún otro" (Declaración sobre el aborto procurado, 11).

Los obispos de EE.UU.. enseñan que el aborto es un problema prioritario de justicia. Esto se debe a que:

Este último punto nos lleva a darnos cuenta de que el aborto no es un asunto aislado. No es solamente un asunto terrible en sí mismo, sino que además tiene graves consecuencias morales, sociales y económicas. En efecto, el aborto no sólo destruye vidas humanas, sino que también causa graves daños emocionales y físicos a la mujer que aborta, daña la unidad del matrimonio, facilita la infidelidad y la promiscuidad, destruye a las familias y por lo tanto crea problemas sociales que a su vez causan problemas económicos. Pero el peor de todos estos problemas es la pérdida de la conciencia de que Dios es el autor y único dueño de la vida.

Por lo tanto, aunque ciertamente el aborto no es el único problema, es, sin embargo, el más importante y, por lo tanto, un católico no puede en conciencia votar por un candidato que sea proaborto. La Declaración de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe sobre el aborto procurado, en el número 22, nos enseña que "debe quedar muy claro que un cristiano nunca puede aceptar una ley inmoral; tal como lo es el caso de la ley que permite en principio la legalidad del aborto. Un cristiano ni siquiera puede participar en una campaña de opinión pública a favor de tal ley, ni darle su voto ni colaborar en su aplicación".

Un cierto número de obispos en EE.UU. se han pronunciado explícitamente en oposición a la práctica de algunos católicos de votar a favor de candidatos proabortistas en las elecciones, he aquí algunas de sus declaraciones:

"Antes de escoger por cuál candidato político votaremos, necesitamos reflexionar sobre todos los asuntos que están en juego, y conocer la diferencia entre ellos. El juicio moral claro nos dice que no debemos apoyar a aquellos que trabajan por el bien de la sociedad pero rehusan apoyar el derecho a la vida del niño por nacer. El sentido del equilibrio nos impide apoyar candidatos que pasen por alto ese derecho básico a la vida, y aún así piden nuestro voto basándose en otras cosas buenas que prometen. En el mundo real, raramente encontraremos un candidato con quien estemos completamente satisfechos. Algunos equivocadamente aseguran que estamos tomando una postura y emitiendo un juicio basados en un solo asunto. Lo que verdaderamente decimos es que no es moral aceptar un mal serio para obtener bienes menores" (Mons. Thomas J. Welsh, Obispo de Allentown, Pennsylvania).

"La vida es un regalo de Dios, es sagrada para Dios, no le podemos dar menos valor. El derecho a la vida es la base de todas las luchas; sin el derecho a la vida no hay ningún otro derecho" (Mons. Michael J. Dudick, Obispo de la Iglesia Católica Bizantina de la Diócesis de Passaic, New Jersey).

"El aborto es el principal problema ético de nuestros tiempos. La solución de muchos otros problemas relacionados con la vida humana se basarán en este asunto. El oponerse personalmente al aborto y rehusar expresar esta convicción públicamente constituye una contradicción de ética y moral indigna de aquellos que se llaman a sí mismos católicos o cristianos" (Mons. Paul Dudley, Obispo de Sioux Falls, South Dakota).

"Puede estar seguro de mi posición: No daré mi apoyo, ni mi palabra, ni mi acción a favor de ningún político que apoye el derecho al aborto o que se esconda 'tras el derecho a decidir'. Yo categóricamente rechazo la excusa 'me opongo personalmente, pero en un sociedad pluralista tengo que respetar los derechos de los que no están de acuerdo conmigo'. Es esencial que cada uno de nosotros tome en serio al movimiento pro vida" (Cardenal John J. O'Connor, Arzobispo de Nueva York).

En conclusión, tenemos en serio el deber de conocer la posición de los candidatos (y no solamente de su partido) y de votar según los valores del Evangelio, que en este caso son los de la vida, la familia y la justicia.

FUENTE: El autor es Coordinador Auxiliar para Latinoamérica de Vida Humana Internacional.



El tema del aborto

Menú